martes, 26 de enero de 2010

Tarde de domingo


Tarde de Domingo

Hay en el sentir profundo del hombre un especie de cofre emocional de originarias sensaciones, capaz de contener durante una vida entera multitud de ellas de manera que con una especie de porosidad aflorar hasta la consciencia llegado un momento, es entonces cuando uno se sorprende repentino de lo que vive con una cierta especial intensidad, con una mezcla de entre nostalgia y novedad. Es una sensación agradable cuando lo es el recuerdo de la misma; parece colocarse en el vivir, y por lo tanto sentir, en una posición de privilegio por conocido. Tal vez sean estrategias de memoria inconsciente que resuelven situaciones de interacción con el mundo, con agrado. Hoy, en el que todo se nos resulta desvelado de su misterio anterior, más primitivo, descubierto, tal vez han venido a llamarse Endorfinas, dicen que provoca la incentivación de sensaciones de placer, de alegría, de bienestar.
Vale, bien, el caso es que salíamos de casa, dirección a algún lado, era domingo, domingo por la tarde y la tarde del domingo tiene algo especial cuando se pisa la calle, el exterior y se sienten las sensaciones que se perciben con vida propia especial; su sonido es distinto al de cualquier otro día de la semana; se respira otro aire, otro ambiente; la gente camina de otra manera, no ves prisa, ves calma, paseo, el ocio lo permite, la ocupación preocupada y grave de la cotidiana lucha ha quedado relegada, dejada de lado, mañana tendremos tiempo de sobra y con todo ello la maldad perversa que produce la jungla. Es entonces cuando uno ya se conoce y gustoso decide gozar de un momento de bienestar y empieza a vivir todos los domingos de su vida, algo así como condensado en un momento, fugaz, efímero, agradable. Pasan por la mente un rayo de luz de músicas y visiones, gentes y lugares, emociones intuidas, tan rápido que es imposible quedarse con algo, pero todo queda, convertido por electrolisis mágica recuperado de nuestra memoria profunda, en un instante sublime.

Rafa Rice desde Radio Lucientos

2 comentarios:

juan dijo...

Domingo de sensaciones encontradas
Domingo de sensaciones arrebatadas
Domingo de sensaciones perdidas
Domingo de sensaciones festivas
Domingo de sensaciones pasivas
¡Domingo! Que feo nombre y que feo día
Domingos infinitos es lo que necesito
Para que tu nombre tan feo tenga sentido

No se a que viene esto que acaba de inspirarme tu comentario??
Pero lo bueno de llamarse “Domingo” es que al final te resulte bonito

Mascherato viola dijo...

Ya puestos.
Cuando no hay placer en las cosas, no se está viviendo.