Lo que está claro es una cosa.
Pensemos en todos aquellos que se lo están montando “dabuti” disfrutan o gozan de su montaje a tutiplén, pueden, o no, haber invertido parte o gran parte de su esfuerzo en conseguirlo, se han enfrentado con sistemas, han desafiado a gentes o estatus para colocarse en esas posiciones de logro personal, ventajoso o beneficiado.
¿Qué de quién hablo? De todos y de nadie, de aquellos que se dopan, de los que invierten en bolsa y en la banca, de los que plantan la sombrilla y la toalla en la playa, del sindicalista vendido, del político vendido, de los que circulan con las luces largas de frente al otro…, el espectro es grandioso. Siendo claro, de quienes sin importarle nadie más que ellos o sus ventajas, creen, porque así lo establecen ellos mismos, estar por encima de los demás.
Pero el choque viene cuando “los demás” reivindican su parte, a si mismos igualmente, y esto sin necesidad de subirse a la chepa de nadie, tan solo, reclamando justicia homogénea. Es entonces, cuando los ventajistas llaman a los otros “tocapelotas” simplemente por creerse que pueden perder parte de su privilegio.
Esto es así pues, siempre ha habido “aprovechaos”, de la indolencia, del pasotismo, de los que huyen del conflicto, de la pereza, de la desgana, “aprovechaos” que superan o quedan por encima de los otros que de inocente manera se dejan casi manejar y cuando la cosa toma visos de ofensa evidente, parece ser ya tarde, dado que aquellos no están dispuestos a perder posiciones, a renunciar de su provecho, por mucho que hayan sido unos abusicas y lo sepan, entonces aparece la pelea al pretender defender su indefendible postura.
Se puede tener morro, eso es, el Jeta, el Caradura, el Fresco, el Sinvergüenza, el que merece nuestra reprobación, porque esta gente debe de saber que la cosa no quedará así por mucho que ellos lo quieran seguir manteniéndolo, el mundo es de todos y todos somos merecedores de igualdad en el reparto de posibilidades sin que nadie se adueñe de ellas. Esta reclamación no es para ellos, que sería hacerlos un elogio al tomarlos tanto en cuenta, sino para aquellos afectados por su práctica abusiva. ¡Quejémonos! ¡Denunciémoslos! ¡Incomodémoslos! ¡Reclamemos nuestro derecho! ¡No se lo permitamos! ¡Es nuestro derecho! ¡Es nuestro deber!
He dicho.
Rafa, uno de los dos.