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viernes, 27 de abril de 2012

Un libro, para el puente


Mi pasado pueblerino me dejo una huella que hoy con el  internete, es menos imborrable…

Y como no quiero que la huella se pierda (gracias a Internet, si quieres, es posible)
Buscando que se cuece en el ámbito donde se desarrollo mi infancia hasta la adolescencia. Me encuentro que el hijo de unos seres entrañables de mi, entrañable pueblo, ha publicado un libro.
Por lo que la curiosidad, me llevo a la biblioteca del barrio, con cierto escepticismo de poder encontrarlo.
Y hubo suerte, lo encontré, el libro de Agustín Lozano De la Cruz, pues así se llama el susodicho vástago de estos mis paisanos. “Guerra ha de haber” nos cuenta la historia de una vida comprometida con los acontecer de estos, nuestros día.

 …La narración transcurre por el Madrid contra  la guerra de Irak, con sus manifestaciones y sus represiones por parte de las fuerzas de orden publico, una joven comprometida políticamente se acerca al movimiento okupa londinense, donde por una serie de circunstancia pasa a un segundo plano. Universitaria, con los problemas que todos intuimos…comparte piso y trabajos mal pagados para salir adelante, pero con una inquietud, conocer el pasado republicano, llegando hasta  un exiliado, donde en una entrañable entrevista, le cuenta una versión de los hechos, estremecedora.


Guerra ha de haber, me dejo un regusto inquietante,  si perdemos la memoria “histórica”  perdemos el horizonte. 

lunes, 30 de enero de 2012

Pepita Jiménez

Pocas veces tiene uno la sensación de haber visto tan de cerca el amor, de sentir su aliento, de entenderlo, de recordarlo, de revivirlo, de saber como es.
De cómo se ha ido conformando, acrecentando, creciendo; de cuales han sido sus tretas, sus vericuetos, sus rendijas.
Con qué maestra sutileza nos lo han contado, con que contención hermosa se ha ido mostrando.
El gran conocimiento del sentir traído a la palabra expresada con brillantez, con hondura, con genialidad.
De que graciosa y sencilla manera se compone el relato para crear el ambiente que nos conduce al entendimiento de los hechos para hacerlos nuestros, creíbles.
Llegando a un delicioso final que nos sorprende, al estar hartos de otros muchos, repetidos hasta saciarnos, al encontrarnos con este al que nos lleva dirigidos a una resolución fluida y amena, de ingenioso transcurrir.
Juan Valera entendía a la novela como un arte al que hay que idealizar y embellecer en el que se refleja la vida; busca el realismo porque huye de la fantasía y del sentimentalismo excesivo, también elimina los aspectos más penosos y crudos de la realidad y esto, sinceramente, hay veces que se agradece, no todo tienen que ser penurias. Pepita Jiménez es una delicia.
Rafael Cuevas.

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