martes, 25 de febrero de 2014
Un libro
sábado, 28 de septiembre de 2013
Un libro
martes, 23 de abril de 2013
Un libro
jueves, 22 de noviembre de 2012
Un libro
viernes, 15 de junio de 2012
Un libro, sobre el pasado que llega
domingo, 8 de enero de 2012
Un libro, para el optimismo
miércoles, 9 de marzo de 2011
El Juego del Hombre Invisible
Una especie de Meryl Streep contándonos la heroicidad cotidiana de mujer, esposa, madre, trabajadora, la pasión, la resignación...Historias cotidianas, lugares comunes, el trato con una adolescente, un desayuno cualquiera, una receta, un bar en Sanlúcar que le dan a uno ganas de presentarte allí a comer unas “papas aliñás”
Una frase cualquiera extraida del libro:
"...mi hija tiene la capacidad única de rentabilizar nuestras discusiones..."
Otra:
"Sostiene la teoría de que en nuestra casa todo está lleno de cosas mías (...), si le gustase lo que a mi, tendría los mismos libros, si le gustase la fotografía, tendría la pared del pasillo llena de distintos momentos de nuestras vidas o si le gustase el reciclaje de muebles, tendría lo que yo no puedo tener (...)"
Un enlace: http://damadesevillanonombre.blogspot.com/
El del libro: http://www.lamaquinachina.com/libros/?librosId=55e9b3f8ae6965f89922388a639deed9
jueves, 3 de marzo de 2011
Conexión Vasca

¡Oye tú! Hoy voy de vasco.
Hace ya bastante tiempo que Bernardo saco este fantástico libro, que relata la vida de un acordeonista, y sus vivencias en los EE.UU. Hijo de otro acordeonista, que emigro y que le cuenta sus vivencias y recuerdos, (al narrador), en el país vasco… una historia, en sus días finales de la vida…que muy bien puede ser ficción o ¿no?
Uno de esos libros que cuando lo acabas de leer, te invita a regalarlo.
Y como este comentario merece un documento sonoro….pues subo un video de un acordeonista de “verdad” también vasco ¡ostia! Un genio del instrumento “fuelle”…Kepa Junkera
Juan Antonio
domingo, 30 de enero de 2011
La cita

“Jamás seamos gente de séquito, cantores encomiásticos,
panegiristas de corte, rapsodas áulicos, pregoneros de famas,
bardos decorativos, ni alegraremos con nuestros cantos las
mesas de nuestros amos. Despreciemos el proscenio, el podio,
el pulpito y la peana. Solo aspiramos a ser aplicados alumnos del pupitre.
Sabemos que el mando pervierte y que la obediencia humilla. No queremos
obedecer. No queremos ser fogonazos de tormenta, porque el relámpago
deslumbra pero no alumbra. Lo nuestro es vocación humilde de candil de Diógenes.
Odiamos los tufos entreverados. Queremos oler a azufre o a incienso. Odiamos
A los camaleones y a las veletas. Y si nos llaman perros, como perro se llama a los cínicos, morderemos. Repudiamos ser gatos salvajes de salón con las uñas forradas.
Tigres. Despreciamos ser poetas de naturaleza porcina que hozan las moqueras cortesanas. Jabalíes. Buscamos nuestro público lejos de las academias, por las
esquinas, en los mercados, en los cantones, en las plazas, en los talleres, en las
tabernas y en las posadas.
¡Abajo la pereza mental que nutre de dogmas y de miedos”!
Párrafo sacado del libro de, Víctor Chamorro “reunión patriótica”
Ahora que todo es tan lineal, tan “subrealista”, tan conformista, tan políticamente correcto. Jamás seamos como la piara, o el rebaño.
Juan Antonio
El hambre de Miguel Hernandez (Serrat)
sábado, 16 de octubre de 2010
Un paseo por la cuesta de Moyano

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Los pequeños tesoros.
Por motivos de trabajo, la cuesta de Moyano es parte de mi recorrido hasta llegar al curro, la emblemática cuesta esta llena de quioscos de libros antiguos y de segunda mano, una delicia para el paseante que sea aficionado a la lectura.
De vez en cuando si voy con tiempo me entretengo a mirar el mercado y aunque me sobra tiempo, siempre llego tarde, (un día de estos me echan la bronca por culpa de la maldita cuesta)
Ya son varios los libros adquiridos que por el módico precio de 1 euro, me han llevado de viaje por Latinoamérica, USA , Inglaterra, España, Japón etc.etc.
El ultimo tesoro; se llama “Mientras la ciudad duerme” un viaje hacia la guerra de secesión y la esclavitud en Nueva Orleáns, escrito por el mulato Frank Yerby , esta su primera novela fue un bets seller 1946, siendo el primer negro en entrar en el club de los mas vendedores,.
Mientras la ciudad duerme…..es de estas novelas que la pillas en la primera pag. y no te deja que la sueltes, te conduce a la Nueva Orleáns llena de miserias e inmigración donde triunfa el espabilado y buscavidas (que por otro lado son los blancos) llegados desde Francia e Irlanda. Y aunque la trama seguro que ya te dice algo de por donde van los tiros…..si cae en tus manos no la deseche pues la narración es rápida y viva.
Juan A. GH
domingo, 10 de octubre de 2010
¿Porque si? ¿porque no?

La contradicción hecha realidad. En esta breve frase se podría definir mi opinión sobre el nuevo premio Nóbel de literatura, D. Mario V. Llosa.
Ahora todo el mundo esta en una especie de esquizofrenia con el premiado, leyendo los foros, casi por unanimidad la gente le pone a parir por sus ideas políticas, neo-liberales, pero reconocen su obra literaria como merecedora de dicho galardón.
Y la verdad es que yo también he caído en la trampa, ¿si por el ideario político se tiene que juzgar?, (yo no le hubiera otorgado el premio), pero su obra literaria esta ahí y pocas gente que le hayan leído podrá decir de él que no se merece un premio tan importante, y como el premio es de literatura despejo mi escepticismo y reconozco que esta bien otorgado por la academia sueca.
Otra cosa bien distinta seria premiarlo por su vida personal y política donde lo que se merecería es un anti-Nóbel…conclusión ¿que es lo que han pensado los académicos suecos?, ¿que es lo que han valorado los académicos suecos?, pues eso….que el premio es justo…no se si tú opinas lo mismo, de cualquier manera es bienvenida…..joder sigo con mi esquizofrenia..
Juan A. GH
sábado, 4 de septiembre de 2010
Alturas imposibles.

Veo un blog, me encanta, (literal), ¡si, me encanta! O acaso el momento viene al pelo, veo y leo cosas muy interesantes, sus opiniones, sus expresiones, aprendo, visiono entiendo, razono, quisiera seguirlo, tenerlo presente, compartirlo. De ese blog que yo descubro, alguien igualmente lo sabe, pretende mostrarlo, darlo a conocer, tal vez en su pequeño-gran círculo, lo incluye en el suyo como alguno de los que sigue, que no solo es ese, sigue además de ese, quince o treinta, o cincuenta más, además del suyo que pudiera ser increíble igualmente, gente con chispa, con capacidad de expresión, de opinión que sorprende, que enseña… me pierdo. No alcanzo, no puedo, me viene grande. Elijo, separo, cribo, distribuyo en el tiempo en el espacio disponible. Aún así, me sobrepasa, la bola, la rueda me aplasta. Qué pensará ese, o aquel.
Intuyo que esto sólo puede venir de alguien cercano o próximo, que se conoce, algún desconocido y poco más, lo demás es pretenciosamente imposible ¡sí, imposible! como bien decía mi profesora de pintura, ¡hay que leer! Pero para leer hay que tener tiempo, además de disposición; también añadiría: ¡hay que vivir! Pero para vivir hay que tener tiempo. ¿Cómo gestionar el tiempo del que dispones? Imposible en el tumulto atropellado de actividades, imposible en la vorágine precipitada.
Es triste, pero la vida nos lleva en el caudal de infinitas cercanas micro ramificaciones de conexiones con el mundo que ya nos viene grande de por sí. Lo otro es demasiado enorme y que nos urge descartar, casi eliminar de nuestro conocimiento. La capacidad de asimilación tiene un límite, o está limitada. Quisiéramos, pero… no puede ser. Todo quedará en la pretensión, en el intento, en la ficción.
Rf Rc
jueves, 19 de noviembre de 2009
No se lo digas a nadie


Hoy os quiero recomendar una novela de Jaime Bayly periodista y escritor peruano, no creo que la encontréis en librería pues esta descatalogada esta ficción se escribió en el 1994 llegando a salir como diez ediciones y mas tarde fue llevada al cine.
Es un relato sobre la homosexualidad en Perú.
De una familia bien acomodada y un hijo gay, de como una sociedad puritana y subdesarrollada trata a las personas, entre comillas diferentes, la novela no tiene desperdicios desde la primera pagina te engancha de tal manera que no la puedes soltar, es un relato que sin ser sesudo es bastante descriptivo con los homosexuales y una sociedad estricta, aunque esta ambientada en Perú es extrapolable a cualquier país.
Un hijo atrapado por el catolicismo de su madre admiradora de la obra del Opus, y un padre machista y en medio la “anormalidad” de su hijo según los padres
Pero el hijo se marcha de casa y en su devenir por la vida empieza a conocer a homosexuales de alto statu, que están en sus armarios por culpa de un mundo conservador. En resumen una novela que se mueve entre la homosexualidad y las drogas…No apta para gente intolerante
….”No se lo digas a nadie”
Gazpacho. Uno de los dos
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Lisbeth Salander es mi heroína

TRIBUNA: POR MARIO VARGAS LLOSA
Lisbeth Salander debe vivir
He leído 'Millennium' con la felicidad y excitación febril con que de niño leía a Dumas o Dickens. Fantástica. Esta trilogía nos conforta secretamente. Tal vez todo no esté perdido en este mundo imperfecto
POR MARIO VARGAS LLOSA 06/09/2009
Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.
Es posible que una novela sea formalmente imperfecta y, al mismo tiempo, excepcional
La novedad es haber invertido los términos y hacer del personaje femenino el ser más activo
¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.
Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.
La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados. Eso son, exactamente, los dos héroes protagonistas, Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist: dos justicieros. La novedad, y el gran éxito de Stieg Larsson, es haber invertido los términos acostumbrados y haber hecho del personaje femenino el ser más activo, valeroso, audaz e inteligente de la historia y de Mikael, el periodista fornicario, un magnífico segundón, algo pasivo pero simpático, de buena entraña y un sentido de la decencia infalible y poco menos que biológico.
¡Qué sería de la pobre Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida y entrañable! El país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades, aparece en Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas. Menos mal que está allí esa muchacha pequeñita y esquelética, horadada de colguijos, tatuada con dragones, de pelos puercoespín, cuya arma letal no es una espada ni un revólver sino un ordenador con el que puede convertirse en Dios -bueno, en Diosa-, ser omnisciente, ubicua, violentar todas las intimidades para llegar a la verdad, y enfrentarse, con esa desdeñosa indiferencia de su carita indócil con la que oculta al mundo la infinita ternura, limpieza moral y voluntad justiciera que la habita, a los asesinos, pervertidos, traficantes y canallas que pululan a su alrededor.
La novela abunda en personajes femeninos notables, porque en este mundo, en el que todavía se cometen tantos abusos contra la mujer, hay ya muchas hembras que, como Lisbeth, han conquistado la igualdad y aun la superioridad, invirtiendo en ello un coraje desmedido y un instinto reformador que no suele ser tan extendido entre los machos, más bien propensos a la complacencia y el delito. Entre ellas, es difícil no tener sueños eróticos con Monica Figuerola, la policía atleta y giganta para la que hacer el amor es también un deporte, tal vez más divertido que los aerobics pero no tanto como el jogging. Y qué decir de la directora de la revista Millennium, Erika Berger, siempre elegante, diestra, justa y sensata en todo lo que hace, los reportajes que encarga, los periodistas que promueve, los poderosos a los que se enfrenta, y los polvos que se empuja con su esposo y su amante, equitativamente. O de Susanne Linder, policía y pugilista, que dejó la profesión para combatir el crimen de manera más contundente y heterodoxa desde una empresa privada, la que dirige otro de los memorables actores de la historia, Dragan Armanskij, el dueño de Milton Security.
La novela se mueve por muy distintos ambientes, millonarios, rufianes, jueces, policías, industriales, banqueros, abogados, pero el que está retratado mejor y, sin duda, con conocimiento más directo por el propio autor -que fue reportero profesional- es el del periodismo. La revista Millennium es mensual y de tiraje limitado. Su redacción, estrecha y para el número de personas que trabajan en ella sobran los dedos de una mano. Pero al lector le hace bien, le levanta el ánimo entrar a ese espacio cálido y limpio, de gentes que escriben por convicción y por principio, que no temen enfrentar enemigos poderosísimos y jugarse la vida si es preciso, que preparan cada número con talento y con amor y el sentimiento de estar suministrando a sus lectores no sólo una información fidedigna, también y sobre todo la esperanza de que, por más que muchas cosas anden mal, hay alguna que anda bien, pues existe un órgano de expresión que no se deja comprar ni intimidar, y trata, en todo lo que publica e investiga, de deslindar la verdad entre las sombras y veladuras que la ocultan.
Si uno toma distancia de la historia que cuentan estas tres novelas y la examina fríamente, se pregunta: ¿cómo he podido creer de manera tan sumisa y beata en tantos hechos inverosímiles, esas coincidencias cinematográficas, esas proezas físicas tan improbables? La verosimilitud está lograda porque el instinto de Stieg Larsson resultaba infalible en adobar cada episodio de detalles realistas, direcciones, lugares, paisajes, que domicilian al lector en una realidad perfectamente reconocible y cotidiana, de manera que toda esa escenografía lastrara de realidad y de verismo el suceso notable, la hazaña prodigiosa. Y porque, desde el comienzo de la novela, hay unas reglas de juego en lo que concierne a la acción que siempre se respetan: en el mundo de Millennium lo extraordinario es lo ordinario, lo inusual lo usual y lo imposible lo posible.
Como todas las grandes historias de justicieros que pueblan la literatura, esta trilogía nos conforta secretamente haciéndonos pensar que tal vez no todo esté perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, allá, entre la "muchedumbre municipal y espesa", haya todavía algunos quijotes modernos, que, inconspicuos o disfrazados de fantoches, otean su entorno con ojos inquisitivos y el alma en un puño, en pos de víctimas a las que vengar, daños que reparar y malvados que castigar. ¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!





