lunes, 22 de marzo de 2010
Queremos Paz
se repite, pocas veces, pero perdura en el ritmo, en la cadencia, nos envuelve, nos persigue. Queremos paz.
La canción de Rafa Rice
martes, 16 de febrero de 2010
Celda 211, y II

Celda 211, celda 211, todo el mundo con la celda 211, tanto Goya, tanto Goya...
Vamos a ver...
Realmente cuando se planea ver una película, excepto cinéfilos o snob, con lo poco o mucho que se conoce de algunas, se suele uno decidir por géneros que resulten afines a nuestra sensibilidad o estados de ánimo. Luego así, de entrada, a pesar de su boato publicitario que incluye el boca a boca, no es que fuera una de especial agrado, pues, entre lo conocido se vislumbraba una notable violencia, y he de reconocer que no me suele apetecer. Además, el tan cacareado cine español, siendo personalmente el que más me apetece, disfruto, es más, necesito de él, había perdido crédito, por resultar poco creíble. Que cualquiera se invente cualquier historia, esté interpretado, producido, dirigido, etc, por los mismos clanes de siempre, y que tengamos que tragárnoslo como “cine español” por que es nuestro, cercano, patrio, y eso, aún sin calidad, o un tanto limitadito, uno no estaba dispuesto a no poner reticencias por su parte, dejándose convencer fácilmente.
Pero esta es una película que calla bocas (al menos la mía), en todos los sentidos, no admite peros, o más bien livianos, porque convence, sorprende, entretiene, ilustra, cuestiona, emociona…
¡Y cómo convence! completando un metraje de escenas corales, de acción, vestuarios etc, con un tratamiento de voz, sonido e imagen que arrastran al espectador meterse y comprender la trama de una manera fluida, así, como de golpe, ¡sorprendiendo! Con giros inesperados de guión que alertan al público y le invitan a establecer esa relación de las grandes obras con sus admiradores, la que hace sentir al espectador inteligente, en retórica esto se llama, “elocutio” (La elocutio o lexis adorna el lenguaje para seducir al auditorio y busca ejemplos que puedan deslizar su opinión a nuestra conveniencia mediante el placer que produce la forma sensible y elegante ) y esto es algo muy ¡entretenido! Pues, el marcar los tiempos en esos juegos filme-público, y conseguir ese trato de complicidad entre ambos, es gustosamente ameno. Por otro lado, si se consigue mostrar una serie de actitudes desaprensivas en esos estilos de vida carcelarios, comportamientos excesivos de sus vigilantes y demás, es algo que nos ilustra para buscar el fondo de un problema que si bien no justifica los hechos, si los ubica en una circunstancia que los condiciona, empezando por la primera imagen que tendrá un gran valor simbólico como consecuencia de las condiciones de vida.
Allí donde surge el miedo, el horror, la desconfianza, la traición…, también aflora, la valentía, el honor, el heroísmo, el compromiso…, aunque suela escasear la inteligencia, que se diluye en la orgía de rabia contagiosa. Es ahí, donde aparece el contrapunto que redondea la cinta, en un cierre perfecto de emotividades variadas.
Que no se nos olvide, hay gente mala, muy mala, ¡malamadre que los parió!
Rafa Rice desde Radio Lucientos.
