Se pudiera destacar el hecho de que cada uno, cada espectador, es el que debe de ubicar en su propia escala moral los actos de los protagonistas, aun a pesar de saber qué es lo que genera el mal en sí mismo, la droga y por lógica, quien la fábrica. Esto pudiera resultar obvio, pero es evidente que cuando uno se introduce en la contemplación o lectura de cualquier obra artística los sucesos que pudieran padecer los protagonistas estarían marcados con una valoración moral, ésta, bien nos la pudiera definir el autor a través de su narrador omnisciente o no, en el caso de una obra literaria, o dejarla a la interpretación del lector o espectador, que sea él quien lo juzgue en función de su escala de valores. Digo esto porque bien es cierto que a lo que se dedican algunos personajes a lo largo de la serie es a “Hacerse Malos” (haciéndose malos), que es lo que significaría la locución “Breaking Bad” en determinados contextos, por lo tanto, el espectador debe de ir encajando, a la vez que sorprendido, la evolución de los personajes, su deriva. Una evolución ceñida en su justa medida a la lógica y consecuentes con sus propios sucesos y vivencias no está reñida con la constante aparición de sorpresas que te dejan perplejo y una vez más con la agradable sensación de disfrute por todo y por tanto.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Breaking Bad, ¡LA SERIE!
Se pudiera destacar el hecho de que cada uno, cada espectador, es el que debe de ubicar en su propia escala moral los actos de los protagonistas, aun a pesar de saber qué es lo que genera el mal en sí mismo, la droga y por lógica, quien la fábrica. Esto pudiera resultar obvio, pero es evidente que cuando uno se introduce en la contemplación o lectura de cualquier obra artística los sucesos que pudieran padecer los protagonistas estarían marcados con una valoración moral, ésta, bien nos la pudiera definir el autor a través de su narrador omnisciente o no, en el caso de una obra literaria, o dejarla a la interpretación del lector o espectador, que sea él quien lo juzgue en función de su escala de valores. Digo esto porque bien es cierto que a lo que se dedican algunos personajes a lo largo de la serie es a “Hacerse Malos” (haciéndose malos), que es lo que significaría la locución “Breaking Bad” en determinados contextos, por lo tanto, el espectador debe de ir encajando, a la vez que sorprendido, la evolución de los personajes, su deriva. Una evolución ceñida en su justa medida a la lógica y consecuentes con sus propios sucesos y vivencias no está reñida con la constante aparición de sorpresas que te dejan perplejo y una vez más con la agradable sensación de disfrute por todo y por tanto.
viernes, 1 de junio de 2012
El grano de Esperanza
miércoles, 29 de diciembre de 2010
viernes, 2 de abril de 2010
Te Doy Televisión

El apagón televisivo ya llego, uno que es previsor ya tenia el aparatito de marras para cuando llegara el esperado día.
Por lo que me pongo a sintonizar el aparato para seguir consumiendo droga televisiva, una vez programado todos los canales, me pongo a echar un vistazo y nada nuevo sobre el panorama televisivo, las cadenas de toda la vida con sucursales que solo ponen reposiciones de su cadena madre, y las nuevas son de corte neo fascistas, por lo que no me interesan sus ofertas programáticas, por lo tanto se han borrado de mi aparato reproductor. Este mismo día( el de la desconexión) resulta que ponen el partido del Barça-Arsenal, me pongo a mirar cadenas y la única donde lo televisaban era en nuestra “publica” Tele Madrid, habrá que hacer un esfuerzo ya que el partido lo merece, cuando llega mi sorpresa la cadena se ve perfectamente pero el sonido ni mijita no se oía nada y yo volviéndome loco tocando los botones de mi mando para conseguir que se oyera, cuando Cesar que estaba en casa me dice no te molestes que para lo que hay que oír de esta cadena es mejor dejarla como esta, y digo “coño” pues tiene razón mejor no tocarla, ¿Qué inteligente es mi aparato?...de TDT.
Juan Gazpacho.
martes, 22 de diciembre de 2009
Cuéntame, ¡la serie!

Pues si, me gusta Cuéntame, la serie. Esto tiene visos de ser una confesión, y lo es, ya que en este convulso mundo televisivo y sus espectadores en, el que más y el que menos, se afilia a una de los múltiples seriales o sagas, también lo confiesa, el hacerlo uno mismo, no es más que constatar o definir un gusto, y todo para que así, de entrada, quede claro.
Por otro lado, también he de decir que no me gusta la televisión, dicho en general, menos escasísimas, muy escasas cosas; algún programa, uno de cocina, una serie de animación, algo de deporte y poco más. Cuando digo que no me gusta en general, es que no me gusta, ¡no lo veo! Apenas dedico tiempo al pasivo visionado de cualquier programa. Eso si, excepto Cuéntame.
Pero, ¿por qué?, ¿Qué es lo que hace que esta serie sea capaz de engancharnos, como no lo hace ninguna otra?
Llegado el momento, próximo al día, a la hora programada, uno se acuerda, planifica los tiempos para poder sentarnos, todos los miembros de la familia alrededor de la televisión, (este es el único programa que lo consigue)
No son estos tiempos de experimentaciones, horas de violentas ficciones, antes bien, es el del entrañable momento familiar, que también existe, que sin ser moña, plantea conflictos, situaciones, asuntos todos más o menos cotidianos que de alguna manera nos vienen a resultar casi nuestros. Como el melodrama que nos afecta influyendo en las emociones, en esas escenas traídas con preciso buen hacer, en los que se coloca en boca del personaje el pensamiento del espectador, y encuentra complicidades entre nosotros con miradas, risas o algún comentario.
Pero además de todo eso, resulta sorprendente que se haya llegado al punto en el que sin ninguna presión a los más jóvenes les atraiga igualmente. Es como si buscaran o se les ofreciera a través de esta serie el recreo reflejado de sus propias vivencias familiares en una familia estable, donde se encontrarían a la abuela de España, la madre complaciente, cariñosa, comprensiva y atenta; el hermano a quien admirar, imitar o aconsejar; al padre, severo pero comprensivo, cabeza de familia y motor de las relaciones; al barrio, uno cualquiera, con su escuela, sus amistades, su parroquias y parroquianos, sus calles y sus cotidianidades. Todo esto, tal vez por aparentar afinidad, resulta atrayente, pero si además se acompaña adornado como un reflejo de una época pasada, con la estética y las relaciones adecuadas a su tiempo, es un conjunto que agranda el abanico de un posible público, el que añora y lo vivió, el que yendo con el devenir comparte la edad de los protagonistas, o el que lo mira sorprendido como esa época imposible y real, lejana y hoy traída para nuestro deleite.
No, no es historia, es ficción historiada que casi se amolda a unas situaciones, eso sí, con criterio, con rigor, y que nadie busque la crónica cronológica de nuestra historia reciente, para eso tiene otras vías, que por ahí lo explore. Aquí, en esta serie en la que la ubicación temporal tiene sus impulsos y su relativa importancia para la trama, estos conforman los personajes a un modo de pensar, comportarse, actuar de acuerdo al sentir y vivir de aquellos tiempos, con sus generaciones solapadas. Pero lo bueno, lo realmente bueno, es que todo esto se hace con acierto general, esto es, el espectador, se identifica, empatiza con los personajes. Evidentemente no se puede hacer una serie televisiva que guste a todos y más en estos tiempos de tal diversidad, por eso mismo el ser capaz de aunar gustos diversos, como lo hace esta, es de un merito apreciable.
El caso es que después de ver el último capítulo de la temporada el 17 de diciembre de 2009 y quedarse uno pasmado por el disfrute, tras ciento noventa capítulos, más o menos, y empezar a añorarlo, hay que rendirse a la evidencia, reconocer un triunfo y felicitarlo.
Lo que no sé es si llegados a este punto, en aras de una gloria perdurable, hacer como hizo, Conan Doyle con su Sherlock, Cervantes con su Quijote, o por resultar similar Antonio Mercero con Chanquete, ¡mitificarlos!
Sr. Rafa desde Radio Lucientos
Pd. Curiosamente hoy oyendo un pasaje de la historia de Conan Doyle, he sabido que éste mató a su personaje antes de su éxito, y que cuando se publicó el relato del suceso en muchas calles de Londres aparecieron crespones negros de luto en honor de Sherlock, él conmovido por tal muestra de pesar, lo resucitó para muchos cuentos posteriores, empezando por “El sabueso de Baskerville”, lo que le reportaría más fama y fortuna.

