lunes, 11 de enero de 2010

Nuestros pequeños Héroes 2


A falta de pan, bueno es el 2º de aficionados
Rayo Alua (Fuenlabrada) 3- Cenicientos F.C. 5
No es por comparar, que no quiero, aunque resulta inevitable dado que se trata de dos hechos similares, esto es, el fútbol. Alguien dijo en el campo, fútbol es fútbol, refiriéndose a una jugada ¿qué más da cuál fuera? Dado que el fútbol es así. Pasan cosas, jugadas, enfrentamientos, caídas, lesiones, remates, pérdidas de tiempo, saques de banda, goles y más goles, con sus penaltis, tarjetas, con sus polémicas, todo esto y mucho, muchísimo más, ocurre en los campos de fútbol, no importa cual, ¡en cualquiera!, en primera, en segunda, y… en aficionados.
Hacia frío mucho, mucho frío. Un bloque de hielo representaba cualquier gota de agua que pudiera estar depositada sobre el gélido suelo que se empeñaba en traspasar nuestro calzado y contagiarnos de su glacial temperatura, y lo conseguía, vaya si lo conseguía, aún a pesar de acudir con botas de nieve. Uno todavía podía corretear de un lado a otro, golpear con la puntera de los pies sobre el suelo queriendo despertar a los dedillos dormidos, todo en un afán de ir capeando el temporal como buenamente se pueda, es lo que tiene la quietud de contemplar un partido. Pero había algo que nos llamaba la atención, que hacía evadirnos de nuestros pesares frioleros y era el desarrollo del encuentro.
Este partido era importante, se jugaba por lo alto de la tabla, lo que haría oscilar, subir o bajar uno u otro, incluso quedar en lo más alto. Se presentaba como difícil, la lucha sería intensa y complicada, bueno como todos, no hay enfrentamiento fácil, eso mismo se dijo por allí, añadiendo, “ bueno depende luego como se desarrolle, si se acierta, si se coge el ritmo, la confianza, hay que ir jugándolo e ir viendo…” Eso es, jugar y ver.
La afición no defraudó; los unos por padres o hermanos, los otros por novias o amigas, y otros más, por amigos, familiares, paisanos, cuerpo técnico, qué se yo. El caso es que nos juntamos unos cuantos para arroparlos en su enfrentamiento, que es el de ellos y es el nuestro.
Lo que vino después forma parte de lo viene a llamarse un partidazo digno de figurar en las crónicas de la historia del club. A poco que uno repare en las fotos históricas del equipo de Cenicientos que se exponen en el bar “el Guijo” desde aquellos tiempos en que se jugaba con una especie de pañuelo picudo en la cabeza, aflora a la imaginación sus, igualmente épicos, partidos por todos estos campos de dios. Los que tuvieron que jugar, sufrir o pelear. Una grandísima lista de jugadores, cien y cientos de ellos que a su manera vinieron a aportar su entrega, disposición, ánimo, y bien hacer. Muchos, hoy desaparecidos y olvidados, otros vivitos y recordando sus tiempos de entrega, todos se pueden equiparar a los que forman parte de la plantilla actual. Estos que engrandecen, tal vez sin saberlo, el fútbol, recordando aquello de “la vida puede ser maravillosa” sobre todo cuando aquellos que tuvimos la suerte de vivirlo y sentimos en nuestros corazones el palpitar de la emoción; de la incertidumbre, llegado un momento, de el resultado; de la alegría de la consecución goleadora; de poder guardar en la memoria el dibujado gol, como con una especie de fotogramas que conformarían la película del golazo conseguido por R., con sus driblins, su caída al lateral, su profunda internada que enfilaba portería, su perfecto apoyo que aportaba al golpeo del balón, el efecto, la rosca necesaria que evitaría al portero e introduciría la pelota al palo largo, con una media altura imposible de detener, acción esta ejecutada con más posibilidades, algo que para el que lo ve e intuye que podría desarrollarse con otros protagonistas, le resulta de una plenitud extrema y más si el efecto es demoledor. Luego vino la expulsión, el lamento, el desasosiego, un mundo aún por jugarlo, ¡y con uno menos!, lejos de rendirnos y resistir, aportamos más mordiente, más entrega, con esa suerte de defensas atentos, contundentes, ¡enormes! (si Geli, sí) ¡enormes! que facilitaban la seguridad del guardavallas, siempre alerta y resolutivo. Gran dominio del juego, de su peso, llevado con ligereza en un constante bascular que conservaba las posiciones pudiendo afrontar la contención y los ataques con mas solvencia. Como en ese momento mágico en el que se recupera por el lateral un balón dividido y se entrega traspasando la medular a un atento M. que cayendo con ligereza a banda se deshace de sus “dos”, y con decidido volteo endiña una volea que se introduce en la red desde cuarenta metros, por encima del adelantado portero contrario. Con el que venir a celebrarlo con incontenible júbilo, aquí, al banquillo, donde nos arremolinábamos y poder sentirlo tan, tan cerca.
Luego vino la temida remontada, esa que tanto se acercó y de la que, tal vez el árbitro, se encargó de romper, no sin un confuso aporte del contario. El penalti, la tranquilidad, el debut, el lento caer de los segundos, y por fin, el fin…
Primeros de la clasificación.
Lo dicho, impresionante. Para recordar.

Sr. Rafa Rice. Desde Radio Lucientos.

1 comentario:

juan dijo...

Como muy bien dice la leyenda los valientes habitantes de Cenicientos le ofrecieron ¿al rey? No solo cien sino cientos, y según tú el ceni f.c. aunque esta es otra guerra, siguen la memorable épica de sus antepasados haciendo honor a su historia ¡viva el ceni! Y que consigáis los triunfos que los coruchos se merecen…..uhy si yo supiera cuanto uhy
El cenicientos campeón¡¡¡