martes, 13 de octubre de 2009

Masaje, o qué

Resulta que uno llega y al rato comprueba que no está donde debería, donde creía. ¿Quién lo iba a imaginar? Porque uno se apunta a un taller de masaje y lo que menos podía pensar era lo que pasó.
Llegamos pronto, sin saber donde se encontraba el aula. Preguntando nos indicaron que en la planta baja, la sala central. Justo enfrente de ella había una fila de asientos, donde se habían adelantado ya, unos cuatro o cinco, para realizar el curso. Era el primer día y se notaba quienes se conocían y quien no. Los que sí, sin ser efusivos, charlaban sobre sus cosas, los que no, miraban al techo o a uno u otro lado del pasillo, esperando el momento de empezar.
Apareció el profesor, se presento escueto, nos invitó a entrar. Una vez en clase, sin saber muy bien que hacer, cortados los unos, imitábamos a los otros. El profesor, un chaval joven, digamos que sobre treinta y pocos, aspecto saludablemente delgado, pelo largo, barba de tres días, sin una cana, vestido de riguroso morado, blusa estilo hippie, y pantalón igual morado, lo mismo que las zapatillas de brillo tenue, malvas, sin calcetines.
Al poco advertí el error, cuando sentados todos en corro alrededor suyo, cual apóstoles ante el maestro, escuchábamos su disertación en la que mostraba las líneas maestras del programa de estudio. Fue ahí cuando comenzó a hablar de energía interior,(la citaría al menos mas de doscientas veces) de una necesidad de atención y convencimiento, luego de fé; que no cerrásemos la puerta a la experiencia, nos reportaría beneficios. Citaba casos y situaciones a todas luces absurdos, que todos oíamos asimilándolos a nuestra razón, a la que también nos invitó a dejar de lado, en aras de una comprensión emocional, de los logros que se conseguirían. Invitándonos constantemente a evadirnos de nuestro cotidiano devenir, como causa de todos los males que nos aquejan. Se mostró él mismo, como un ejemplo de salud, después de un esfuerzo prolongado de sus ejercicios de salubridad. ¡Cómo para no estarlo con su rabiosa juventud! Se le veía como un tío sincero, o al menos que actuaba por derecho, creyéndose completamente sus teorías, también ¡cómo para no estarlo! Al fin de cuentas es parte de lo que vive. Aprecié entre los alumnos una necesidad de que les cuenten un cuento, semi bloqueados, por el desconocimiento primero, pero sin duda acabarían explayándose, sintiéndose más cómodos con un poco de tiempo.
Mi idea segunda fue salir huyendo, pero o no tuve valor para hacerlo o me pareció violento abandonar el aula sin dar explicaciones, ¡jamás serían entendidas allí!, luego, ¿para qué darlas? Como soy de general bien educado y respetuoso uno no sale de una iglesia mandado a la mierda al cura, aunque ganas no faltan algunas veces, opté por permanecer y ver por donde salía la cosa. Fue cuando los minutos de cansina y continuada charla se me hacían eternos, comprobando que la cosa iba a más, teniéndonos reservada una de las situaciones más ridículas que he vivido en mi vida. Ahí es cuando debería haber salido corriendo, como lo hizo la compañera que tenía a mi lado, cogió sus cosas y se marchó, yo no lo advertí hasta que lo comentaron, la envidié, esta huyó en el momento que nos conminó a descalzarnos a todos arrejuntando el círculo para que la energía estuviese a gusto, que por lo que se ve, circula mejor en una simetría circular.
El maestro se levantó e introdujo en el reproductor, un CD que él traía de música “relajante”. Nunca he sabido cual es la música relajante, ¿la que dispone de un tempo rítmico pausado, lento? Y ¿por qué? ¿Por qué lo dicen ellos?, Esta se trataba de unos cantos entre tribales y conventuales. Lo cierto es que el volumen era el acertado, al menos para mí, para intentar la levitación a la que parecía nos dirigíamos.
Empezó a conducirnos:
Con una voz propia de unos estudios teológicos, similar a la de los curas, en sus pretendidos sermones de predicación, nos decía:
-Cerrar los ojos, colocando las palmas de las manos hacia arriba sobre vuestros muslos y respirar profundo y relajado. Inspirar, expirar, inspirar, expirar, una vez más, inspirar, expirar…
Después de unas cuantas inspiraciones expiraciones, pensaba:
Ostias, ya nos tiene híper ventilados, y como se sabe, esto provoca hormigueos y hasta mareos.
-Sentir la fuerza como una espiral de luz blanca sobre la palma de vuestras manos, que se empieza a generar como un hormigueo, un calor, ahora sobre el pulgar.-continuaba diciendo; mientras tanto venga a inspirar-expirar.- Sentir el aire que os llega al abdomen.
La luz blanca (invisible) debía pasar por todos los dedos en corrientes espirales, de una mano a otra, y estas cruzarse sobre el pecho hasta alcanzar lentamente, muy lentamente, los hombros opuestos. Allí permanecer un rato y deslizarse hasta la cabeza, y los ojos.
Entonces, teniendo la cara oculta y los dedos sobre los ojos entreveía al resto del personal como en una especie de tontería generalizada que obedecía al “sumo-sacerdote”, por un instante temí la carcajada, me contuve una vez más. La situación, el silencio, la musiquita, la luz tenue, la profunda voz del maestro que nos dirigía, perecía provocar en todos el estado idóneo que nos llevase a firmar la comunión mística energética. Fue cuando el momento nos gastó una broma al sonar un teléfono móvil, rompiendo un tanto la tensión del momento. Aún así, nadie excepto la implicada, le dio importancia, parecíamos seguir a lo nuestro. Todavía quedaba tiempo para que la luz blanca de energía campara a sus anchas de un lado para otro, buscando qué sabe nadie.
Afortunadamente vi la luz al final del túnel, habían pasado las dos horas de insufrible estado de imbecilidad, aunque hubo quien todavía se quedó comentando la jugada. Yo por mi parte, si que sentí la liberación del alma cuando dejé atrás aquello y salí corriendo a la calle. Allí se las den todas. Me quedé sin curso de masaje, claro que no era ese el que quería.
Fdo Radio Lucientos

1 comentario:

  1. Ja,ja(risas)me parece que as pasado por una mala experiencia,amigo mio,el estrés se puede agudizar con esa aptitud,y luego llega la ansiedad,yo no soy ningún guru ni Argentino versado en psicoanalisis,pero déjate de tonterías y porque no practica,Tay Chi,dicen los que lo hacen que va muy bien,tu mismo.

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Dilo

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