sábado, 29 de mayo de 2010

Verano en Berlín


Un verano en Berlín

Es curioso cuando una película de la que se podría decir que menor, logra conseguir detalles que nos resultan reveladores de una calidad narrativa.

Uno se encuentra con la proyección televisiva de sorpresa sin conocer nada de la cinta, ni autor ni nacionalidad, (se imagina alemana, por lo de Berlín) y queda uno prendado por el interés con el que atrae; se sale un tanto de lo convencional en cuanto a un desarrollo narrativo en la que empieza mostrando el sencillo suceder cotidiano de dos mujeres de mediana edad, una de las cuales se dedica a el cuidado de personas mayores, lo que le reporta independencia y manutención; la otra, busca desesperadamente dar sentido a sus impulsos vitales, sexuales, laborales, maternales; con el apoyo de su íntima amiga todo parece más fácil. A pesar de sentirse muy unidas y arropadas, incluso con flirteos lésbicos, la vida de los dos aunque paralelas, circulan separadas, como no puede ser de otra manera, y cada una, vive, sufre o disfruta de lo que les reporta este “sorprendente” cálido verano en Alemania.

Ahora es donde viene lo bueno, pues, hacia dónde vamos con esta historia, en la que no les pasa nada que no sea ni normal, ni de esperar, tal cual nos lo cuentan. El espectador parece esperar algo que le de intensidad, pero esta, si acaso, le llega por el puro devenir, casi sencillo y rutinario.

A dónde hemos llegado en estos tiempos en que ya no nos interesa ni grandes épicas ni sucedidos, ni la vida de privilegiados, en los que sus asuntos “mayores” o importantes, que nos muestran o proyectan sus estilos de vida en idealizado deseo que nos la repampinfla. Veo al día siguiente circulando por la calle a una tía, que bajo el síndrome de Victoria B. o de Spice Girl, esto es, ¡maqueadisima!, maneja un cochetazo tipo todo terreno de los que valen un pastón, es una hora normal de la mañana tal vez llevaba a los niños también peripuestos a alguna acitividad extraescolar privilegiada, lo cierto es que a pesar de sus muestras de ostentación su historia me resulta indiferente, incluso absurda, casi despreciable, porque es con vidas normales, sencillas, cotidianas con las que nos identificamos, las que a la postre son las interesantes.

Son estos personajes con los que empatizar, en el que el lenguaje cinematográfico de esta película tan correctamente definido nos dirige con sobriedad y seguridad.

El fin podría llegar en cualquier momento, con cerrar mínimamente el suceso coyuntural valdría, sabiendo que sus vidas continuaran, como continuan las nuestras, unas veces mejor y otras, a saber...

Rafa Rice


1 comentario:

juan dijo...

Las películas cuando son sencillas, y reflejan lo cotidiano parece como que nos llega más.
Seguramente a los síndromes Spice Girls, estas cosas le aburrirán, ya que sus vidas están par y por “la pose” pobrecitos, ellos sufren por la dictadura de la moda y el cuerpo 10, como bien dices es una patología, y a los enfermos hay que tenerles pena y respeto.