jueves, 13 de mayo de 2010

Atleti Campeón



Un extraño magnetismo rojiblanco nos atraía unos a otros a lo largo de la semana en la tensa espera del partido en el que cada uno siente presente a los demás. Veías a alguien con la camiseta exhibiendo sus tendencias y nos recorría la simpatía alegremente contagiada. La hora se aproximaba, el minuto, el segundo en el que la vida de la realidad que mantiene a la afición atlética, se mostraba completamente presente, porque uno esta aquí y el sueño se hace carne, “carne trémula”. Este “velar armas” nos consumía aunque ilusionaba.

Rueda la bola por fin, acelerada por el campo mojado. Los gritos conocidos del estadio, son los nuestros, contenidos. La vida como herida sangrante está necesitada de reparación, de gasas venda y esparadrapo, ¡y tila! Que grandiosos héroes luchadores, batiéndose en duelo representando nuestro interés, nuestro anhelo, nuestra alegría.

No podía ser de otra manera, la épica atlética, amiga de la incertidumbre, nos sobreviene en una prolongación excesiva, infinita, una prorroga injusta de sufrimiento que no merecemos, no lo podemos soportar, para acabar en una última carrera, la que agotaba las fuerzas, en la que echar el resto, lo que quedaba, ya no habría más, sino el tunel negro de porterías solitarias, hubiese sido demasiado. Pero ahí estaba él, en el sobreesfuerzo, “llevándola atada con una cuerda”, porque si en unos la bola da respingos al tomar proximidad con sus torpes pies, en él, ésta parece imantada a sus botas para girarse en sentido contrario y encarar al revés, por el único sitio posible, pero encarado, la última patada le debería llevar a la gloria pues la pondría donde solo “el Uruguayo” sabe redirigirla donde debe. Pasaron generaciones, cincuenta años de destierro quedaron redimidos en ese instante en el que buscando la gloria nos encontrábamos una Utopía en la que ir conformando un sueño, a golpes, a base de sufrir y sufrir, de ilusionarnos e hincar rodilla, de decepciones, la propia vida nos iba moldeando de realidad, de cruda realidad latente de ilusión constantemente mancillada. Daba igual, empecinados tendría que venir, ¡y vino! ¡y de qué manera! ¡a lo glorioso! ¡épico! ¡terrible! ¡sublime!

¡Atleti Campeón!

Rafa Rice

1 comentario:

juan dijo...

El Manzanares estaba seco,
Hacia tiempo que no llovía por aquí
En Hamburgo llueve, y el atlético
Sufre por sufrir,
Pues el equipo de enfrente
Se acompleja ante el Atlético de Madrid,
Y el pupas ¡como no! al aficionado
Le tiene en vilo, si no no seria
El atlético de Madrid,
Llega la prorroga los fantasmas vuelan
En las mentes del aficionado,
Es su atleti de Madrid,
Pero se rompe el maleficio
La chispa, y el buen juego,
Lo ponen los colchoneros
Sobre el césped de la Alemania,
De Nietzsche…