martes, 15 de septiembre de 2015

10 Razones (y el colmo) por las que no me gustaría ser mujer

10 Razones por las que no me gustaría ser mujer
1ª) Depilaciones variadas, que si cejas, que si barba, bigote, sobacos, piernas y lo otro, y lo mismo da que sea con pinzas, con láser, con cera o rasurado
2ª) Tacones, sin comentarios, debe de ser horrible el plantar los pies sobre esas plataformas elevadas que desnaturalizan el andar viniendo a ser gravemente perjudicial para la salud de varias partes del cuerpo (espalda, tobillos, pies, caderas, rodillas…)
3ª) Maquillaje, sombra de ojos, rayas, labios, coloretes  y lo que no está escrito, en cualquier momento que se les exija, que son todos los días, de momento.
4ª) Faldas, trapitos obligadas a ponerse en función de la moda, que si enseñando cachita, que si enseñando riñones, escotes, hombros, muslamen o lo que el viento de los tiempos disponga
5ª) Peluquerías. El horror de los tintes, cortes, mechas, permanentes o lo que cuadre
6ª) Uñas. La exigencia del decorado de las uñas, cortas o largas y su incomodo desenvolvimiento rutinario de inutilidad  y torpeza de la manualidad, eso sí todo por la supuesta elegancia o feminidad ¿?
7ª) Ropa interior insufrible, tangas, sostenes, fajas reductoras, medias, ligueros, refajos varios, obligados a mostrar naturalidad a pesar de ser algunas una verdadera molestia.
8ª) Cargar con abalorios, collares anillos, pulseras, pendientes, decoraciones corporales varias con su consiguiente incordio de adecuación, enganches, alergias, gastos, peso, cuidado…
9ª) Cuidado de piel, cremas, bronceado, hidratantes, reductoras, quita manchas, baba de caracol…, un delirio.
10ª) La atención al anticonceptivo, que en realidad lo que supone una liberación sexual, lo debe de soportar la mujer mediante medicaciones o dius, lo que su pone una injerencia en su propio cuerpo.

Y para colmo el blanqueo anal, sin comentarios.
Es o no es.
RfCs

viernes, 17 de julio de 2015

El barco de colegas



Jajajajajaja

Los heavys que se ríen de si mismos

jueves, 25 de junio de 2015

O ellos o el caos / Es un chiste

Entonces si resulta que la única opción de sobrevivir en este mundo de libre mercado capitalista de la unión europea es hacer lo que recomiendan el FMI, el BCE y la CE (fondo monetario internacional, banco central europeo y la comisión europea) que justamente parece ser que es lo que promulga que se ejecute por parte del PP (partido popular), pues eso, que no se hagan más elecciones, que estén siempre gobernando ellos. O ellos o el caos… ¿no es así?
No puede ser verdad que hayan denunciado  y lleva camino de enjuiciar al G. Zapata por eso que todos sabemos, no me lo puedo creer que el filón que han encontrado algunos vaya en la vía de acabar con cierto humor que aunque a algunos no nos guste ni verlo, no deja de ser un chiste, que como se decía en la película el hijo de la novia: “ es un chiste, es un chiste, luego te cuento algo en serio y comparas…”

RfCs

miércoles, 17 de junio de 2015

Arriba y abajo, la dificultad para ser de izquierdas

Arriba y abajo, la dificultad de ser de izquierdas
No solo de serlo, que hasta ahí cualquiera podría decir que lo es, lo complicado viene después, cuando debes de elegir (llevando la simpleza al grado superlativo)  si dárselo a los pobres para de paso cabrear a los ricos Todo esto a sabiendas que a partir de ahí te van a putear en la totalidad, boicotear, desprestigiar, incomodar, …, que en realidad en su mano lo tienen. Ahí es cuando surge el dilema de una izquierda con gobierno, contentar a los que te han votado para que les defendieran o contentar a los que presionan en defensa de los intereses particulares, generalmente económicos, intoxicando, además, la realidad con el tan traído interés general con el que dicen que actúan al asegurar que lo que interesa a los de arriba interesa a los de abajo  al verse estos beneficiados indirectamente.
Qué hacer pues, y lo que es peor, cómo hacerlo…
Ahí es donde surge la dificultad que requiere de mucha resolución, claridad de ideas, integridad y capacidad de respuesta. Personalmente creo que  la solución está en actuar de acuerdo a grandes líneas trabajo que abarquen en su interior el verdadero sentido de su posición política, dejando lo menudo como posibilidad cuando, si llegase el caso de verse traicionado por uno mismo, se actuara para que solo se beneficiara a la parte teóricamente más ventajosa y, casi se podría decir que impersonal, ya que la débil y en peores condiciones, los menos favorecidos, suele verse afectada de manera algo más en lo personal.
Decía un profesor  de universidad de J. C.  Monedero, en su paso por Alemania y contado por él mismo que mientras le daba una clase al referirse a los ejemplos aseguraba que éstos eran un freno a la razón, puesto que condicionaban mucho el desarrollo de las ideas, cuando desde el fondo de la clase alguien le pidió al profesor si podía poner un ejemplo. Bien, pues  a pesar de esto, propongo por ejemplo el siguiente hecho supuesto, esto es, cuando se deba por ideología izquierdista proteger a alguien, digamos que un don nadie, al que van al desahuciarle de su vivienda, junto con su familia de don nadies y dejarlos en la calle y para lo cual se debe o se ha debido cuestionar y enfrentar al poder económico, grandes poderosos de chistera y puro, que básicamente  es quien influye en las maquinarias del poder político con la intención de que actúe de acuerdo a sus intereses, vamos, todo eso que ya sabemos, que no nos chupamos el dedo, pero es que además, ese poder económico tiene poder real que manipula y conspira para atacar y muy duro, a los que se cruzan en su camino,  su único camino, el de los beneficios… Llegado este momento… ¿qué hacer? ¿De parte de quien ponerse? ¿De quién no tiene voz ni voto (aunque sí cara), o de quién amenaza y ataca afectando e influyendo?
Ya, ya, todos sabemos que somos muy íntegros e idealistas y no se nos compra ni a desvía tan fácilmente. Veremos a ver…,
¡FUERZA!

RfCs

viernes, 12 de junio de 2015

Bye, Bye

Por mucho que me acostumbre a la democracia hay cosas que no dejan de sorprenderme y por qué no decirlo, me desagradan, como es el caso al que voy a referirme y, que recuerde, tenía un precedente similar aunque pudiera parecer del signo contrario.
Rita Barberá anuncia que abandona la alcaldía tras 24 años como alcaldesa en la ciudad. Ese es el hecho en cuestión. haciendo un gran ejercicio de aceptación de las decisiones ajenas, como supongo debiera de ser, todo debería quedarse en eso, una decisión personal, que sus razones tendrá y punto. Pero es que no se va de la alcaldía y abandona la política, que a cuantos nos gustaría dejar de verle el careto de una vez, no, se marcha a las cortes valencianas, a seguir con el tema. lo que a las claras tiene una lectura contundente.
Esta tía es una geta sin vocación ni voluntad más que dirigir y manejar desde el poder, y si no es así, no va a perder el tiempo haciendo oposición, como si la oposición no fuese siquiera necesaria. Para qué seguir profundizando en el tema,.., está claro, ¿no?

Pd, el precedente era Leguina, no gano y se fue;  otro que tal baila.
RfCs

martes, 2 de junio de 2015

Sobre el porno y otras lides

Sobre el porno y otras lides
Ha sido a raíz del programa carnecruda en su episodio numero sesenta y tantos, (que todos menos uno he escuchado en su integridad), en el cual se tocaba el tema  del porno por lo que me he decido a hablar sobre el asunto.
Pareciese como que para ser o sentirse liberal, moderno o tolerante, progresista o libertario todo aquel que se preciase debiera de hablar al respecto, en este caso al tratarse de un programa de radio, en el cual a pesar de como he dicho antes, todos he oído, lo he hecho sin embargo a través de los podcats  y no he logrado saber si se pudiese sintonizar en una radio convencional, pues bien,para tratar el tema había que llevar a alguien que bien lo supiese, pero no cualquier guarrilla, guarrón, o putón verbenero, sino alguien más chic, como por ejemplo una licenciada de bellas artes, con aspiraciones literarias y poéticas y emprendedora, tanto como para crear una productora de películas porno con tan solo 23 años se eligió entonces, a la sin par Amarna Miller (Amarna por no sé qué del arte o dinastía egipcia y Miller por Arthur, Arthur Miller) nombre artístico con el que se bautizó a sí misma la susodicha. La tal productora, según nos cuenta ella misma fue creada con pretensiones artísticas por apreciar en la normalidad del mundo de la pornografía la existencia de un vacío más allá de la steadycam  (estabilizador) y las posturas clásicas, sobre todo las que ocultan la cara del actor masculino, que no su instrumento que suele mostrarse morcillona o en todo su esplendor, en fin, más allá de todo esto, que en realidad no es más que hacer porno igual.
Tras la escucha paciente de su verborrea locuaz, acelerada, de quien parece que tiene tanto por decir, acudo a un canal cualquiera de porno gratis por internet, de esos que había denostado como solo lo hacen aquellos a los que este tipo de cosas se le presentan como un problema para sus negocios privados, y lo hago en busca de esa supuesta diferencia mediada su ejecución o su propia persona y comprobar cuáles serían sus aportaciones a la causa de la pornografía con calidad, bien…
Durante la conversación o entrevista radiofónica, Amarna mostraba como una ingenuidad del tipo sorpresa  por los artilugios técnicos propios de un estudio de radio o la dedicación con la que se la entrevistaba, Ella por su parte se dedicaba a dar algo así como lecciones de tolerancia desde un conocimiento profundo del universo del porno siendo esto último lo que básicamente me indujo a pensar al respecto el asunto del porno ya que esas diferencias del delicado tema me parecieron interesantes.
Tengo que reconocer que el porno me excita, aunque lo odie porque en sí lo veo sucio y perverso, insano, lo que es una contradicción que no justifico más que por tratarse de algo relativo a la intimidad y ya sabemos que con la intimidad hacemos lo que queremos, poco más o menos que con el sexo convencional quedándose en la privacidad de cada cual. Todo aquello que sea sacarlo de esos cauces y convertir el asunto en algo público, comercial y exhibicionista, no hace más que  reafirmar mis convicciones de su nefasto existir.
 Creo que porno solo se puede entender desde dos posiciones claras, que no son ni el misionero, ni el perrito, como son la de aquellos que lo producen y la de quienes lo consumen, moviéndose además en un ámbito extremadamente peculiar.
Se suele acusar al consumista pornográfico de hipócrita al respecto la moralidad social con la que suele tratarse y su moralidad íntima con la que parece chocar, algo así como los puteros bienpensantes; en ese sentido, los productores generadores de porno alardean de encontrarse liberados de ese tabú y parecen quedar por encima del más liberal de los tolerantes de cualquier actividad humana que generase algo de polémica, actuando con normalidad sobre lo anormal como es la esencia del porno, subversiva.
En realidad además y a pesar de que se diga lo contrario en la pornografía se degrada directamente a la mujer, considerándola un simple objeto, penetrable pon cualquier resquicio de piel, alcanzando a  través del sexo la humillación y  el desprecio. Sí, ya sabemos que se trata de algo pactado y tolerado, incluso pagado, ¡Faltaría más! pero que eso sea así no quiere decir que lo que en realidad se muestre, es lo dicho.
Entiendo que aquellos que han sido capaces de traspasar la línea, por gruesa que esta sea que separa ambos mundos, esta se hará unas veces por inconsciencia, otras por vicio, otras, las más,  por dinero que compra voluntades  convirtiendo en perversión lo que nos quieren vender como algo normal que merece la pena, siendo tan solo una simple utilidad de un momento.
Farsa, fingimiento y vileza, en contraposición de lo que debería ser un acto sexual sano, deseo, emoción y verdad.
Efectivamente al entrar en ese canal porno e introducir su nombre en el buscador aparecen varios videos de nuestra amiga, pinchando sobre uno que parecía moverse en la heterosexualidad (para qué ir más allá), se puede comprobar, como se la come, como se la meten y como se lo traga, en fin, nada nuevo.
Antonio Elcántaro, alter ego moralista de RfCs

Pd. Se confiesa masoquista y  feminista bisexual, ¡toma ya!

lunes, 18 de mayo de 2015

NACHO VEGAS FOREVER

Recientemente (unos escasos meses) he descubierto la música de Nacho Vegas y no porque me resultara del todo desconocida ya que muchas de sus canciones, de las cuales algunas como Teresina o Perdimos el control, por decir dos de su variado repertorio, conocía y me gustaban, pero como digo ha sido recientemente tras la escucha del que es su último disco, Resituación, el que ha despertado en mí la fascinación, que no otra cosa, por su música y como no, sus letras.
Conociendo como le conocía con anterioridad, incluso cuando formaba parte del grupo “Manta Ray”, no acababa de convencerme. Pudiera ser ese mundo oscuro de ambientes opresivos, marginales, suicidas, malditos, al límite, de lo que es su universo musical lo que me limitaba la apreciación. Muchas veces no es agradable presenciar ciertas realidades y parece que se mira para otro lado, pero, mira tú, que la cosa dio un giro radical y lo que antes era oscuro y maldito ahora esto se convierte en una suerte de novedoso entendimiento poético del mundo que me convierte en privilegiado entendedor de su mensaje, y digo privilegiado por descubrir ese mundo  entre una maravillosa poesía que a veces me asalta asimilándola y que me hace sentir como capacitado para perderme entre estados de gran lirismo; esto se agradece pues uno se siente elevado a la excelencia y no son tantos los capaces de arrastrarme en el arte por esos derroteros,  a  pesar de que a veces me parece mal cantante o con ritmos repetidamente pesados o  lentos y los imagino tocados en otros tempos y otras voces que elevaría las canciones  a los altares por si ya de por sí no estuvieran lanzadas a ellos, porque la cuestión es que de cualquier manera ya marchan para allá.
Veo por ahí que si su disco “Actos Inexplicables” fue considerado el mejor del año 2001 (que ya ha llovido)  por la revista Rock de Luxe, también fue nombrado uno de los 50 mejores discos de rock español según la revista Rolling Stone, si aquel tuvo esa consideración qué no tendrá su ultimo disco; le leo decir a él en una entrevista su renuncia convencida a fichar por una multinacional discográfica por sus inconveniencias artísticas y libertarias además del buitreo que acostumbran a practicar, lo que considero lo emboca a la independencia además de a una cierta marginalidad a pesar de su relativo éxito incluso internacional pero que le convierte en alguien admirable que agranda su integridad como autor comprometido entre otras cosas. Veo también que hay quien celebra sus canciones como celebran su cumpleaños; que ha colaborado en asociaciones solidarias; que se auto edita sus discos, en fin, multitud de detalles de su desarrollo artístico como pudiera tener cualquiera a pesar de ser él alguien tan único. En una entrevista al periódico Qué, declara que siente asco por Miguel Bosé sin saber muy bien porqué, comentario anecdótico que comparto, que me sirve para diferenciar a algunos artistas exitosos de otros, que sin serlo tanto, conllevan en su esencia una serie de valores, de méritos, de actos, de calidades reñidos con el triunfo, al menos dinerariamente. Puesto que si algo tengo claro es que una cosa es el éxito y otra la calidad, a veces coinciden pero generalmente no. No sé si será el caso, o el caso es que con tener para vivir de esta cosa rara llamada la música, será suficiente y ahí radicaría cierto éxito, que todo pudiera ser. Lo que sí es seguro de particular es la manera que tiene Nacho Vegas de crear y recrearse en el mundo, en la vida, en la música, haciéndolo desde el filo de la navaja de un peligro emocional que rebusca en las interioridades, (pasadizos del terror que cantó Gato Pérez) del ser humano para descubrirlas, para evocarlas, para exorcizarlas, para contarlas y…, para cantarlas, esa sublime manera de la expresión humana que comparte y socializa las emociones.
Musicalmente todas las canciones son originales, algunas con un desarrollo de aspecto sencillo que pienso daría pie a una nueva producción, esa especie de deconstrucción sonora a la que solo llegan los que manejan la esencia resultan, al contrario de lo que pudiera parecer, intensas y en el conjunto de las canciones de un disco completo tienen, como no podía ser de otra manera, un sentido pleno en contraposición con otras de aspecto más orquestadas o elaboradas en cuanto a instrumentación. Otras canciones gozan de una gran fuerza dramática; una de ellas Morir o Matar relata la tortuosa relación de una pareja con un crescendo que desata el escalofrío por la enormidad sugestiva poética, por la gravedad de lo contado, de manera que tras la escucha se queda uno tocado sabiendo haber presenciado un prodigio de la composición musical moderna llamado rock. Un Rock que es una suerte de disciplina artística que si acaso no hubiera sido creado ya, de seguro Nacho lo crearía ya que él solo caben cosas como éstas si de verdad sigue vivo el rock. En Nacho Vegas no hay compostura, ni apariencias, ni disimulos, ni fingimientos, Nacho Vegas es brutal, crudo, excesivo, en momentos ni siquiera ofrece concesiones a la razón para algunos, que pareciera locura, cuando lo que es, es Realidad y, ésta a veces es hermosa, a veces bestial. Tal vez por esto último cueste entrar en su mundo de desciframientos, de sugerencias, de retórica compleja tan llena de matices personales y generacionales.
Escuchar sus canciones es caer en un deleite de vitalidad entendida como oposición a la indiferencia y el individualismo adormecedor puesto que te aporrean el cerebro despertándolo del letargo de estos tiempos, terribles tiempos de desgana, pero…, por mucho que nos quieran espabilar la revolución ya no es posible, el rock es un gatito por más que contenga entre sus filas a fieras como Nacho Vegas  que desde su hacer nos trasmitirá su ánimo, eso será lo que nos quedará, la satisfacción del conocimiento.
Nacho Vegas Forever



viernes, 1 de mayo de 2015

PITIGRILLI LA DIVINA PROVIDENCIA

Fue PITIGRILLI referente  figura literaria de una cierta época, con todo lo que ello supuso, acá lo traigo en un pequeño relato, curioso, cuanto menos.

LA DIVINA PROVIDENCIA
Pitigrilli

Asomado a la ventana que daba sobre el balcón, el anciano profesor, inclinado sobre unos viejos prismáticos, miraba hacia abajo, perpendicularmente.
—¿Te exploras la barba, tío?
El profesor separó los ojos del instrumento, se dejó caer desde la frente hasta la nariz los lentes, y saludó al adolescente, que, con los pulgares en la cintura, las piernas abiertas, en camisa azul de manga corta y con la cara inundada por el sol, lo estaba mirando desde la grava del jardín.

El tío había enseñado durante cuarenta años no se sabe exactamente el qué, en una de esas instituciones femeninas en donde no se sabe exactamente lo que se aprende. Entrado en ella por casualidad como suplente de pedagogía, había más tarde suplido a los profesores de higiene, de historia, de ciencias, de geografía, y contrariamente al aforismo según el cual no se aprende bien más que lo que se ha enseñado, de todo lo que había enseñado había aprendido bien poco.

Una vez retirado al campo, cultivaba las lechugas —igual que Diocleciano, decía él—, e sub tégmine fagi —declamaba— dormitaba sobre Lucrecio, con la traducción al lado.

Las sobrinas y los sobrinos lo visitaban con frecuencia, y salían de su jardín con ramos de rosas y cigarrillos, y libraban su casa de antiguallas, que hacen tan viejo en una casa vieja, y dan un tono tan ameno a una casa moderna.
Como de costumbre, dio el té al jovencito, sin dejar de hablar. Cuando terminó, recogió las cuatro esquinas del mantel y fue a sacudir las migajas de las galletas fuera de la ventana.
—¿Proteges a los gorriones, tío?
—A las hormigas.
—Te diviertes con la entomología?
—No. Juego a la Divina Providencia.

En la historia de las religiones se había quedado en Salomón Reinach, y en la psicofisiología se había detenido en Moleschott. Nacido en plena discusión evolucionista, se creía un apóstol del darwinismo, y por haber estado en Túnez de joven, se había convencido poco a poco de que, para él, el África Ecuatorial no tenía secretos.

—¿Qué has dicho, tío?
El profesor repitió:
—Juego a la Divina Providencia.
Y antes de que el jovencito le invitara a que se explicara, se explicó:
—Cuando llegaste, yo estaba observando a las hormigas con los prismáticos. Entre la pared y la losa de piedra de mi balcón hay un hormiguero. Mejor dicho, hay dos. ¿Nunca has observado a las hormigas?
—Superficialmente —admitió el sobrino, que de la hormiga sabía que era laboriosa, que segrega ácido fórmico, y que, como todos aquellos que son negados para el arte, contesta villanamente a la cigarra.
—Te daré algunos libros —dijo el profesor, y le citó esos dos o tres autores que figuran en toda librería—. Pero, no es principalmente su organización lo que yo observo, sino su comportamiento metafísico.
—¿Metafísico? —se asombró el joven, que se estaba preparando para obtener el título de bachiller—. Según William James, el único animal metafísico es el hombre.
—Pues bien, yo hago metafísicas a las hormigas, De momento no puedo darte una demostración práctica, porque el sol está dando sobre mis dos hormigueros, y el grueso de la colonia está retirado hasta la puesta de sol. Yo reconduzco a las hormigas al estadio del hombre en los albores de su vida mental. Reproduzco a la escala de las hormigas todos los fenómenos, que han dado origen a la moral, a la religión y al sacerdocio.

-¿Cómo lo haces?
El profesor se atusó la barba con los dedos:
—Creo para ellas —contestó— lo sobrenatural.  Fabrico entre ellas los magos, los videntes y los grandes iniciados. Produzco el milagro. Doy el premio e inflijo el castigo. Escucho favorablemente si deseos. Cuando han perdido toda esperanza, llego yo. Yo soy la Providencia inmanente. ¿Comprendes?

—No, tío.
—Ante todo —y lo condujo hacia la ventana— las observo. Para construir sus galerías, sus dormitorios, sus silos, derriban un poco de pared y saca al exterior el material de excavación y de derribo ¿Ves aquel montoncito de arena y de cal? Con finalidad de que el ambiente sea seco y templado lo pavimentan con briznas de hojas, con astillitas de madera, con agujas de pino, que algunas veces van a buscar a mucha distancia.

De repente hago que encuentren, junto a la entrada, una inesperada provisión de astillitas de lápiz y de tabaco c pipa. Es decir que reproduzco lo milagroso. Un frenético atareamiento de las hormigas demuestra s alegría y su sorpresa. Una de ellas se encarga de avisar a la colonia, la cual sale igual que un torrente para comprobar el prodigio.

Estos animalitos hallan en la tierra desde la mitad o desde finales del período paleozoico, es decir desde... —y el profesor dijo un número de siglos capaz de producir vértigo— y tienen tras de sí algunos millones de millones de generaciones.

El hombre, queriendo ser generoso, y remontándonos al pitecántropo, tiene tan solo dos millones de generaciones. Una bagatela. Así se explica cómo la hormiga ha llegado a una forma definitiva y perfecta de sociedad y de constitución, mientras el hombre, que empezó a organizarse hace nueve mil años, se halla todavía buscando la mejor forma de gobierno.

Las hormigas, decía, están acostumbradas a la salida del sol, al ocaso, a la lluvia, al buen tiempo, es decir, a los fenómenos naturales. Prevén las variaciones del tiempo con una exactitud capaz de humillar a un barómetro y de asombrar a un observatorio. Mas todo lo que les ocurre es normal: es lo que han visto millones de antepasados suyos, lo que decenas de milenios han inscrito ya en su instinto.

Finalmente yo, por primera vez en la historia de la civilización de las hormigas, las coloco frente a lo sobrenatural, a lo maravilloso, a lo asombroso. Yo marco una época. Mis dones son, para ellas, intervenciones sobrenaturales, como las tablas de la ley, la Tierra prometida, el maná del desierto, el paso del Mar Rojo. Cuando de noche, para vigilarlas, enciendo a algunos centímetros de su brigada nocturna la pila eléctrica, creo un prodigio comparable al fenómeno solar de Josué. Pero yo no me contento con desconcertarlas. Sería una experiencia Inconclusa. Yo multiplico el milagro, lo perfecciono. Ejemplo: pongo a su disposición un rectángulo de grasa de jamón, de lo que son muy golosas.

Si ante sí tienen todo el día, lo consumen en el mismo sitio y no se lo llevan a su casa, porque saben que es un material deteriorable. Al acercarse la noche, terminada ya su comida, se preocupan de taparlo a fin de que sus enemigos, como las ratas y los mirlos, no se lo leven. Y entonces se van a buscar astillitas de madera o granitos de arena, o trocitos de hoja de estaño.
¿Me sigues?
—Sí, tío. ¿Y qué más?
—Y entonces hago que encuentren, de repente, un montoncito de tabaco de pipa medio quemado. Excelente material para tal finalidad. Es el milagro que se completa, que se perfecciona. De pronto, las privo del jamón o del tabaco. Espanto general. Y nace en ellas la idea del castigo.
—¿Castigo de qué?
—No lo sé. Así como el hombre primitivo, herido por lo que consideraba un castigo, imaginó que la culpa debía de ser la causa de ello, así las hormigas deben de pensar que no han observado el descanso dominical, o que han dado indigna sepultura a un profeta, o que han matado injustamente a un individuo de una colonia amiga o competidora, o de haber faltado al respeto a un anciano.

El perro, el niño, el pueblo consideran encomiables las acciones después de las cuales reciben un pastelito, una caricia, un honor, y reprobables aquellas tras las cuales reciben un puntapié.

Es tan difícil definir la culpa, que el código francés llama delitos a los que están castigados con detención, y crímenes a los que están castigados con trabajos forzados, como el que no pudiendo definir lo que es un buen cuadro dijera que son buenos cuadros los que cuestan caro. Pero no divaguemos. Volvamos a las hormigas.

Una vez recibido lo que consideran un castigo, una hormiga moralista inventará el concepto de culpa, de mal y de bien. ¿En qué hemos faltado? se preguntarán. ¿Quién es el culpable? Quizá seamos culpables todas, pensarán. Alguna, de imaginación más rica, dirá algo sublime. Entonces yo dejo caer una lluvia de rectángulos de grasa de jamón, y la hormiga que ha hablado sabiamente se convierte en un mago, un hechicero, un sacerdote, un iluminado, un filósofo.

Más allá hay otro hormiguero al cual yo no le hago dones. Las hormigas del primer hormiguero creerán ser el pueblo elegido, igual que aquella tribu de beduinos que por haber vivido entre dos ríos se creían superiores a los que vivían en un terreno seco.

—Piensa, tío, que el pueblo elegido se consideró tal no en virtud del Tigris y del Éufrates, sino porque Dios habló a sus patriarcas.
—¿Y yo no soy su Dios?
—No creo, tío, que hagan tan sutiles razonamientos.
—iAh! ¿Crees entonces, pues, solamente en el instinto?
—Así me han enseñado en los cursos de psicología.
—También yo enseñé estas cosas en mis tiempos —contestó el tío—, pero si bien el capítulo del instinto y el capítulo de la inteligencia están netamente diferenciados en los libros, yo no creo que sean dos cosas distintas. Si el instinto —y se volvió hacia el retrato de Darwin que pendía de la pared— es “la memoria de la especie”, las hormigas, ante el nuevo caso que yo provoco, deberían mostrarse indiferentes. Solamente lo que es habitual debería regular sus actos, y el hecho nuevo no debería ni tan siquiera fijar su atención.

En cambio, yo provoco su discusión, su decisión, su acuerdo, su asombro. Si yo, con una jeringuilla, inyectara agua en sus galerías, crearía la leyenda del diluvio, el cual, como tú sabes, no fue otra cosa que un recuerdo novelado de una inundación del valle del Mediterráneo. Su cráneo, no mayor que un granito de mostaza, aunque sea para usar una comparación ilustre, no debe, por la modestia de su volumen, dejarte escéptico sobre su aptitud para pensar. El asno de Buridán tenía un cráneo centenares de millones de veces más capaz que el de una hormiga, pero la hormiga resuelve problemas que no ya el asno de Buridán, sino un chico inteligente no sabría resolver.

La relación de causa a efecto es el primer acto intelectivo: es el principio del razonamiento. La justa interpretación de las relaciones es el origen de las ciencias: una errónea interpretación de las relaciones es el origen de las religiones. Yo creo la religión de las hormigas y me convierto en su dios. Si me alejo de la ventana, los gorriones vienen a picotear las migas; si me quedo, no se atreven a acercarse. Las hormigas ocupadas en almacenar las provisiones dirán, aludiendo a mí: “Con tal que Dios no nos abandone...”

* * *

El sobrino miró la hora, se despidió del profesor, prometió volver pronto y se marchó con los ojos bajos para no pisar las hormigas del tío.

* * *
—¿Nada nuevo? —preguntó una hormiga que había ido en busca de resma, a una hormiga que había quedado de guardia.
—Nada nuevo —contestó ésta—. Todo en orden, gracias a Dios. El viejo chocho que se entretiene en nacernos regalos e infligirnos castigos, ha recibido una visita.

Y continuaron su camino, hablando de cosas más serias.

jueves, 23 de abril de 2015

Escuece la herida de este Atleti

Ya estamos aquí otra vez con el lamento, con la rabia y con la pena. En los previos todo indicaba que podíamos  hacerlo, que los dioses del triunfo y del éxito nos brindaban la ocasión para alcanzar uno de los últimos peldaños del Olimpo futbolero como era el paso a semifinales de la Champions, a sabiendas que los que aún supuestamente estarían por venir se antojaban quizás más difíciles visto lo visto, esto es, el Barça intratable y el Bayer poco más o menos.
Entonces ahí estaba el Atletí, mi atleti dispuesto a medirse contra la soberbia del que se sabe y siente poderoso, que alardea y reboza su cristalería metálica en las vitrinas de su palacete de Concha Espina, los que patetizan y minimizan nuestro orgullo tantas veces reconquistado desde nuestro chalecito con olor a meado sito en la ribera del manzanares y, ahí estaba, a la conquista del trono de hierro arrebatado en Lisboa en el minuto 97 y donde ahora se sienta el tan odioso rey del tan odioso reino, y ¿qué pasó?
De un plumazo se nos devolvió a donde nunca debimos osar asomarnos, porque la osadía merece entrega y convencimiento, ganas y resolución y no encogimiento, arrugarse, temeridad; esa osadía merece asumir riesgos, tener confianza en que la lucha es de igual a igual, de once con gruesas cuentas corrientes contra otros once de magras cuentas,  corriendo por una pradera maravillosa dando patadas a algo que es blando y rueda, nada aparenta ser más fácil para la incruenta batalla, pero va a ser que no, unos se lo creyeron mucho, y cuando digo mucho, quiero decir mucho más que los otros y pasó lo que no deseaba que pasara. Apagué la tele, no encendí la radio, me vi un capítulo de juego de tronos, creyendo que así me alejaba de mi sombra, lo que es imposible. Un sueño dulce me asaltó por la noche cuando sentía las razones de mi afición: “it's just exciting” (simplemente es emocionante)
Amaneció, tras desperezarme me dispuse a levantar la persiana para lo cual debo de estirar de la correa que lo facilita colocado al lado de la ventana. En el mismo momento en que ya se podía contemplar el exterior  percibí con horror como un vehículo triste y gris que se desplazaba  bajo la misma ventana ondeaba a su paso una de esas banderitas blancas, escudito  incluido, con el que habían formado el mosaico en el estadio donde se desarrolló el  lastimero duelo.

Rafael Cuevas

lunes, 20 de abril de 2015

Neil Young corazón de oro

No siempre estoy dispuesto a ver cualquier película a pesar de saber su calidad o tener referencias, incluso interés por verla. Unas veces no dispongo de tiempo, otras, de situación, lo que me lleva a posponerlas, olvidarlas…, o guardarlas algo así como en conserva; por otro lado ya sabemos que el cine tiene un componente de actualidad en cuanto a lo social pero no tanto en lo personal. Sigo pensando que es mejor ver las películas con alguien. ¿Verlas solo…? en casa todavía, pero en el cine…, quita por dios, será que no soy muy cinéfilo. Recuerdo haber ido al cine solo en muy contadas ocasiones, una o dos, es de esas cosas que me desagradan. Una de las veces, se trataba de una doble sesión de las del Cine estudio Griffitty en la que las sesión continua consistía en dos películas de cierto cariz cómico; una : “Los dioses deben estar locos”, en la que sobre una tribu remota africana le cae del cielo, porque la tira el piloto de una avioneta, una botella de cristal de coca cola, y los problemas que ello les supone, con lo agustito que estaban ellos con sus pocas pertenencias; la otra, la terrible: “Bienvenido Mr Change” de Peter Sellers que si bien ambas pudieran tener situaciones cómicas, las dos encierran de alguna manera una crítica amarga a ciertas realidades; pues bien,  oía a mi alrededor a la gente reírse mientras yo, si acaso le viera la gracia en algún momento me parecía de bobos el reírme allí solo, que no tanto el dramatismo que se interioriza más lo que resulta más íntimo, al contrario que la risa dada a la incontención y casi demostración.
Tenía una película guarda como quien guarda un buen vino, de esas de referencias e interés en su visionado; pudiera decir que se me ha pasado unos años desde que la poseí a modo de CD en formato AVI grabada en un disco de los que se acaban escondiendo en los estuches de los mismos, archivado y guardado. Muchas veces pase página del álbum, de manera que como decía anteriormente, no era el momento adecuado, hasta que un buen día, al igual que otras veces, rebuscando  entre las hojas repletas reparé, escogí y guardé en el disco duro del ordenador. Ya no había escusa, ahí estaba como en la lanzadera en una especie de cuenta atrás indeterminada.
Estaba solo, dispuesto, sugestionado, con tiempo por delante y di al Play…
Neil Young aparece en un coche dirigiéndose donde iba a celebrar un concierto, hacía tiempo que no le veía así, tan mayor, confiesa tener un Aneurisma y el deseo de reunirse con una banda de músicos  en una actuación en Nashville. Una pléyade de músicos se va presentando mientras igualmente se dirigen a la sala donde se va a desarrollar el susodicho. Todo parece derivar a un documental que no es tal sino un concierto grabado en una aparente pequeña sala, tipo teatro, donde comenzar a tocar y a cantar. La película está subtitulada  lo que agradecí sobradamente, de no ser así, no me habría enterado de casi nada aunque en honor a la verdad tengo que decir que ciertas partes especialmente musicales pudieran pasar por formar parte de un lenguaje musical al alcance de cualquiera.
Es Neil Young  un personaje de historia de la música principalmente rock con grandes notas de country o folk, de dimensiones espectaculares a poco que se conozca su trayectoria desde su participación en grupos como Buffalo Springfield, el paso por Woodstock, los Crazy Horses y su brutal distorsión en el disco “Rust Never Sleeps,”. Yo he tenido el privilegio de verle en directo; todavía conservo la entrada del concierto en unos San Isidro o algo parecido. Es historia viva de la música popular de manera tal, que bien pudiera considerarse además de dinosaurio una figura mítica, indispensable e influyente para entender o, como se entiende el rock en la actualidad, por eso mismo su presencia sobre el escenario de cualquier lugar impresionaría a cualquiera que le valorara en su justa medida, que es precisamente lo contrario de cómo se valora a la gente en general, pero supongo que no en Nashville, Tennessee, conocida como la ciudad de la música USA, por su industria discografica donde seguramente se habrán cocinado la carrera de  innumerables artistas musicales. El público del concierto se diluye  bajo un manto de oscuridad cuando en  algún plano trasero la cámara se dirige hacia donde este se encuentra, por lo demás no se muestra nunca, como si se ocultara deliberadamente algo extraño a sabiendas del juego que dan  esos planos de público entusiasta que acompaña cualquier retrasmisión de concierto. Aquí solo se les oye en alguna risa o aplauso cómplice que les asalta en algún comentario, presentación o como suele suceder, cuando se nombra el lugar donde se está desarrollando el recital, algo que sabiéndolo, todos utilizan como medio para ganarse al público a su favor, porque de eso se trata, de ganárselo, a pesar de como digo, ser Neil Young un mito digno de adoración. Cuando un artista cantante se enfrenta al público le deben de surgir dudas, miedos, inseguridades, qué se yo, que a pesar de su bagaje, le llevan a plantearse cada uno de los conciertos como una batalla contra sí mismo que tiene que ganar para convencer y hacer disfrutar a los que hasta allí han ido reclamados por su arte, esto no es fácil o no debe serlo. Neil Young se presenta como lo haría cualquiera, tímido, bajo su sombrero tejano acaricia abrazando la guitarra lo que aparenta que le da confianza para cantar  una canción que desconozco y no entiendo nada de su letra, es como si estuviera encriptado en un lenguaje indescifrable propio de una cultura extraña y remota, me pasa en alguna otra canción, una poética incomprensible y entiendo que mala, que no me dice nada, nada me sugiere y me extraña. Musicalmente las canciones crean ese particular ambiente intimista de melódica country crepuscular, por mi parte permanezco a la escucha, atento, receptivo, temo decepcionarme, que caiga un mito. Le veo mayor a él y a toda su banda y a veces pienso que muchas veces las personas mayores se alejan de la realidad desde su perspectiva  temporal, siempre muy nostálgicas de su mundo, de las partes álgidas de sus vidas  empeñadas en querer recuperar lo imposible. El concierto sigue, despacio en clave de un tempo lento y muy íntimo. Algunas canciones las presenta con una pequeña anécdota, una pequeña aclaración que apenas dicen nada, pero dicen tanto, porque igualmente que el mismo tempo del concierto las sensaciones comienzan a despertar poco a poco,  van apareciendo como por una especie de enamoramiento, de empatía, de fascinación hacia lo que se está desarrollando en el escenario, de los músicos ensimismados en sus ejecuciones instrumentales, tan compaginados, tan sencillos y tan grandiosos. Personas normales, sin aspavientos acompañando a alguien normal, de ese mundo y estética americana, que avanza en el concierto lo mismo que la vida, sin tener que demostrar nada, sin prisa desarrollando su música como algo que fluye con normalidad pero que nos acerca  a la serenidad vital con sus grandezas y miserias. El acercamiento con el personaje su música y su mensaje es comunión tras la magia que lo consigue, pero no es esotérico no, es real como la vida misma, sencilla y veraz realidad que nos traslada de lo personal a lo universal, lo de todos, su perro, su guitarra su padre recientemente fallecido, sus anhelos, sus deseos, su hija, sus amores, sus temores. En un punto importante cambia el escenario y el vestuario como si fuese otro día, aunque el mismo concierto, lo que acrecienta la idea de un trascurrir, de seguir adelante, de avanzar en la edad, en la vida que nos empuja. El concierto empieza a tomar tonos épicos aunque todo siga igual, es la compenetración, es la intensidad de las canciones, alguna que si reconozco, es la sinceridad, es la emoción contenida, la mesura que tanto se agradece. En ocasiones se encuentran sobre el escenario veinte personas, coros, instrumentistas de cuerda, de viento,  todo es equilibrado  pero reconocidamente espectacular, en una canción aparecen ocho músicos de violas y violines para acompañar un estribillo y marcharse mientras se sigue desarrollando la canción, Neil cantando, gritando, expulsando desde su corazón el quejido casi flamenco de la razón de su canto, compartiéndolo y haciéndolo mío también. Diez guitarras en fila parece que se van a despedir con la última canción. Los ánimos están subidos, el goce perfecto, un deleite y el concierto acaba, ha sido como ir hinchando una burbuja para que en un determinado momento, cuando más nos fascina, más nos sorprende ¡ploff!, explota, acaba, termina el sueño, pero en este caso con la agradable sensación de haber gozado por haberte sentido participe de presenciar algo extraordinario. A pesar de llevar uno mismo la vida consigo hay veces que alguien es capaz de celebrarla, de  despertárnosla un poco haciéndonos sentir la intensidad de la misma, un escalofrío, un recuerdo, una lagrima, un anhelo…
Todavía quedaba una última canción sobre el escenario vacío y la sala iluminada sin público, un tema con un dramatismo sobrecogedor, tocado y cantado por él solo en plano fijo lateral, mientras se muestran los títulos de crédito. Acaba la canción, los créditos, desenchufa la guitarra, la guarda en su funda, se levanta y camina al frente… fundido en negro…, pasa la vida, pasa la vida, no has notado que has vivido cuando…., pasa la vida.
Rafael Cuevas


viernes, 17 de abril de 2015

Dónde siguen estas canciones



con 62 visualizaciones de este video ya publicado aquí me parece que estas canciones siguen ocultas, Seguiré insistiendo contra nada

jueves, 26 de marzo de 2015

Viviendo en una canción

Siempre he huido de la nostalgia por parecerme un sentimiento que conlleva en él connotaciones negativas del tipo añoranzas imposibles, de pérdidas, de tiempos que pasaron y que nunca volverán, pero, ¿es cierto esto? Evidentemente sí es cierto, no volverán, puesto que es imposible retomar el pasado, al menos en cuanto a lo físico, pero qué relativo es todo esto cuando hemos construido todo un universo asociado a las emociones y a su psicología, la que nos hemos creado respecto a ciertas vivencias, y que  tal vez si puedan volver a parecer revivirse y más, cuando usamos de catalizador a la música.
No sé,  aquel día en el que me disponía a realizar el mismo recorrido que tantas veces llevaba haciendo en el cual, desde el primer momento sentí algo así como una magia interior que me impulsaba al goce pagano, reconvertido esta vez, como otras muchas más en algo casi místico. Esa unión íntima y espiritual, al que acudía con la devoción que la tengo desde el lado puramente contemplativo, en mi caso auditivo, al hecho simple de oír música a través de mis flamantes auriculares inalámbricos. No, aquella vez no me apetecía, como otras muchas, programas hablados con los que tanto aprendo y disfruto igualmente; esta vez necesitaba acordes, melodías, notas, armonías, canciones en las que gusta perderme. Ya llevaba un tiempo, el que dedico con obstinada insistencia a recopilar de acá y de allá las canciones que considero merecen incluirse en otra playlist de las muchas que voy  realizando, quedando éstas unas veces mejor, otras peor, más o menos completas y más o menos adecuadas al momento de su escucha; en este caso y a raíz del visionado de la película La Gran Belleza. Oí decir a David Trueba contando la anécdota que en su día le había sucedido con Rafael Azcona, el ilustre guionista cinematográfico en la que le aconsejaba que para hacer frente al desánimo que puede, y suele,  aparecer cuando se está afrontando  un trabajo, en su caso, al respecto de un guion o un libro, se cuidase de ponerle un título y prever el final ya que esto le otorgaba a la obra de una consistencia merecedora de más atención que pudiese evitar el abandono. No es el caso, o sí,  yo recurrí  a ese título La gran belleza 2, porque me pareció adecuado al propósito del tipo de compilación que pretendía y que previamente ya había conformado.
Cogí la bicicleta, hacía un aire del carajo, no me importaba, con ella podría decir lo que aquel poster que un día antes había visto que vendían en una librería, en el cual, un calendario resaltaba cada día como una celebración a la felicidad por su uso. Lo único es que para que esta sea completa, o al menos más efectiva, debo de saltarme alguna que otra norma prohibitiva del código de la circulación y, casi del sentido común, pero que yo suplo con una especial atención que no me impide a su vez rodar por las vías de circulación con los auriculares puestos y preservarme de los peligros inherentes de tal práctica y todo, por si no fuera poco, con parte de esa atención puesta en la vigilancia de no toparme con algún agente de la autoridad, los cuales tienen la desagradable tarea de fastidiarme a mí y a los que como yo nos saltamos alguna, yo diría que leve, de las impositivas normas al respecto; pero en fin , es lo que hay, y de momento asumo mi responsabilidad en lo que corresponda. Es mi ilusa manera de entender la libertad…
Por la mañana había escuchado decir al referirse al consumo de la marihuana o el alcohol,  las drogas por extensión, como el medio de alcanzar un estado de especial sensibilidad de los sentidos para desarrollar la creación artística, no era mi caso, una simple cerveza, inofensiva para mi razonable costumbre de beberla era todo el material para la creación de mi paraíso artificial, aunque supongo que, siendo poco, algo afectaría como todo afecta al todo.
El día invitaba al recogimiento, puesto que al menos para mí el aire desasosegante y molesto me lleva a la búsqueda de refugio que lo aplaque, en este caso una braga bufanda me ocultaba la cara, unos guantes las manos, unas gafas de sol los ojos y, los propios auriculares las orejas, protecciones éstas que me supusieron el recogimiento hacia la interioridad desde el mismo momento de la salida en la que dejaba la casa vacía, tan solo el perro me miraba con esa mirada de pena y temor que siempre lanza cuando intuye su soledad inminente y que tan acostumbrado estoy a soportar como inevitable, ¡qué le vamos a hacer! yo tengo que irme ¿y tú? Tú, no puedes venir conmigo…
La primera canción y el primer vahído,  Esta me llevó a pensar que probablemente fuese la primera canción de mi vida que me dejara huella, pero no, ahora que lo pienso, alguna habría anterior a pesar de la edad temprana en la que ésta podría pasar a formar parte de la banda sonora de mi vida. Era como un hormigueo en el estómago el que me invadía con su regusto melódico que me trasportaba inevitablemente a lo que ha sido mi propia vida, siempre asociado a aquel arroyo con aquellos juncos, aquellas pandillas, aquellas primeras vivencias compartidas. Comenzaba mi ruta ciclista sin apenas esfuerzo, una cuesta abajo me facilitaba la comodidad  en el recorrido…, una nueva comenzó a sonar. De conocimiento relativamente reciente tras anteriormente haber reparado en ella gracias a mi admirado Juan de Pablos al considerarlo él como de lo mejor de música pop patria. La canción, que se mueve en unos aires de entrañable evocación y un deseo futuro, resulta fascinantemente bella, ser tan sencilla la torna maravillosa y te envuelve en su cadencia de lo que nos queda por reparar, por conseguir, proyectándonos en el futuro con la mochila del pasado.
 Así, en estas, una nueva en la que pasar a un chaparrón de Abril, con un nubarrón negro marfil, con olor a tierra mojada, con una gota de lluvia que resbala por mi nariz, el que todos hemos vivido. La canción describe casi de modo poéticamente costumbrista situaciones medianamente infantiles o naif al respecto una lluvia primaveral que yo me llevo siempre, además de las referidas, a ese día en el que igualmente en abril tras un chaparrón subía la cuesta por aquel precioso paisaje mientras escuchaba la canción. Mentalmente me traslado casi en tele trasportación a pesar de seguir pedaleando lentamente. 
Una nueva canción y que probablemente sea la canción más versionada de la historia y que efectivamente compruebo que es así tras la simple pregunta a google. Esta resulta ser  del mismo grupo que la primera y completa las mismas emociones o similares de aquella época semi adolescente y que me hace preguntarme cómo es posible que haya quedado marcada en mi corazón de esta manera y por tanto tiempo y que su escucha sea capaz de embargarme los sentidos, embelesado por momentos.  A veces me pregunto de qué alimento artístico vivirían nuestros antepasados que no fuera la música popular, hoy denominada pop, y que tanto solemos revisar sin apenas llegar a tener cien años de existencia. El revival musical apenas carece de vida puesto que la democratización y la popularidad que nos han traído estos tiempos con sus nuevos cacharros de emisión y reproducción son demasiado recientes, lo que nos dice de lo maravilloso de los tiempos que nos ha tocado vivir. Si nos extrajeran por un momento de este tiempo trasladándonos a otras épocas con sus maneras de vida o a lugares inhóspitos de tecnología…, qué sería de nosotros, cómo sobreviviríamos a nuestros deseos emocionales inalcanzables si no dispusiéramos de los medios.
El frio parecía afectar a la gente que por la calle me cruzaba mientras yo paseaba pedaleando ajeno a sus incordios inmiscuido en mi amena soledad cuando me sobrecogí de nuevo, esta vez más primitivamente si cabe, más infantil y familiar. Karina era deliciosa, y su versión de ¡Oh Carol! siempre me provocaba un estado de bienestar que probablemente rozara lo entrañable como podía ser la sensación con la que viajaba en ese tiempo presente acompañado de la evocación de algunas situaciones casi infantiles y fue entonces cuando me asaltó, de golpe, de sopetón la canción que más me ha gustado en estos últimos días. 
Si fuera posible vivir en una canción, entre sus acordes y coros,  que fuese en alguna como esta y que he escuchado más de veinte veces recientemente sin apenas perder un ápice de su sentido emocional, con lo difícil que es eso, ya que sabemos que tras la sorpresa sobreviene el declive de su importancia, sus efectos, pero no. Descubrí su significado tras décadas de desconocimiento pues esta es una de las canciones de juventud, de las que me gustaban pero que ignoraba el sentido de su letra. Es cierto que a raíz del fácil acceso actual a la letras de las canciones y su traducción medianamente idiota que realiza google traductor, vengo yo de un tiempo a esta parte recuperando algunas y aportándolas un sentido más acorde, real, al menos más humano que la propia literalidad que tienen los traductores automáticos. En el caso concreto de ésta que desde el título: I'll Have To Say I Love You In A Song ( Voy a tenerte que decir te quiero en una canción) me dejo estupefacto, y más al comprobar que a medida que se va desarrollando tanto en la letra como en la música, posee un sentido pleno, el que le da un valor que antes a este conocimiento ignoraba que pudiera llegar a tener a pesar de lo preciosista  de la composición y mi particular gusto al respecto, que me encanta, pero ahora más si cabe. Lo curioso de esto es que abre un sinfín de otras muchas con los que pudiera regocijarme igualmente, algunas decepcionan, otras sorprenden, otras pues ni fu ni fa, pero otras, ¡hay otras…!, el saberlo me fascina como conocedor de un mundo que antes desconocía y ahora se me es desvelado. Como cuando circulaba bajo sus efluvios melódicos con mi cadencia pedalística suave, sabedor de la importancia de tener el recurso de una Canción para reconciliarse, para declararse, para sobrevivir…
Kodakchorme de Paul Simon es divina, además de trasportarme de un plumazo entre mis pedaladas, a un lugar que incluía un jukebox donde tantas veces se repetían y repetían las canciones de moda aun a pesar de no tener ni un duro, bastaba con arrimarse por allí para deleitarse y además asociar a la misma la vivencia del momento o los momentos, siempre ignorante preguntándome como podía titularse  y repetirse en una canción la marca de una película fotográfica, hasta que traduje su sencillo mensaje evocador y la hice más mía. Esta es una canción alegre y vital un himno al color de la vida y como dice su letra: “todo parece peor cuando está en blanco y negro” que es como muchas veces nos asaltan los recuerdos pero que aquí al contrario, nos asaltan generosamente luminosos y coloridos  a pesar de ser eso, recuerdos, con su carga nostálgica.  Traída al presente reciente, ha llegado integra y compartida en un momento sublime y sereno del día tras un satisfecho ejercicio amatorio del que recojo las sensaciones a través de la escucha.
PMVR es el título de lo que pudiera ser un himno generacional, que diría Jota (los Planetas) al menos a mí me lo parece la canción de La M.O.D.A (La maravillosa orquesta del alcohol) de su disco recientemente publicado, apenas un mes. Lo escuche en Carne Cruda y no pude menos que tirarme desaforado en su búsqueda. Seguramente sea esta la canción que peor se integraría en la selección pero cuando la cosa esta lanzada al regusto parece que todo encaja a la perfección, como era el caso sintiéndome a la vez por ese momento rabiosamente actualizado. Esta canción a su vez precedía a mi grandiosa Mina y su Parole Parole que me introduce en el efecto: “CuantaPasión” que tanto me subyuga al deleite a pesar de las repetidísimas veces, una vez más, de sus escuchas. Además de trasladarme con ella como canción antiquísima que es, a tiempos pretéritos de iniciáticas emociones pero también por haberla hecho familiar, de manera que seguro forma parte de la vida de mis hijos y que de seguro si la oyesen éstos dentro de un tiempo, les invitará a retrotraerse a ciertos momentos de sus vidas pasadas. Pienso aquí si establecer un banco de canciones para la vejez a modo de pensión sonora que recibiría llegado el momento en el que, tal vez incapacitado para su búsqueda quien hubiera sido guardián de las mismas me las dispusiese para mi disfrute, o para mí, también posible, desbordado dolor nostálgico.

Me aproximaba a mi destino y todavía la casualidad me tenía deparado una coincidencia singular. Natalia Lafourcade con su ingenua apariencia aunque contundente resolución cantaba: “que nunca es suficiente para mí, porque siempre quiero más de ti, (…)  y no verás que lo que yo te ofrezco es algo incondicional, incondicional” La canción que hemos hecho nuestra recientemente, con lo que ello conlleva, cuando me encontré de frente con ella. Yo entraba, ella salía, era como si el destino se hubiese conjurado a ejecutar este encuentro, este momento, bajó la ventanilla del coche y me apresuré a quitarme los auriculares para decir:
-Escucha esto un momento- le dije acercándoselos. Los cogió y me respondió con un cierto repelús...
-¡Si está todo sudado…!
Efectivamente, tras mi recorrido en el que había estado pedaleando había roto a sudar por el esfuerzo y los auriculares se encontraban un tanto mojados de sudor, aun así se los colocó teniendo el cuidado de no pegarlo del todo a sus orejas, lo suficiente como para reconocer la canción y decirme…
-la he escuchado esta mañana, la he escuchado esta mañana, que bonita…
Un coche apremiaba a sus espaldas lo que la obligaba a la cortesía de la apresurada salida por lo que apenas tuvimos tiempo para decirnos un simple adiós quedando en mi ánimo el gusto de una excepcional escucha musical y la coincidencia final  como colofón de la maravilla.
Marzo de 2015

Rafael Cuevas

sábado, 21 de marzo de 2015

Nico álvafez en El Cocodrilo

Robándole las palabras al ilustre Fernando Trueba, cuando al referirse al pianista Michel Camilo en su película: Calle 54, dice algo parecido a que el hecho de contemplarle tocando su instrumento es presenciar un prodigio; igualmente, al contemplar lo extraordinario y maravilloso del manejo de la guitarra de Nico Álvarez, siente uno como una magia interior, la que produce la visión de algo prodigioso.

Oye, será porque se va perdiendo el hábito y solemos toparnos con purrelas varias y variadas; será por la cercanía de los escasos tres metros que nos separaban; será por la inesperada sorpresa de encontrarlo allá donde fuimos animosos; será por aquellos de lo bueno y breve…; será por el grandioso momentazo en el que compartió escenario con Jonnhy Cifuentes (Burning) donde nos deleitaron con la gran canción “Como un huracán” que los asistentes coreaban y que yo, avergonzado por el desconocimiento, veía como el tema iba desarrollándose con un efectista gusto personal con el que me identificaba e iba haciendo mío; o al fin, podría ser que a pesar de la  aparente monotonía por la que parece discurrir la música Blues, aparecían una infinidad de matices, de notas, de colores, de registros dentro de otros registros que me provocaba la llegada de sensaciones, de recuerdos imagino que similares a las de el sumiller catador de vinos y que el infeliz ignorante escucha embobado la particular descripción de su cata, lo mismo podría decirse aunque en este caso en el plano musical, sonoro y personal al traer de las simas y cerros de las escuchas y vivencias convertidas en emotivos recuerdos de  ciertas emociones que afloran con efusión bajo el influjo de un local con encanto rockero (El Cocodrilo), un ambiente maduro y una cerveza agarrada por el cuello de la botella.
RfCs

lunes, 9 de marzo de 2015

Cuento

Hoy me he acordado de este cuento-chiste que no sé si llegué a publicar aquí hace tiempo. Tras rebuscar en el baúl donde los guardo y tardando en encontrarlo, por fin, lo logré. Como últimamente andamos algo perezosos en nuestros deberes, (que no por no tener nada que contar, que hay mucho y variado) lo vuelvo a traer no sé si de nuevo, algo parecido a  como los viejos rockeros, revisan una canción antigua para completar una compilación de su obra pasada.

Bajaba en bicicleta por una prolongada cuesta abajo lo que me provocaba una velocidad importante. Al llegar a la desviación por la que debía seguir, me encontré de repente con una cadena que impediría el paso a los coches y por ende a cualquier vehículo por entre los dos postes a los que me dirigía a gran velocidad.  Tuve que pegar un frenazo impresionante de esos que derrapan las dos ruedas y la de atrás culeando a derecha e izquierda hasta que conseguí increíblemente frenar justo a dos dedos de la cadena, que por suerte pude ver y frenando, no empotrarme de lleno contra ella.
-uff- pensé, nada más detenerme- ¿quién cojones habrá puesto esto aquí? P’a haberme “matao”
 Últimamente circulaba a diario por aquel camino y jamás la había encontrada cerrada, por eso mismo iba con confianza de creer tener la vía libre, lo que me produjo una cierta sensación de fragilidad que me dejó desosegado, de repente mi apacible ruta se hubiera podido truncar de manera violenta, quien sabe si hasta rodar la cabeza seccionada por el gran impacto de no haberla visto.
Me rehíce del susto y penetré al camino por un acceso aledaño cuando contemplé frente a mí, medio oculto entre unos arbustos, un coche de policía que permanecía con la puerta del conductor abierta y sin nadie en el interior. Observé alrededor buscando a alguien que hubiera podido salir del coche, pensando que debían de haber sido ellos los que probablemente me habían tendido la trampa con la cadena en el camino. No vi nadie y me extraño, -cómo era posible abandonar el coche de esa manera si no era debido a algún suceso extraño,-pensé- por algún lado cercano deberían de estar los policías de esa “lechera”.
Me detuve y puse el pie en tierra, desmonté de la bici y agarrando el manillar con las dos manos, avanzaba lentamente andando a unos diez metros del coche de policía. Tras aquellos arbustos se podía contemplar una gran superficie de terreno despejada para apreciar que por allí no había nadie. Serían sobre las tres de la tarde de un caluroso día de verano y no era de extrañar la soledad a esas horas, podríamos decir que intempestivas. La sombra de un cuervo que cruzó graznando me cubrió por un instante, las chicharras sonaban cerca y aportaban a la escena un grado más de aterrador misterio que no tiene por qué aflorar con nocturnidad y que me tenía perplejo. De repente sentí que el motor del coche estaba encendido, apenas hacía ruido al tratarse de un vehículo moderno, esto acentuó mi inquietud y casi di un respingo cuando del interior del coche se emitió esos típicos sonidos de las emisoras de radio al conectar y una voz desde la central de policía reclamaba la presencia de alguien de la patrulla, que no contestaba.
Mejor me piro y paso de todo esto –pensé p’a mis adentros. Decidí entonces largarme raudamente pedaleando y ciertamente asustado por la anormalidad de la situación, cuando, en el momento que hacía el ademán de montarme al levantar la pierna por encima del sillín pude ver inciertamente a alguien que parecía agachado tras el coche en una leve hondonada  y los arbustos y que desde esa posición y no otra, debido a la perspectiva en escorzo, se podía ver. Fue entonces cuando ya flipé en colores pensando en tiroteos, venganzas, mutilaciones, heridos, redadas sorpresa que me hicieron retroceder la pierna levantada y llevarla de nuevo junto a la otra al mismo lado de la bicicleta pero que malamente mantenían un tembloroso equilibrio. Un sudor frío se mezcló con el caliente, pues debía de hacer l’o menos treinta y ocho grados a la sombra cuando una profunda voz de hombre rudo, me gritó:
-¡Ehh tú! ¿Qué coño haces ahí?
-¿Yooo…? No… ¡nada, nada…! no…, yo ya me voy…, solo pasaba por aquí… - acerté a contestar con voz trémula
-Eso, eso, vete a tomar p’ol culo ¿no ves que estoy cagando joder? – me espetó
-Si…, ya…, ya veo. – Le respondí, esta vez sorprendido, más, si cabe – ya me voy…, ya… pero, de esto habrá que dar parte a la autoridad – me atreví, por último.
-Sí, hombre sí, por mí se la puedes dar toda, ¡No te jode, el nota…! ¡Amos pírate…! ¡Aireee!
Ahora sí que acerté a levantar la pierna y sentarme sobre el sillín, para nada más hacerlo apretar fuerte el pedal y salir veloz por el camino adelante. Cuando llevaba unos metros, giré la cabeza y pude contemplar como el tío, levantado, se abrochaba el cinturón. Después de raudo haber avanzado lo suficiente para haber perdido de vista aquella situación absurda, me paré en una sombra y no pude menos que darme un cachete en la cara, para decirme a mí mismo:

-¡Cómo se puede ser tan bobo y flipao…! Soy un gilipollas, gilipollas, gilipollas, gilipollas…

RfCs

martes, 24 de febrero de 2015

El Cuervo, de Edgar Allan Poe

Hay que poder; poder sentarse o estar sentado o, tumbado, escuchando a Pepe Mediavilla, por todos reconocidísima voz. Sentado y leyendo el poema que le dio la fama al gran escritor americano y dejarse llevar por la dramatización para flipar,
Tras haberlo disfrutado yo, en ocasiones sobrecogido, no puedo menos que compartirlo en aqueste lugar, además de recomendar el canal de youtube de P. Mediavilla que incluye el recitado de otras grandes obras.
RfCs



A continuación el texto íntegro de la traducción de  Julio Cortazar
(Aquí en ingles y algo más de información curiosa)

EL CUERVO 
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

miércoles, 18 de febrero de 2015

Pino Danile en el recuerdo

Siento especial pena por aquellos que se van al otro barrio mientras que estando en este se han dedicado a la creación de belleza, la que han logrado mediante el estudio y el manejo de métodos y herramientas, de muy complicadas técnicas y comprensión  para el resto de los mortales; además, se han visto tocados por varita mágica de la genial inspiración y por si todo esto no fuera poco han sido populares en el sentido de poder llegar a un amplio espectro  de personas, eso sí, algo atentos, que no otros, que siendo grandes y geniales  no están al alcance de cualquiera, por complejos, enrevesados, elitistas, no es el caso.
(Si hasta ahora no se entiende de qué va esto, no voy a estas alturas desvelarlo a las claras, ya aparecerá al entendimiento por sí mismo)
El otro día, algo así como despistadamente, me dicen que ha muerto Pino Daniele, casualmente el día anterior, mientras volvíamos en la furgoneta de cenar del pueblo de al lado, sonaba una canción suya, de esas contagiosas, y alguien preguntó quién era el que sonaba… Como podía imaginar que esa sería la última canción suya que escuchábamos mientras él estaba con vida, muy lejos, pero vivo, una canción grabada hace tiempo que venía a traernos, ese último aliento de su presencia física en este mundo, a partir de ahora ya no será lo mismo, ha pasado a formar parte del club de los cantantes muertos.





Desconozco su dimensión en España, si gozaba de seguidores, aunque a la escucha de sus canciones es de suponer la rendición multitudinaria incondicional; no sé si llegó a tocar aquí alguna vez, que supongo que sí, yo al menos no le vi jamás, pero tenía con él una pequeña y sencilla historia personal:
Conocí su música por la intermediación de nuestro amigo Alfonso allá por los tempranos ochenta. Eran tiempos de compartir casi todo y nos gustaba recomendarnos artistas que por lo que fuera llegaba uno antes a su conocimiento. Alfonso huyó de este país o  buscó  una nueva dimensión para su vida. De trabajo por aquí, pues como siempre, mal, es difícil encontrar la senda laboral que nos suponga algo de satisfacción y sobre todo ese primer tramo, Alfonso andaba por aquí metido en demasiados submundos como para poder salir a flote e indemne, su escapada al país de la bota era obligada, con los años allí consiguió obesidad, diabetes, alopecia, mujer, dos hijos y labrase un futuro, hasta se convirtió en un estudioso, experto y cotizado guía turístico romano, pero eso sí, yo perdí un amigo, aunque se podría decir aquello de: siempre nos quedará Pino.
Tuvo Pino Daniele, por estos lares un éxito comercial con una canción que sonaba en los garitos  de aquellos ochenta, llamada: KEEP ON MOVIN. Yo la conocía sobradamente y me animaba bastante su pulsante ritmo bailongo y peculiar solo de guitarra.
 Un buen día, entré en una tienda de discos de barrio. Me encantaba pasar los discos con los dedos rebuscando siempre que no estuvieran demasiado prietos, entre los gigantescos, vistos hoy, vinilos, y encontrar alguno de mi gusto y mira por dónde, en aquella tienda a la que jamás volví, encontré el maxi single de aquella canción estando este marcado con irrisorio precio, no pude menos que adquirirlo gustoso entre amistosos recuerdos. Llegué a comprarme un par de discos contemporáneos suyos con los que también disfruté muy buenos ratos, eso sí sorprendido de que apenas entendía nada de su italiano napolitano cuando siempre se ha pensado que la lengua trasalpina es parecida  a la traspirenaica pero cogía menos que del inglés, que ya es decir. Otro día, aparqué la moto en una acera cercana a la plaza de Santa Ana con la intención de pasear por el entorno, me encontré de bruces magnetizado con una extraña tienda de discos, estos de cedés , fue allí donde compré un triple CD de Pino, Platinium, que hacía un repaso de su historia musical que me sirvió para descubrir alguna canción suelta del disco que debía formar parte. Ya entonces tenía  descargado en el ordenador la discografía completa que iba desgranando tranquila y lentamente. Discografía que por entonces debía de contar entre recopilaciones y demás en torno a veinticinco discos, con sus letras y portadas. En ellas se puede apreciar cómo hemos ido envejeciendo juntos desde aquellos ochenta hasta el siglo XXI, engordando y encaneciendo.
Formaba Pino Daniele parte de particular olimpo de artistas que me erizaban el bello y siéndole muy infiel lo tenía guardado con respeto y admiración para que recurriera en mi  auxilio si acaso me viera necesitado rodearme de una especial sensibilidad y exquisitez melódica como la que él volcaba a espuertas en sus canciones y, que extraño,  todo esto sin entender ni papa de lo que canta, qué tendrá la música, Dios.
Grande Pino, saludos a Antonio.
RfCs


martes, 10 de febrero de 2015

DIARIO DE UNA COLONOSCOPIA

Dedicado a todos aquellos que pudieran esperar realizarse una de estas pruebas médicas.

Diario de una colonoscopia
1º Todo comienza por el principio
No, no es que tuviera especial es ganas de hacerme una, como más de un chistoso mal pensado pudiera pensarse, lo digo por aquello de la penetración anal como es  en definitiva en lo que consiste el asunto, pero la cosa es más seria de lo que parece, y más a la vista de la confesión ante el médico de antecedentes familiares, eso sí, bajo interrogación y con una cierta reserva. Recuerdo que cuando era niño y en alguna película de esas americanas se hablaba de antecedentes  penales yo, inocente de mí, relacionaba antecedentes con antepasados familiares y me preguntaba qué culpa pudieran tener estos antepasados  en los delitos cometidos por su predecesor familiar. Lo cierto es que mis antecedentes genéticos, y ahí es donde va el tema, y en concreto mi progenitor, sufrió en sus propias carnes la mordida de la bicha, llámese cáncer de colon. Qué hacer sino, ¿olvidarme?, ¿dejarlo pasar? ¿Esperar mejores tiempos o…, quién sabe si peores?
La  reacción de la señora médica fue fulminante: “Si, tienes que hacerte  una colonoscopia, este tipo de cánceres tiene un alto grade de carga genética  y además ya tienes una edad…” Acto seguido inmediatamente me estaba imprimiendo los papeles necesarios para la petición de cita, de la cual me avisarían desde  el “puto” servicio privado de gestión de citas, además de un tríptico donde se indicaba toda la información al respecto, preparación para la limpieza intestinal  y otros asuntos, como dietas, etc.
No le hice caso a nada, no tenía ninguna prisa y la doctora me indico que pudiera tardar  en par de meses y que desde el momento que me la confirmasen por teléfono  acudiese a su consulta para  la petición de análisis de coagulación, lo que parece es necesarios caso de tener que, in situ, realizar la toma de alguna muestra  o pólipo durante el desarrollo de la prueba. Con este tiempo largo de espera pudiera decirse que salí de allí como quien dice silbando desenfadado, ya tendré tiempo.
Pasé previamente a recoger el preparado requerido donde me había indicado la doctora y, tras esperar un buen rato me dijeron que no me lo podían dar hasta saber dónde se iba a realizar la prueba, ya que pudiera variar el tipo de medicamento.  Vale, me pareció razonable…, adiós entonces.
2º El engaño
No pasó ni tan siquiera diez días cuando…
-Hola, ¿es usted tal, tal y tal?
-Si dígame, soy yo.
-Le llamaba para la prueba de la colonoscopia que tiene usted pendiente…
-Sí, si dígame
-Vale, era para citarle el día 3 de febrero de 2015, a las 12. 20 horas en el dentro de especialidades de puerta de Toledo…
Yo, creyente defensor de la sanidad pública conozco el centro de especialidades de la puerta de Toledo como un ambulatorio de la seguridad social y aunque extrañado por llamarlo así, o que allí se practicasen este tipo de pruebas me pareció bien, pienso en la relativa cercanía de mi casa y respondo…
-Si de acuerdo, vale para ese día, está bien…
-vale entonces, le confirmo la cita para el tres de febrero 12,20 horas, ok, confirmada.
-Tiene usted entonces que acudir al hospital VOT, de la calle San Bernabé nº3, ya le llamaran para confirmárselo a usted…
- Sorprendido por lo de VOT -respondo- ¿Cómo  ha dicho, hospital qué…? Pensando que no me cuadraba eso de hospital…
-Sí, hospital VOT de la calle San Bernabé nº 3, al ladito de la puerta de Toledo, saliendo del metro Puerta de Toledo lo tiene usted a un momento…
No sabiendo cómo reaccionar en ese momento la respondo:
-Bien, vale…
-Vale entonces, adiós, buenas días.

Fue colgar y pensar: ¿Comorrrrrr? -Me pregunto perplejo-, mediante un truco dialectico me la han metido doblada y me han derivado a un centro privado, ¡Tócate las mandarinas! que diría Joaquín Reyes.
Bueno vale, acepto resignado, total esto tampoco es muy importante para el gasto sanitario madrileño pienso mientras reordeno los datos de la citación, aunque a posteriori se verá que en realidad si lo es por la cantidad de asuntos que acarrea, ahí es donde está la cuestión…, la dineraria.
3º Metidos en materia
Cita de nuevo con la doctora:
-Nada que me han dado la cita, como que se han adelantado valiéndose de la prontitud  y ciertas mañas me lo han dado en un centro privado-. Se lo digo así, pues siento la intuición de que ella es al igual que yo es defensora de la sanidad pública, que no sé si será así. Me confirma mis sospechas con alguna ambigüedad…
-No si ya, son unos sinvergüenzas…, en fin,  no sé si dará tiempo a los análisis- ¿has recogido el preparado de limpieza intestinal?
-No, no, ya me dijeron que dependiendo donde se hiciese se trataba de uno u otro, pero ahora que ya lo sé, lo recogeré ahora.
-Bien, los análisis te los haces el lunes. ¿Vale? Y ya te doy cita para el lunes siguiente en una semana y los recoges aquí.
-Vale, de acuerdo.

Bajo a extracciones a solicitar el preparado. Este me lo debían entregar en la sala donde se realizan las extracciones de sangre diarias de las que hay  ciento y la madre. Están acabando y quien llama a los pacientes me incorpora a la fila ¡Soy el último! Tras un buen trato con él y rato en la fila, ya en las puertas le expongo mi solitud a la señora enfermera de la mesa, justo a la entrada y me exige que espere que ultimen los asuntos vampíricos para atenderme. Bien-digo- ya vendré entonces otro día, el del análisis mismo, y marcho razonablemente conforme.

Y llegó el día del análisis como quien no quiere la cosa, ya se sabe: Madrugar, ayunas, espera, pinchazo y de paso  le reclamo de nuevo el tan traído preparado, pues nada, que  al final del todo, no vaya a ser que se entretengan un minuto, si… ¡un minuto! Espero pues razonablemente incomodo, no obstante soy de los últimos y aun a pesar de haber aguantado ya cuarenta minutos que llegara mi turno, espero paciente otros treinta que lo hicieran todos para que se me realizase la entrega.
Por fin no queda nadie. Habiendo pasado algo de tiempo veo que aquellos que se encontraban practicando las extracciones empiezan a salir para sus consultas  (son enfermeros del consultorio) me abalanzo a la puerta, educadamente se lo pido a aquella que anteriormente me había dicho que esperase fuera y me lo vuelve a decir, no tardaría en salir.
De vuelta a la sala de espera con una cierta rabia ya, tengo aún que soportar otro rato, que muchas veces al sentir de un paciente, se nos antojan estos tiempos a pesar de ser cortos, incombustibles.
Sale por fin la enfermera con una caja que me entrega diciéndome que es la única que disponen ahí, la única que dan, que siga las indicaciones de la doctora….
Pequeñas, mínimas, infinitesimales, diminutos efectos sobre una simple y vulgar persona pero como me ha tocado precisamente a mí me hacen sentir enormemente irritado, molesto y rabioso: ¿Por qué coño no me las dio el primer día si son las únicas de las que disponen? Me han incordiado a mí  y los he entretenido yo ellos más que si desde el primer momento estos se hubieran salido de su plan perfecto de trabajar y fastidiar al que les pudiera sacer  de su orden de prioridades y me lo hubieran dado al principio. A pesar de todo, cuando a uno al final consigue lo deseado se da por satisfecho, pero joder… ¡qué os follen!
4º la precipitación
Se acerca el día y me siento irremisiblemente forzado a la lectura del manual de actuación en caso de colonoscopia…, joder… ¡mi caso! Vale, resulta que hay que hacer una dieta previa de tres días pa’tras al de la prueba  y justo el día  anterior, dieta líquida, que ni pajolera idea de cómo hacerlo teniendo en cuenta que ese mismo día debo de realizar la toma de la suspensión evacuante, y por si esto no fuera poco beber agua…, mucha agua; ya iremos viendo, me convenzo a mí mismo y, doy por bueno ese convencimiento.
Encontrándome yo en mi lugar de trabajo recibo una llamada: Cuéntame cosas tuyas porque quiera  poder saber lo que es tu vida, (rif de saxo) cuéntame cosas tuyas que junto a ti  me podrá volver la fe perdida… (Suena lo que es mi tono de llamada del móvil, una canción de Los Ros)
-Cari te cuelgo que te van a llamar ahora mismo del hospital… y cuelga.

Coño, el hospital, pienso en mi tía que está ingresada en una residencia, debe estar mal y han debido de llevarla a urgencias, y si es del hospital pues muy bien no estará…

Efectivamente suena el teléfono al momento:
-Sí dígame.-no reconozco el número que aparece.
-Sí hola, le llamaba del hospital de VOT para confirmar una cita con el anestesista motivada por la prueba que tiene usted pendiente.

Respiro aliviado y concuerdo una cita para mañana viernes.

Debo de dejar el puesto de trabajo para acudir a esa cita. Previa solicitud y bajo promesa de regresar con un justificante, marcho a la consulta. Se aparca bien, es zona verde, con dos euros tengo para una hora pero…., debo de abandonar la sala de espera pasada esa hora sin entrar en la consulta y cambio de lugar la furgoneta con la que he ido, `pereciéndome mejor dejarlo en el parking del cual dispone el hospital mismo. Los sitios son muy estrechos y apenas puedo maniobrar, rozo con el morro a un coche aparcado y quiebro, sin romper eso sí, los dos retrovisores míos.  Mierda. Cuando vuelvo se habían descabalado el orden por el que entraríamos a consulta, tras unos momentos de desconcierto alguien decide que soy el siguiente, pues muy bien. Entro…
La doctora anestesista recostada y hundida en la silla y las piernas estiradas bosteza con la cabeza apoyada sobre la mano, que a su vez se apoya en el  codo sobre la mesa,  por lo que pienso que muy grato no debo de resultarle tras un incesante paso de pacientes con la misma historia, resultado de análisis, que yo no llevo, y un poco de historial médico, todo esto con el importante fin de valorar el grado de riesgo de una posible sedación en función de cada cual.
Regreso al trabajo con el justificante y la irritante sensación de haber visto por ese hospital privado a una serie de gente de las que parece te miran por encima del hombro, eso sí muy bien vestidos.
5º La preparación
Me tomo lo que será mi última cerveza antes de la dieta previa a la prueba en un bar del centro acordándome de aquella ridícula portada del ABC en la que mostraba  a los sindicalistas tomando una caña después de una manifestación. Igualmente habíamos acudido a la concentración que ponía en marcha el reloj Tic tac, tic tac de una nueva era que se prevé que llegará pronto. Lo que no sé es que tiene que ver el hecho de tomarse una caña después de algo así, ni con la actualidad, ni con la información, ah bueno, se me ocurre que se deba a algo malintencionado motivado por  alguien ridículo.
Ya habíamos acordado un menú formado por dos desayunos, dos comidas y dos cenas que comenzaría con la comida del sábado y acabaría  con el desayuno del lunes compuesto de una dieta baja en residuos, que básicamente incluiría los alimentos que si podía tomar y que se incluían las instrucciones de uso que me había dado  mi “amable”  doctora de cabecera, que no eran pocos ya que efectivamente  se incluían suficientes como permitidos; no está mal, al menos para componer un menú de dos días no. Lo peor viene con lo que no se podría, como frutas, verduras, legumbres, carnes grasas, embutidos, chocolate, a mí que soy adicto, pasteles, huevos fritos o frutos secos, pero que vamos, tratándose de un par de días y rigiéndome a las comidas sin picoteos lo preparamos de la siguiente manera:
Comida Sábado: puré de patatas con pollo a la plancha, con pan y postre de melocotón en almíbar; Cena Sábado: Sopa de fideos realizada con el caldo Aneto y Tortilla francesa y un poco de arroz blanco que había sobrado del día anterior. El desayuno del domingo café y galletas; comida: otro filete de pollo con arroz y queso de burgos de postre y, merendé de nuevo un par de medios melocotones. De cena: pescado cocido con el resto del puré de patatas del sábado, eso sí lo calenté en el microondas vertiendo por encima un poco de queso parmesano rallado lo que dignificó un tanto la insignificancia de los sabores. Con esto llegamos al desayuno del lunes que incluía otra vez café y galletas.
Ni pasé hambre ni envidié lo que se comía a mí alrededor a sabiendas de cual era mi obligación por lo que estoicamente me propuse seguirla a rajatabla.  A partir de ahí, nos metíamos de lleno en la dieta líquida y el temido surtido de sobres, nada menos que dieciséis que debía de tomar a partir de las cuatro de la tarde, uno cada quince minutos.

6º El tragaldabas
Ya me habían advertido del castigo que suponía el tema de los sobrecitos y sus efectos diarreicos. Antes de su administración no debía de tomar nada sólido en dos horas por lo que tratándose ya del día de dieta líquida tome con esa previsión tan solo un caldo Aneto que me supo muy bien, siendo en definitiva el único alimento que ingerí durante todo lo que me quedaba hasta la jodida prueba, teniendo una cierta hambre. Esa misma mañana había salido a sacar al perro a veces andando, a veces corriendo a una distancia considerable, eso sí,  sin sentir una especial debilidad debida a mi alimentación medianamente escasa de los dos días anteriores, lo digo por no estar acostumbrado a estas restricciones alimenticias.
Esta mañana de lunes tenía cita con mi doctora ya que debía recoger los análisis que me entregó sin problemas, problemas que sí aparecieron cuando la dije a raíz de las informaciones que iba recibiendo de la incomodidad del tratamiento evacuante previo a la prueba y que según el cual creía incompatible con la presencia en mí puesto de trabajo. La tal doctora llegó a decirme que ese tratamiento sí que era compatible y que nunca había justificado la usencia laboral por algo parecido; incluso ella misma me confesó habérselo hecho. Yo la respondí que tampoco era incompatible trabajar arrastrándome, que no tenía intención de ir a trabajar, me diera o no me diera la baja, (dispongo de la posibilidad de tomar días libres) que la veía muy reacia como si viera en mí una intención de absentismo que no era tal, que iría a trabajar muy a gusto, que no soy de esos, que mirara mi historial… A duras penas me justificó la ausencia de este día y en honor a la verdad tengo que decir hoy, a sabiendas del proceso y la duración del mismo que es imposible trabajar realizando ese tratamiento a no ser que uno trabaje con el ordenador enchufado en un cuarto de baño.
Tras la fastidiosa visita médica de esa mañana contemplé un video en you tube a raíz de una noticia que rezaba este titular: “El placer de contemplar un video sin la molesta música”, curioso pero extraño –pensé-. La visión de alguno de los que mostraba la noticia del periódico digital me provoco un estado de bienestar motivado por la gracia que me hizo y que me llevo a pensar en lo que siempre se ha dicho al respecto sobre el humor, de su necesidad y los efectos que provoca, lo que ya no sabría decir, es que sin saber por qué, hay veces que uno se encuentra  con unos ciertos ánimos más alegres, pues bien, ese día yo me enfrenté a su desarrollo con una especial disposición a tolerarlo y en cierto modo lo achaco a ese vídeo, entre otras cosas, naturalmente.
Llego la hora, las cuatro de la tarde, pero fui más  temerario me adelanté diez minutos. Mediante un vaso medidor que dispongo por casa había previsto el vaso y el nivel de agua al que llegaba los 200 mililitros que no 250, ya que las indicaciones lo enmarcaban entre esas cantidades. Mejor 200 –pensé-, igualmente que cada quince minutos, en vez de diez que era el margen de tolerancia entre tomas que me permitía la posología.
Estando saturado de agua y con cierta sensación de hinchazón ingerí de un solo trago el primer sobre disuelto en el vaso. Bueno, vale, no está muy malo, se puede soportar el sabor algo acre, áspero, salado y levemente astringente lo que provoca cierta sensación de sequedad. Esperando resultados que no llegaron ni con el segundo, ni tercero sino una vez tomado el cuarto sobre cuando comencé a sentir algún incómodo retortijón. Dispuse la alarma del teléfono que saltase cada quince minutos y efectivamente así lo hacía con una insistencia demoledora pareciéndome brevísimo el tiempo entre tomas teniendo en cuenta el que tardaba en preparar la suspensión que es un simple llenar el vaso, abrir el sobre, verter en el vaso y remover un tanto, no importando que quedaran algún residuo, lo ingeriría en la siguiente toma y así sucesivamente. Hasta ahora los iba tomando de un solo trago y parecía que lo soportaba sin dificultad, hasta que empecé a sentir la hinchazón estomacal al quinto aproximadamente que fue cuando empecé a expulsarlos por el lado contrario de donde los tomaba, por el culo. Estas deposiciones tipo paraguas, ya que manchaban todo el inodoro, llevaban más carga sólida arrastrada por la suspensión liquida, la que según leí en el prospecto no eran absorbidos por el organismo sino que eran evacuados por completo, me supusieron de alguna manera cierto alivio en el hinchazón. Y venga a asaltarme la alarma, pareciéndome cada vez más corto el tiempo. Seis, siete, ocho, nueve, que iba tragando bebiendo en varias degluciones, o un solo trago, llámese como se quiera, en lo que tardaba apenas dos segundos. Superado el décimo se veía cerca el final si no fuera por empezar a tener cierta hartura y prever tardar más de una hora en ello a razón de uno cada quince minutos, pero, la expulsión que empezaba a ser muy frecuente me liberaba del inflamiento, comenzando a ser aparentemente estas, solo líquidas. El paraguas se iba plegando poco a poco limpiándome tras cada cagalera con una toallita húmeda hasta parecer que solo meaba por el culo, algo harto curioso de sensación. Lo cierto es que no padecí ninguna muestra de malestar abdominal que no fuera la hinchazón ni la sensación de que necesitaba sentarme a expulsar lo que imperiosamente pedía querer salir de mi cuerpo. Con estas llegué al trece, catorce, quince y el último, el decimosexto que vació la caja, con la insistencia de la llamada cada vez aparentemente más corta, pero tomándolos como el primero. Fue tomarme el último sobre y tras unas cada vez más breves y limpias deposiciones lo que culminó todo el proceso no teniendo al cabo de media, o una hora, ninguna necesidad imperiosa de ir al baño, al que no volví a ir sino a mear alguna que otra vez más, el intestino debía de estar ya limpio.
Si todo esto pudiera considerarse tortura, aunque leve, no acaba ahí, todavía quedaba la prohibición de ingerir agua. En estas llegó la noche, en la que me había impuesto tomar algo de agua a las cinco de la mañana, hora límite en la que comenzaba la restricción de la misma, seis horas antes de la realización de la prueba. A las cinco de la mañana, alargué el brazo y tomé dos pequeños tragos ¡realmente no me apetecía más! como culminación de todo este tema. Mañana será otro día, el gran día.
7º Todo por nada
Allí que me vi, tras pasar por un frio claustro acristalado de un antiguo convento reconvertido en clínica dirección de la entrada de quirófanos, de la que salió alguien apenas trascurrido un minuto, me recogió los papeles que me habían dado en recepción y me introdujo para el interior, así, sin más, sentado en un frio y estrecho cuarto, desnudo, excepto los calcetines cubiertos por los patucos verdes higiénicos y la humillante bata abierta por detrás, escuchando algo parecido a un monitor cardiaco sonoro y una especie de bomba de aire. Acto seguido voces altas intentando despertar a alguien mientras decían su nombre. Estaba claro: acababan de practicar una a otro paciente. No permanecí en ese lugar más de tres minutos cuando me vinieron a buscar para irme a tumbar directamente en el camilla de un quirófano aún caliente del anterior sufrido cliente del lugar, situado a escasamente tres metros del cuarto en que encontraba, apenas pude observar que había dos o tres personas además de quien me había trasladado hasta allí. Una amable anestesista se presentó diciéndome que me pondría una vía en una vena de la mano derecha que me dolería un poco, como efectivamente fue, pero, nada que no fuera soportable. Levantaron las barras protectoras de mi lado izquierdo y  me indicaron que me tumbase sobre ese lado colocando el brazo derecho sobre la barra y dejando pues mi espalda y más allá, al aire. Igualmente me colocaron en un dedo el lector de frecuencia cardiaca y dispusieron en la cercanía de mi boca un tubito que expulsaba aire, oxigeno me dijeron, que era para poder respirar mejor, algo que agradecí inmediatamente, al momento la anestesista me dijo medio cantando: -bueno esto está en marcha, ahora te vas a dormir así que piensa en algo bonito- mis pensamientos sin saber por qué me llevaron a un bosque verde y frondoso y comencé a sentir un leve vahído cuando debí de caer dormido, pues de nada me enteré hasta que me sacaron de un cálido, profundo y sereno sueño algo así como extrayéndome de él a viva voz. De entre ellas una dijo: -venga, bueno, que ya hemos terminado- ¿ya? pensé yo sorprendido y dije: -Ya, pero si no me he enterado de nada, enhorabuena- agradecí sincero, ¡gracias! respondieron a coro y salí acompañado por el mismo que me había llevado hasta allí advirtiéndome de un posible mareo que efectivamente sufría pero como con la levedad de unos efectos alcohólicos agradables que iba desapareciendo a marchas forzadas directamente proporcionales a las molestias abdominales que me iban apareciendo. Fue cuando llegó M. que me ayudo a terminar de vestirme y me sirvió de apoyo en la salida del lugar. Casi a punto de abandonar la estancia apareció alguien de entre quienes habían realizado la prueba y nos dijo que estaba todo bien, no habían visto nada y mandarían el informe a mi médico. Ya en el coche apenas conservaba el mareo y sí mucho de dolor que in crescendo me molestaba amargamente hasta llegar a casa y buscar la postura que me resultase más cómoda para pretender expulsar los gases que me habían inoculado y que me habían advertido que expulsase abiertamente a la menor ocasión, sin rubor.
Tres peos no son nada y sí cuatro, que empiezan a parecer una tormenta, aunque lo peor es el primero que se hace de rogar y que llegado resulta liberador, aunque una vez desatado el vendaval viene a ser este algo así como un derramarse gaseoso del que debía de poner de mi parte. Poco a poco iba expulsando y desapareciendo las molestias por completo aunque por mi interior notaba que todavía existían circulaciones de aire en busca de un lugar donde acomodarse o expandirse. Pero fue a raíz de una pequeña siesta que me eché en la cama; tras haber estado tumbado sobre un costado un rato me di la vuelta apoyándome en el contrario; a los breves momentos, los aires internos debieron encontrar el orificio de salida cuando entonces sí, mediante una ligera presión abdominal voluntaria  me tire un pedo del ocho, de esos que mueven las sábanas por el viento y temblor provocado; tras él, encontré el absoluto equilibrio corporal que tenía antes de que empezase toda esta historia y por lo que se podría decir que, gracias a un pedo acabo todo.
Rafael Cuevas
5 de febrero de 2015







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