miércoles, 18 de febrero de 2015

Pino Danile en el recuerdo

Siento especial pena por aquellos que se van al otro barrio mientras que estando en este se han dedicado a la creación de belleza, la que han logrado mediante el estudio y el manejo de métodos y herramientas, de muy complicadas técnicas y comprensión  para el resto de los mortales; además, se han visto tocados por varita mágica de la genial inspiración y por si todo esto no fuera poco han sido populares en el sentido de poder llegar a un amplio espectro  de personas, eso sí, algo atentos, que no otros, que siendo grandes y geniales  no están al alcance de cualquiera, por complejos, enrevesados, elitistas, no es el caso.
(Si hasta ahora no se entiende de qué va esto, no voy a estas alturas desvelarlo a las claras, ya aparecerá al entendimiento por sí mismo)
El otro día, algo así como despistadamente, me dicen que ha muerto Pino Daniele, casualmente el día anterior, mientras volvíamos en la furgoneta de cenar del pueblo de al lado, sonaba una canción suya, de esas contagiosas, y alguien preguntó quién era el que sonaba… Como podía imaginar que esa sería la última canción suya que escuchábamos mientras él estaba con vida, muy lejos, pero vivo, una canción grabada hace tiempo que venía a traernos, ese último aliento de su presencia física en este mundo, a partir de ahora ya no será lo mismo, ha pasado a formar parte del club de los cantantes muertos.





Desconozco su dimensión en España, si gozaba de seguidores, aunque a la escucha de sus canciones es de suponer la rendición multitudinaria incondicional; no sé si llegó a tocar aquí alguna vez, que supongo que sí, yo al menos no le vi jamás, pero tenía con él una pequeña y sencilla historia personal:
Conocí su música por la intermediación de nuestro amigo Alfonso allá por los tempranos ochenta. Eran tiempos de compartir casi todo y nos gustaba recomendarnos artistas que por lo que fuera llegaba uno antes a su conocimiento. Alfonso huyó de este país o  buscó  una nueva dimensión para su vida. De trabajo por aquí, pues como siempre, mal, es difícil encontrar la senda laboral que nos suponga algo de satisfacción y sobre todo ese primer tramo, Alfonso andaba por aquí metido en demasiados submundos como para poder salir a flote e indemne, su escapada al país de la bota era obligada, con los años allí consiguió obesidad, diabetes, alopecia, mujer, dos hijos y labrase un futuro, hasta se convirtió en un estudioso, experto y cotizado guía turístico romano, pero eso sí, yo perdí un amigo, aunque se podría decir aquello de: siempre nos quedará Pino.
Tuvo Pino Daniele, por estos lares un éxito comercial con una canción que sonaba en los garitos  de aquellos ochenta, llamada: KEEP ON MOVIN. Yo la conocía sobradamente y me animaba bastante su pulsante ritmo bailongo y peculiar solo de guitarra.
 Un buen día, entré en una tienda de discos de barrio. Me encantaba pasar los discos con los dedos rebuscando siempre que no estuvieran demasiado prietos, entre los gigantescos, vistos hoy, vinilos, y encontrar alguno de mi gusto y mira por dónde, en aquella tienda a la que jamás volví, encontré el maxi single de aquella canción estando este marcado con irrisorio precio, no pude menos que adquirirlo gustoso entre amistosos recuerdos. Llegué a comprarme un par de discos contemporáneos suyos con los que también disfruté muy buenos ratos, eso sí sorprendido de que apenas entendía nada de su italiano napolitano cuando siempre se ha pensado que la lengua trasalpina es parecida  a la traspirenaica pero cogía menos que del inglés, que ya es decir. Otro día, aparqué la moto en una acera cercana a la plaza de Santa Ana con la intención de pasear por el entorno, me encontré de bruces magnetizado con una extraña tienda de discos, estos de cedés , fue allí donde compré un triple CD de Pino, Platinium, que hacía un repaso de su historia musical que me sirvió para descubrir alguna canción suelta del disco que debía formar parte. Ya entonces tenía  descargado en el ordenador la discografía completa que iba desgranando tranquila y lentamente. Discografía que por entonces debía de contar entre recopilaciones y demás en torno a veinticinco discos, con sus letras y portadas. En ellas se puede apreciar cómo hemos ido envejeciendo juntos desde aquellos ochenta hasta el siglo XXI, engordando y encaneciendo.
Formaba Pino Daniele parte de particular olimpo de artistas que me erizaban el bello y siéndole muy infiel lo tenía guardado con respeto y admiración para que recurriera en mi  auxilio si acaso me viera necesitado rodearme de una especial sensibilidad y exquisitez melódica como la que él volcaba a espuertas en sus canciones y, que extraño,  todo esto sin entender ni papa de lo que canta, qué tendrá la música, Dios.
Grande Pino, saludos a Antonio.
RfCs


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