miércoles, 10 de febrero de 2010

Realidad Social


Voy por la calle, me cruzo con alguien que conozco, es M.
-Hola ¿qué tal?
-¡Hombre, hola! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo os va? ¿Qué tal? ¡Como ya no coincidimos casi nunca…!
-Eso es, bueno…, bien,… por aquí a ver si compro algo. ¿Y vosotros?, ¿qué tal?
Me mira por encima de las gafas de ver, tiene esa costumbre. Baja la cabeza y mira por encima. Ella es bajita…
-J. está sin trabajo- me dijo sin rodeos-, le han despedido y ya no le llaman lleva así cinco meses, y J.M. ahora está cuatro horas, antes estaba doce, y le ha dejado cuatro. Él está sin contrato ni seguridad social, pero por lo menos tiene algo. El miedo me da, que se pasa el día en la carretera y claro ¡con las cosas que pasan…! Así que sí te enteras de alguna casa para ir a limpiar…
-Bueno, la verdad es que no se nada de eso…
-Lo que `pasa es que te llaman una vez, le haces lo gordo, y no te vuelven a llamar hasta dentro de seis meses.
-Si, es la putada, pero vamos, si me entero de algo se lo digo a R. y te lo haga saber.
-Eso es…
-Venga… pues...-me quedo sin saber que decir-, pues nada..., me voy..., a ver si se soluciona el tema cuanto antes…
-Es lo que hace falta..., está la cosa jodida… Vale ¡adiós!
-¡Adiós!
Sigo caminando dirección hacia la tienda donde tengo que comprar. Suelo ir allí, aunque pueda parecer un tanto lejos de casa, te ahorras unos centimillos, aunque como dice aquel: “mira tú que ahorrar en alpiste p’al canario”. En la puerta me encuentro a un negro “vendiendo” La Farola. El gorro cubriendo su cabeza, el cuello del abrigo levantado. Hacía frío y se resguardaba bajo el umbral de la puerta automática, supongo que no le permitirán estar dentro de la tienda. A este supermercado, no viene mucha gente; generalmente somos amas y amos de casa a hacer la compra del día, que como yo, vamos con diez o veinte euros. Leche, pan, yogures, algo de carne y cosas por el estilo, vino, cerveza, queso, aceite, etc. Por eso, sorprende que a este tipo de sitios tan “humildes” vengan a practicar la mendicidad. Es como si en cada portal de cada casa, tuviese un mendigo esperando el paso de cualquier vecino. La novedad ahora, viene dada por el cambio sustancial del tipo de pobre. Si antiguamente te solías encontrar pidiendo a alguien, podríamos decir que “de mala vida”, borrachos, drogatas y un tanto de desahuciados sociales, hoy, en cambio, son personas normales y aparentemente válidas para ganarse el jornal. Gentes que encuentran la exclusión en su condición de “ilegales” o de parados, y que perfectamente podrían, si se diera la adecuada circunstancia, participar en el sistema laboral y económico de este puto país.
Que cada cual saque conclusiones.

Rafa Rice desde Radio Lucientos.

1 comentario:

juan uno de ambos dijo...

Hoy me enterado que los españoles hemos sido el tercer país del mundo en cuanto a la ayuda al pueblo de Haití por detrás de EEUU y Canadá, con dos cojones si señor, solidaridad de la mayoría de clase obrera, así somos los españoles cuando el problema no lo tenemos cerca de casa, y en cuanto a la pregunta que porque están en una humilde tienda de barrio pidiendo ¿quizás porque la gente humilde sabe lo que es sufrir? Y nos solidarizamos mas con la causa esta es mi reflexión
Saludos.