lunes, 22 de febrero de 2010

Por la defensa del sector público


Y me dice: -hasta que no vine a Madrid no lo había notado, como… que aquí se vive otra realidad, o es en otros lugares donde se viven otras realidades diferentes a las de aquí-, se refería indudablemente a, La Educación, y la Sanidad, de eso estábamos hablando.
Uno que está instalado todavía en la generación de las ideologías, sabe que estas pueden resultar perjudiciales, pero aún así, cree en ellas, con ellas convive, ellas le dirigen.
Si hay una frase que odio rotundamente y que además pulula instalada en el imaginario popular es la que dice eso de “hay que tener amigos hasta en el infierno”, igualmente existe otra creencia que piensa que todo aquello de lo que uno pueda salir beneficiado personalmente es lo correcto, e incluso susceptible de mostrarse alardeando de ello. A mi todo esto me resulta obsceno y más que criticable. Lo mismo me parece la huida hacia delante en lo que se refiere a la educación privada o concertada y los seguros sanitarios, que no es más que un pretendido beneficio personal, así como en espantada, sin preocuparte de lo que dejas detrás; y todo desde una posición de poder, de poder permitírselo además, incluso, resultando para algunos un esfuerzo que piensan, merece la pena.
Existe una percepción en la ciudadanía española en la que la mayoría pertenece o se define como de clase media.
Ante una encuesta en la que preguntaban en que clase social se sentían instalados los ciudadanos, tal que alta, media o baja, la mayoría de los encuestados se decidía por la clase media, que dicho así puede parecer lógico en este país de manipuladores y manipulables, en el que parece disfrutamos de una abundancia de la que nunca antes se disfrutó por aquí, y gracias a ello, nos afecta de manera que parecemos privilegiados. Pero entonces, y ahora viene lo interesante, la pregunta se planteo en sus justos términos que no depende del nivel de renta o estándar de vida, sino la distancia social entre los colectivos que la forman, distancia que según parece no solo no ha disminuido sino que ha aumentado, y no es otra que si en realidad se sienten porque lo son, burguesía, pequeña burguesía, clases medias, y clases trabajadoras, la respuesta mayoritaria es obvia.
Las fuerzas políticas de derecha tienen como ideal claro, defender los privilegios de los que gozan, no se si decir, heredados o conseguidos, e insisten en seguir beneficiándose de ello para sí, y para algunos de sus afines que son una serie de aliados a los que se aferran y los que a la vez, bajo su auspicio, pueden resultar también ellos beneficiados (llámense iglesia, ejércitos, capital-banca) además se sienten muy cómodos en las ideologías moralistas, pero no por ello cínicas o hipócritas, (como esa defensa a ultranza de la familia siendo aquellos gobiernos democristianos los que menos ayudan a las familias, a efectos prácticos como guarderías, ayudas a domicilio, a dependientes, residencias, etc.), con las que convencen a tantos, que les sirve de palo de pastor, esto es, para que no “se nos despiste nadie” y tenerlos bajo su dominio y control. En base a esa rueda que aplasta y machaca, continua y repetidamente, por fin se consigue instalar en la sociedad un tipo de pensamiento católico-conservador, distante de la calle y su realidad, temeroso, egoísta, luego anti social, en el que los perjudicados y excluidos son repelentes, vagos, extraños, ladrones, y no merecedores de los servicios públicos. Esa rueda también practica no solo el rechazo pasivo de los servicios públicos, sino, activo, esto es, desprestigiándolo, ¿cómo?, no dotándolo de mejores o mayores presupuestos, practicando recortes constantes, ofreciendo la alternativa privada que constantemente se promueve, como solución al caos. Todo esto mina la sociedad en un constante descrédito de lo público, que parece huir despavorida hacia lo privado y que además produce autoelogio como logro personal.
Luego que somos clase trabajadora, y con muy escasa cuota de poder influir en las decisiones políticas que nos resultasen beneficiosas y mayoritarias, debiéramos buscar los cauces de actuación para conseguirlo y entre ello se encuentra la defensa de los servicios públicos: Sanidad y Educación. No contratando seguros Médicos y Matriculando a nuestros hijos en colegios públicos, y para aquellos concertados (que reciben ayuda pública), exigiendo que igualen la misma cuota de alumnado teóricamente conflictivo que cualquier centro dependiente del Ministerio de Educación.
¡Viva la Clase Trabajadora!
¡Por la defensa del Sector Público!


Rafa Rice desde Radio Lucientos

1 comentario:

juan dijo...

Buena reflexión sacada del libro del profesor Vincenç Navarro, yo la verdad es que es tan interesante el libro que me era imposible sacar una reducida crónica ya que como bien sabes el libro no tiene desperdicios.
Y en estas estamos nos están vendiendo la burra y nosotros en la inopia.
Salud.