domingo, 22 de noviembre de 2009

Nuestros pequeños Héroes


Estos de aquí, sí que son cercanos.
Vas por la calle, una cualquiera, te cruzas con ellos, en un bar, un parque, salen de una casa cerca de la tuya, van en coches como los tuyos.
Uno va a el campo, y ve un partido de fútbol, cerca, aquí al lado, los puedes tocar, si les hablas te oyen, tu ánimo se recibe y los hace sentir arropados, los abrazas si golean, los llamas y te atienden, te miran.

Jamás he visto correr tanto, entregarse al bien hacer, como estos, obligados por su compromiso personal, por su “contrato de honor”, hacer esas demostraciones de entrega, esfuerzo, sacrificio, resignación, en esos partidos en que dan lo que tienen sin guardarse, con un esfuerzo en las llegadas, en las carreras, que raya su límite; dándose en sacrificio para ese logro común, o resignados a la suplencia o en la derrota con humildad.


Estos encuentros conservan la esencia, sí la esencia, de lo que ha venido a resultar el futbol. Es el de aficionados, el que parece que no merece la pena. ¿Acaso no nos resultará más gratificante el disfrutar de este tipo de partidos que no aquellos de esos desconocidos que nos ignoran y a los que somos capaces de desembolsar grandísimas cantidades de dinero y dedicación? En estos lugares, también, o mejor dicho, igualmente levitan campos con emociones desatadas, euforias, decepciones, y todo lo que pudiera tener un fútbol de gran división.
Aqueste tiempo de idolatría, en el que llegado el momento parece que debemos vencernos a todos esos ídolos de barro que se nos presentan a cada instante y en cada disciplina, musical, deportiva, intelectual… parece que nos olvidamos de aquellos que no gozan de la debida presentación como tales, y que siempre vendrían promocionados por intereses muy variados. Es cierto que en el espíritu humano surge la admiración hacia los logros ajenos como algo innato y de ahí parten también nuestros sueños de consecución aunque sólo sea por pura imitación. A todos nos gusta que nos admiren, por eso tenemos ese objetivo de admiración hacia los demás y sus logros, es un gran motor de ilusión. Alguien dijo que de lo que se sueña algo se consigue, aunque solo sea que para conseguirlo hay que soñarlo. Ahí es donde entran como reflejo de nuestras expectativas esos espejos llamados ídolos-iconos que se imaginan de maravillas, héroes en los que fijarnos. ¿O no? La juventud rápido cae en las redes de la idolatría, tal vez sea por sus urgencias de experiencias y logros. En esas estamos cuando el impulso personal o la querencia de cada cual tira para allá o acá. Pero resulta que llegados a este estado surge la sociedad del espectáculo. Aquello que vacía de contenido las muestras de cualquier actividad artística o no, y las convierte en puro entretenimiento, sin reflejo ni interés que no sea pasar el rato en un interminable bucle de ocio y pura contemplación como relleno del mismo.
Por eso, ahí, con nuestros pequeños héroes de cercanía se disipa, (como humo que confunde y que sin él queda claro la visión), la falsedad de esas otras cuestiones para presenciar una verdad, la de nuestra realidad.





Sr. Rice de Uno de los Dos.

1 comentario:

juan dijo...

Esto es como comparar al teatro de aficionados al teatro de profesionales, la única pega es que estos chavales sus espejos donde se miran es en esos ídolos profesionales y aunque tu lo planteas tan idílico,también estarás conmigo que la soledad de esos árbitros "héroes",esa afición les trata como verdaderos profesionales,y esto es parte de la fea realidad de ese fútbol que teniendo razón tan gratos momentos nos da..