lunes, 9 de noviembre de 2009

Atlético 2- Real 3


Atlético 2-Real 3
El dedo en la llaga
A base de demostrárnoslo año tras año de lo que llevamos de siglo, uno empieza a pensar que no será posible, que nos sobarán el morro una vez más, sin problemas, sin complicaciones, fácil. Uno pierde la fé. Hay tiempo de prevenirlo, arreglarlo, corregirlo… ¡da igual! ¡No hay manera! La desigualdad es manifiesta de entrada, al ir perdiendo antes de empezar por el canguelo que aterra, bloquea y agarrota. Un gran acto de fé nos devuelve la creencia, el acudir al estadio, que es la llaga, la herida penosa; la masa popular, alegre, convencida, el dedo. Esta demostración parece que nos reconforta y convence y aunque la mosca volaba tras nuestras orejas, tal magnitud humana que completaba el aforo, tal despliegue de ilusión nos aportaba la confianza que debería de servir para algo, llevarnos a algún lado. No era sino un engaño. Un compañero de grada, más callado de lo habitual, nos radiaba los tres primeros minutos: “minuto uno y cero cero… minutos dos cero a cero… minuto tres empate a cero…” en los que todavía se conservaba la igualdad como algo sorprendente. El primer disparo a puerta del contrario, no obstante, sirvió para comprobar ese engaño al minuto cuatro y algunos segundos; se certificó al poco; y se remató más tarde. Partido matado, acabado, finiquitado. Se paso el tiempo de la acción habiendo tiempo todavía, ¡que contradicción! ¡Cómo es posible tanta inoperancia!, tan poca capacidad de respuesta, de superación.

Lo Inefable.
Lo que paso después no lo cuentan las crónicas ni lo contaran, pues no existen palabras que puedan hacerlo. Es lo inefable, el misterio, la magia, sólo quien lo vivió es capaz de tener una idea de los hechos. ¡Qué minutos! ¡Qué catorce minutos! ¡Cuanta emoción! ¡Cuanta pasión! Los cimientos del Calderón levitaban y elevaban el estadio unos centímetros, unos metros, ¡Todo era posible! El campo por simpatía vibraba de temblor de los miles de nervios desatados, ¡Qué suerte de atlético! ¡De rojiblanco!, del que no es capaz ya de mirar derretido de puro trémulo, del atónito con las manos en la cabeza por increíble, del huyyyyyy constante, del noooo, del siiiiii, del ¡Vamos!, del ¡Ahora!. La competición, la disputa del duelo deportivo con su contención que obliga a regirse a las reglas, que todo el mundo acepta, y que espera la patada decisiva que desplazará el balón donde debiera ir a parar una y otra vez. De dónde salió este empuje es un misterio, este convencimiento que nos hace creérnoslo. ¡Qué uno contra uno! ¡Qué hormigueo en el estómago! ¡Qué portería tan pequeña! ¡Qué ganas de desgarrarla agrandándola! Cuando se acaba el tiempo, aún hay tiempo. ¡Qué locura! Solo en la locura, en esta irracionalidad hay vida, ¡Qué suerte de escudo, de banderas, de jugador, de rayas fulgurantes, de pertenencia!
Catorce minutos que nos glorifican y a la vez nos crucifican, no pudo ser, en otro siglo será.

Radio Lucientos de Uno de los Dos, para paelladegazpacho.

1 comentario:

juan dijo...

Me quedo con lo inefable=impronunciable,indecible,inenarrable,maravilloso,genial,sublime,único, divino,original.
Aunque se perdió,este atlético es,inefable!