lunes, 9 de mayo de 2011

De la tierra al cielo

De la raiz a los cielos

Sabemos de las excelencias solo reservadas a designios celestiales; para ellos se tiene guardado lo mejor, aquello digno de altas esferas y generalmente de difícil comprensión, grandes operas, orquestas sinfónicas plagadas de virtuosos, impresionantes corales… Todo aquello exige una especial atención y se encuentra lejos del alcance de lo popular. Hay quien ya se ha encargado de eso, de apartar una cosa de la otra, de reservárselo solo para sí, para ellos, para su élite, sabiendo haber elegido lo excelente. Es entonces cuando surge alguien que nos salva porque nos iguala, son músicos que vienen con el alma del pueblo, desde lo popular, de la raíz, de la tierra, reflejándose en sus propias aguas, las que les traen imágenes de al otro lado del río, de la frontera a la que no se le da la espalda, la de su propia historia, son Acetre.

Parece fácil mirarse a sí mismo y expresarse a través de ese filtro, cualquiera podría hacerlo, pero son pocos lo que lo consiguen ¿por qué? La mayoría encontramos afinidades lejos de nuestra esencia y hacemos nuestras, incomprensibles formas de expresión, a sabiendas que son de otras procedencias, de otras sensibilidades, ajenas. Otros, al vaivén de oportunas modas se convencen de agarrar una raíz y la ondean con el puño levantado con las hebras asomando entre sus dedos, diciendo, ¡mirad, esto que sostengo y muestro, es de mi pueblo, qué grande es! Esas afinidades y esas muestras de arraigo hueco, no valen cuando de lo que se trata es de la verdad sin fingimientos ni snobismos, esa verdad que cantaba Leonard Cohen en su vida secreta, que es la misma para todos.
Todo empieza al compás de la liturgia que manda el procedimiento a seguir. Se trata de un teatro grande, sobre unas tablas sagradas desde las que exhibirse, cumpliendo las reglas de corrección, con sobriedad nos vienen a decir, a algunos a iniciar, como tocar el cielo sirviéndose ellos mismos de catalizadores de esa química de la grandeza, de la belleza.
Supongo que los músicos de Acetre se saben poseedores de la magia capaz de convertir la música con esencia tradicional, luego popular, en algo digno de celestiales gozos y, si no lo saben, y poseen la inocente gracia de los ángeles capaz de crear la belleza, para deleite de quienes los presencian, ojala mantengan por mucho tiempo, y van 35 años, esa facultad divina.
El concierto de Acetre se escapa de catalogaciones próximas, para llegar a algunas más profundas, que no son otras que las que cada uno “abra sus carnes” y alcance a encontrárselas. Cuando a través de estos procesos creativos y expresivos, quien lo presencia, consigue una liberación casi purificadora de su sentir profundo, no puede uno más que caer rendido ante la propuesta. Dos horas convertidas en un viaje detenido en el tiempo de sereno goce del que te apeas con algo de pena al prosaico devenir. Sales del mundo en el que la humanidad es mejor y más buena y tú has estado allí conviviendo con ella.
De los tiempos del concierto, su repertorio, de la puesta en escena; de la desaparecida cortina que separa a los ejecutores del público, estableciendo invisibles conexiones; del precioso escenario con colores cambiantes que envolvían la escena de maravillosas ondas luminosas; de la calidad del sonido, preciso, nítido, justo, de todo esto, qué se puede decir sino que..., todo ha sido… ¡divino!

Una pega que no es sino una queja de los tiempos que corren, pues no es no estuviera publicitado, yo mismo, ansioso de ir a un concierto suyo, me encontré con el cartel de este festival folk en una parada de autobús, luego…, saberse se sabía, entonces… ¿porqué apenas se cubría media entrada del teatro?  ¿O es que pudiera ser que las entradas resultases un tanto caras, (18 euros)? Lo cierto es, que visto lo visto, esos dieciocho euros han venido a ser unos de los mejores gastados en semejante actividad.
Lo dicho, de la raíz como habichuelas mágicas al cielo.
Rafael Cuevas

4 comentarios:

juan antonio dijo...

Entusiasta crónica, me alegro que mereciera la pena, como dices, ahí tantas poses que cuando escuchas algo hecho con el sentimiento, como que no importa de que palo va la cosa.
Espero documento del acto….si ha sido posible, claro.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Qué buena crónica.Esta gente de Acetre es realmente buena y todavía hay muchos que tardarán en enterarse...

acetrera dijo...

Pues si,la verdad......Para enterarse hay que escucharles en directo y sentir esas emociones que provoca su música....No te vi por ahí =)O eras al que saludé??jejee
Va para mi sito esta crónica.
Saludos acetrero!!Tengo fotos y videos en mi web por si alguien las quiere ver =D

bellotero dijo...

creo que no se puede expresar mejor lo que sentimos por Acetre al escuchar su musica, felicidades.