martes, 3 de mayo de 2011

¡Días de Gloria!

Quien iba a pensar que después de tanto tiempo aquel combate de los años 70 entre Clasius Clay (Mohamed Alí) y Joe Frazier, todavía hoy daría que hablar. Zapeando lo cogí en Marca TV. y no por costumbre pues me paré en seco cuando vi de que se trataba. Parece ser que es una serie de peleas míticas de la historia, las imágenes, el color, el tipo de retrasmisión lo delataban.

Sucesos de toda índole ha habido a lo largo de la historia ¡imagínate tú! Hechos que han quedado registrados en sus anales, en sus libros, en sus cantares, en el adn de la humanidad, pero mira tú por donde en este en concreto había una cámara que los registró en imágenes, siempre se podrán ver por uno mismo sin que nadie te lo cuente.


El combate lo cogí en el décimo asalto de tres minutos cada uno, por lo tanto, lo que se habían sacudido había ya que imaginárselo y, a tenor de cómo estaban los boxeadores, ¡debía de haber sido tanto! Parecían zombies de movimientos lerdos y torpes, apenas podían sujetarse de pie, no obstante, de vez en cuando, ganada la posición uno u otro, y como con una sacudida eléctrica, lanzaban el brazo en busca de su oponente con una aparente fuerza demoledora ante la que cualquier persona normal, con uno solo de esos puñetazos que recibían, de seguro habría que haberlo llevado a un hospital. Cómo era posible aquella épica, aquel bestialismo de nobleza extrema. Por un momento todo aquello me pareció lo mejor y lo peor del género humano: la lucha, la valentía el coraje, la fuerza, la búsqueda de un logro, inútil, como cualquier deporte, pero tan simbólico, ¡un campeonato mundial de los pesos pesados!, el aparente salvajismo, la diversión ante la sangre, el absurdo cruel. En la esquina de Mohamed Alí, al descanso del décimo, se plantearon abandonar después del terrible castigo que estaba sufriendo y de esta guisa se levantó y se plantó en el centro con determinación o inconsciencia, aportando más dramatismo, si cabía, al cuadro. Posteriormente declaró Ali, que se vio morir en ese combate, tras el cual permaneció 24 horas en cama para poder recuperarse.
Lo bueno viene cuando uno tiene la suerte de hablar con quien peleó para el título europeo de pesos superligeros, y nos narra su experiencia de una manera espontánea después de comentar el combate que había visto en la televisión.
Siempre que Manuel Berdonce nos cuenta algo parece como quien escucha la voz de la sabiduría, la que le da su experiencia, la de conocedor en “carnes propias” del deporte, según él, más completo que existe, pues combina tres elementos juntos del que carecen todos los demás: Resistencia y velocidad –imposible combinación- junto con la fuerza. Para Manel, el ring es algo sagrado del que uno, gane o pierda, nunca sale indemne, por lo que se requiere ser alguien especial para practicarlo: tener un valor heroico.
"Aquel combate estuve muy cerca de la muerte a la que iba sin miedo –cuenta Berdonce.  Ya tenía dos hijas y entregaba la vida a esa causa sin sentido.
Manel Berdonce y José Kelvin de las Nieves

La exigencia del peso me había obligado a no comer durante un tiempo, lo que me provoco una debilidad con la que me planté el día del combate. Nosotros tenemos un sexto sentido que nos hace medir el tiempo y por tanto las acciones de la pelea, intuimos la llegada del sonido del gong que señala el final del asalto. Sabía que estaba a punto de oírlo y por tanto que estaba a punto de acabar, por entonces ¡no podía respirar!, padecía como un bloqueo que me lo impedía, necesitaba parar y beber algo de agua para poder abrir el conducto. Y el caso es que se trataba del primer asalto de doce con el que acabo la pelea. Antes de salir meaba sangre por un problema real producido por el régimen previo, me rompieron una costilla y una de las manos, me abrieron una ceja que no paraba de sangrar y conteníamos la hemorragia como buenamente podíamos. Jamás antes había tenido esa flojera temblorosa de piernas; llegué a caerme y como movido por un resorte me incorpore de nuevo sin que llegaran a contar..."
Cuenta y cuenta sin rencor ni presunciones. Nunca ha visto el combate después, el cual perdió por KO técnico.
Enorme Manel,  ¡Días de gloria!

Rf.C.

3 comentarios:

juan antonio dijo...

Sobre Ali, creo que en su momento vi el combate, en blanco y negro (eso si), te recomiendo la película que hicieron sobre él

En cuanto a la otra historia, parece ser como más de andar por casa, menos glamour, no entiendo lo que dice (B) de que no podía comer en esos días ante del combate, si será la norma o que motivos le llevo a ello…lo que si es la leche su dureza. “Deporte” ¿si se le puede llamar así?, y no olvidemos la leyenda que lo rodea…quizás por eso para mi esto más que un deporte yo lo llamaría sub.-deporte, por lo que me parece bien que en España este prohibido el boxeo profesional, siempre habrá opiniones distintas y muy razonadas, pero eso es para hablarlo tranquilamente.
Saludos

Rafa, de uno de los dos dijo...

Eso es, no podía comer para dar el peso de superligeros, que no se excediera; son tonterías que se hacen sin control. En cuanto al deporte, no creo que nadie pueda dudar que se trata de un DEPORTE con mayúsculas, que requiere una exigencia física suprema, otra cosa es lo que pueda rodear al mundo del boxeo o su brutalidad.

juan antonio dijo...

Sabes lo que pasa, que a veces nos echamos la manos a la cabeza por lo que le hacen a los toros, y con mas razón que un santo…y cuando un tío tiene que estar sin comer porque no da el peso y poniendo en riesgo su vida, como parece ser el caso….pues no se si ha esto se le puede llamar deporte, y valga el símil
Saludos