miércoles, 29 de septiembre de 2010

Satisfacción garantizada


En este mundo de ciber virtual contactos, de fría información instantánea, ¿quién trabaja? todo esto que estamos hartos y acostumbrados a manejar ¿de dónde sale? ¿Es nacional o supranacional? ¿Afecta a la producción? Y digo esto porque en la jornada de huelga general que se supone influye en el tejido productivo variado, pues no sé si tiene algo que ver Internet.

Mi primera intención en el día de la huelga es parar, no consumir, no producir. Claro, que previamente he adquirido los productos necesarios para pasar la jornada, ¡hay que comer!

¿Qué pasaría si se produjese algo extraño que rompiese la actual e increíble cadena de relaciones sociales que son las que mantiene a una sociedad cohesionada y funcionando? ¿Podría una huelga como esta conseguirlo? ¡Sería algo caótico!

La verdad es que los ciudadanos nos empeñamos en relacionarnos con convenciones, acuerdos, convenios, esto es, algo que se pacta, se ajusta porque conviene, a unos y a otros; esto sin darnos cuenta que son solo eso... ¡acuerdos!, y esos convenios se pueden parar o romper. Un clavo saca otro clavo, una ley, quita legitimidad a otra ley. Cuando se camina por el terreno de la improvisación y se entiende que razones de índole superior obligan a efectuar reformas que nunca imaginaba ZP ni en sus peores pesadillas, las cosas salen por donde tiene que salir, o pasa lo que tiene que pasar. Ha perdido credibilidad, se convierte en un fantasma político que corpórea-mente transitará sin dimisiones estropeando más si cabe sus despropósitos; pretenderá seguir convenciéndose a si mismo y a los demás de sus meteduras de pata en un camino sin solución ni retorno a perder las elecciones. Tal vez alguien diga,- bueno, esta bien eso de la alternancia, así es la democracia. Lo malo es que esa alternancia pueda resultar insufrible y de terribles consecuencias, como fueron antes guerras, prestigies, jakolevs, trajes, espías, tramas… o sirvan para inflar más los globos o las burbujas que nos explotan en la geta.

El día de la huelga, me van a descontar, ¡no se sabe cuanto! pero a mi me va a servir de homenaje. Igual que me voy a cenar, al cine, de concierto, de copas o de finde, me pego el gustazo de pagar ese descuento del salario como una satisfacción cumplida, un poco cara, pero gustosa.

La de no ver la cara de mi espantoso jefe mientras se firma la oficialidad de mi presencia en el puesto de trabajo; la íntima satisfacción del orgullo personal; la sensación del deber cumplido; la de no tener, al menos ese día, que convivir con tanto esquirol encerrado en su jaula y que sabe que sólo él guarda la llave, la de su propia celda.

Rf RC

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