viernes, 23 de julio de 2010

¿Cara Dignidad?

Cuando la dignidad sale cara
Eso es. Cuando al día siguiente de la huelga de funcionarios entrevistaban a Cándido M. sobre sus impresiones y valoración de la misma, quedeme sorprendido sobre ellas. Con buen ánimo decía sentirse satisfecho del seguimiento.
Esto resulta increíble aunque con un punto de certeza, pues, la huelga es un triunfo tanto en cuanto la vida social gira en torno a ella. Esto nunca se puede despreciar por los que pretender minusvalorarla, mal que les pese, y todos sabemos que una convocatoria de huelga es algo serio, muy serio diría yo, en la que todos los llamados a seguirla, (¡todos!) deben de valorarla la hagan o no, esto obliga a pensarla, conversarla, justificarla o no, incluso temerla, igualmente que despreciarla e ignorarla. Todo esto son hechos que potencian la acción.
Vivimos en tiempo de desprecio y desprestigio de los agentes sociales llamados sindicatos, esto es algo parecido como cuando a una persona de izquierdas se le hecha en cara la posesión de patrimonio, como si él no debiera o pudiese tenerlo, pero se ignoran y se comprenden los excesos de muchos otros, como si fuera su obligación el poseerlos, siendo envidiados a lo sumo. En ese sentido la crítica a los sindicatos surge siempre con reproches y parece entenderse sin crítica las posiciones empresariales.
A los empresarios no se les debe tener ningún respeto como benefactores sociales que con sus empresas dicen que generan riqueza, antes bien son ellos los que se benefician de coyunturas propicias para sus inversiones sacando un provecho que se niegan a compartir en su inmensa mayoría, las empresas son un engranaje más de la maquinaria productiva, por sí solas no son nada, pura especulación, necesitan de la mano de obra que actúa de catalizador que consigue las reacciones; todo esto debiera tenerse en cuenta por quien ha perdido la conciencia obrera siéndolo. El problema viene cuando se quiere hacer creer, como dijo Cándido M. de la necesidad de una huelga que no se cree nadie, o casi nadie, a pesar de la evidente vulnerabilidad que produce el recorte en el sueldo de los funcionarios. Hay suficiente miedo y pesar inoculado en la sociedad como para incluso “entender” los ajustes, aunque afecten personalmente. Igualmente el catalogar de exitosa la convocatoria huelguista cuando sabemos todos y de sobra su fracaso, es de una manipulación macabra.
Pero por si todo esto no fuera poco se plantea en una caída al vacío otra huelga general, aunque ya iremos viendo su conveniencia. Pues, es cierto igualmente lo propuesto por el secretario general de UGT, de la necesidad de realizar una por pura dignidad trabajadora, pero ahora bien esa dignidad a los trabajadores, puede salirnos cara.

1 comentario:

juan antonio dijo...

Las huelgas laborales son lo único que nos queda ¡que por cierto el pp trata de introducir una enmienda en la reforma laboral para cargársela! habrá que estar ojo avizor, porque si logra introducirla nunca estará mas justificada la huelga próxima.
Nadie esta por hacer huelgas cuando llega esta tesitura es por que no hay mas remedio, es porque el vaso se lleno, de echo los políticos las temen….por algo será por lo que esta en nuestras manos pararlo sea como sea…y como bien dices los sindicatos no se levantan un buen día y dicen vamos a hacer huelga, esto se medita muy a fondo, así que mas vale perder un poco de dinero con dignidad para no perder la susodicha dignidad..
Abrazos vacacionales.