jueves, 16 de diciembre de 2010

Hotel Rwanda


La única verdad.

Es eso, no hay otra, estamos hablando de la dignidad contra la tiranía, del dolor que provoca el daño, de la huida como única salida, del orgullo contra la indiferencia, del uno contra el otro, de la selva sin humanidad, de la vida contra la muerte. ¿Acaso puede haber otra verdad? Y quien eso no lo creyera, ¿no será sino, más reincidencia del aborrecimiento contra lo humanitario?

Es curioso pero tal vez se trate de una educación y por eso llegue a la canción pero ya otro lo dijo mejor:

 
La vida no vale nada
si no es para perecer
por que otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.
 
La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
 
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.
 
La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.
 
La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada.
 
La vida no vale nada
si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.
 
La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
 
La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en una cama.
 
La vida no vale nada
si en fin lo que me rodea
no puedo cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.
 
Y por eso para mí
la vida no vale nada.
 
Efectivamente, no creo que se pueda decir ni más claro, ni, si se oye la canción de Pablo Milanés, más bonito.

Porque luego está lo demás, la música, la literatura, el coger setas, que te bajen el sueldo, el paro, la crisis, las facturas, los desplantes, las afrentas, follar o cruzar la plaza de Núñez de Balboa, asuntos estos, podríamos decir, menores. Desde nuestra cortedad de miras, sin internacionalismo, hay cosas que se nos escapan. Más tarde, hay veces que tal vez por casualidad, nos topamos con ello y nos llevamos la sorpresa mayúscula. La sorpresa del horror por el que nada hicimos para detenerlo y lo malo que tiene es que se instala, se acomoda, se expande y hasta se olvida, con el olvido viene el perdón camuflado en la distancia, pero urge reconocerlo y corregirlo por justicia, no rencor y si conciencia.

Para eso está el arte, el que construye para el deleite, con los ladrillos de la realidad diseminada, el que formalmente toma una concepción, en este caso el séptimo (arte) entonces se muestra, se expone, hasta se baja de Internet. Y trasciende, se convierte en arma, no importa que haya veces que éste contenga deslices, defectos que nos despistan, todo se perdona, si el estómago aguanta la rabia que nos asusta el mensaje esta claro, la locura pasó por Rwanda.

Rafa, de uno de los dos.

2 comentarios:

Uno de los Dos dijo...

La vida es un clinex según para quien, te usan y te tiran, ¡ahí que joderse! Mira que hay películas Ong. y demás que denuncian estas barbaridades ¡pero como el que oye llover!

No he visto el films, lo anotare en la agenda.
J.A.

Dama dijo...

Yo lo ví y me dolió. Ahora más, con la canción de Milanés.