domingo, 27 de febrero de 2011

Carabanchel



Mi barrio, nuestro grano.
Prácticamente la mayoría de habitantes de Carabanchel Alto hemos convivido con un centro de reclusión, de recortes de libertades, de un submundo donde nadie quisiera estar ni por asomo.
La cárcel seña de identidad de un barrio periférico de Madrid, donde cualquier persona que no fuera “gato” si te quería ubicar …solo le tenias que decir ¡si donde esta la cárcel!.
Y así hemos convivido “desde la otra orilla” con este edificio, feo en todos las acepciones que pueda albergar la palabra. Por aquí han pasado grandes políticos, delincuentes famosos, y gente de mal vivir, buscavidas, asesinos, y vagos y maleantes. Lo más selecto de la sociedad.
Con el tiempo el grano se ha extirpado, pero el mal sigue en otra parte del organismo…

Para bien o para mal, dejo estos dos videos del antes y el después, del bien y del mal, de mi barrio, Carabanchel Alto
Juan Antonio

3 comentarios:

Rafa, de uno de los dos dijo...

Hombre, supongo que la cárcel habrá marcado gran parte de la historia del barrio, aunque algunos viviéramos de espaldas a ella, vamos que no la teníamos tan presente, si allí estaba, pero no teníamos esa capacidad de empatizar con sun inquilinos, no obstante, fuimos niños antes de tener conciencia de su presencia fatídica, como cuando,-recuerdo- iba a recoger las pelotas de frontón, tan artesanas, que se caían extramuros y que los presos se encargaban de fabricar. Con esas pelotas tan prietas y curiosas comprendía como podían ser de rudos quien se atreviera a arrearlas los manotazos, ¡es que te partía la mano! Yo entonces los imaginaba terribles delincuentes con enormes manazas pero recluidos tras las altas paredes. Si dilatabas por un tiempo la extraña recogida, podías llevarte a casa dos o tres pelotas después de un rato rebuscando por los alrededores, eso sí, era una situación curiosa y amenazante pues eras vigilado desde las garitas de los policías que parecían permitían esa práctica. Por eso mismo tampoco fuimos tantas veces, tenías que ser muy niño supongo para que te lo permitieran.
Vamos... cosas carabancheleras. Personalmente a mi me gustaban más otras, como ese colegio Villa San Pablo, al que llegaban por el verano las francesitas, en el que las tenían recluidas, y nosotros quisiéramos conquistar ¡y bien que lo intentábamos! subiéndonos por sus paredes...
Saluditos

lu dijo...

Odio las cárceles. No hay tantos/as asesinos/as como la gente se imagina, más bien parias de esta sociedad. Creo que la existencia de las cárceles demuestra nuestra incapacidad de resolver los problemas desde las causas. Y por mucho que en la Constitución se diga que sirven para reinsertar, eso no es así, sólo sirven para castigar, y casi siempre a los/as más débiles. Sé que es bastante impopular mi discurso en los tiempos que corren, con la opinión pública pidiendo cadenas perpetuas y más policía, pero siempre he pensado que la prisión no es la solución, existen medidas más educativas para quienes han cometido un delito. Trabajo en drogodependencias, y muchas personas drogodependientes y con problemas mentales cumplen condena en prisión por delitos menores, son la inmensa mayoría. Y mi experiencia me dice que quien entra en prisión sale peor, casi nadie puede rehacer su vida en esas condiciones de represión.
Besos!

Uno de los Dos dijo...

Estoy de acuerdo LU, la cárcel solo sirve para esconder los problemas de esta sociedad; hipócrita. Bonita tarea la tuya.
besos. J.A.