martes, 15 de diciembre de 2015

Manuela Carmena en el barrio

Ayer día 14 de diciembre a las 17:30 horas con una sorprendente puntualidad  se presento el el Barrio del Lucero la actual alcaldesa de Madrid y baje a verla.
Si bajé, quería verla en persona como no se acostumbra a ver a este tipo de personajes o como se quiera llamar, políticos, gente famosa, conocida, de otra dimensión, qué se yo, especiales..., y lo hice no por esa vergonzante idolatría al famoseo, no, sino como reconocimiento personal a la admiración que la tengo, lo que en realidad me lleva a preguntarme por qué.
Me cae bien por si misma, por una honradez que percibo en ella, su ideario, su historia tan vinculada al compromiso, por sus propuestas, por su tolerancia, por sus actos..., cosas todas ellas por las que creo es difícil no empatizar y si me gusta por sí misma, más me gusta cuando veo como con ridículas tretas e idiotas argumentos la oposición política quiere ganarla terreno cayendo en la infamia infumable que ofende al mas elemental sentido común.
La ví muy mayor, correcta, educada, atenta a lo que le contaban y que imagino poco le interesará ya que no es de su interés y, en cuanto a lo que pudiera suponer al propio ayuntamiento, pues una micro-micra, con todos y tantos asuntos de enjundia que tendrá que tratar. Pero a pesar de todo esto allá que se fue con muy poca compañía oficial que no fuera como dos o tres personas de confianza que pudiera tener a su lado. Escuchó con aparente atención y disposición lo que le acosaban alrededor de ella. al pasar delante de una mujer que igualmente había ido a verla con alguna amiga la dio la bienvenida a nuestro barrio. Un barrio que si lo es..., es gracias a los próximos a la asociación de vecinos que tanto construyen por él, que no por el resto de los tantos habitantes que por allí vivimos casi como en ciudad dormitorio y que ni tienen ni quieren tener vínculos de fuerza con lo que supone debe de tener un barrio, socialización, en los colegios, en los mercados, en las plazas, en los parques, en los bares...
Lo que más me impresionó de Manuela es el señorío de su planta, de su presencia. A diferencia de la que era la reina de España Sofía, con la que tuve ocasión de cruzarme en proximidad y a la que igualmente aprecié esa cierta elegancia de la nobleza, pero en cierto modo fingida, en Manuela se siente la elegancia de la personalidad asociada con su presencia, lo que le otorga la nobleza en grado sumo, la que la convierte en nuestra princesa. La princesa del pueblo.
Viva Manuela

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