miércoles, 14 de enero de 2015

DIARIO DE UN CATARRO

Diario de un catarro
Así como que este catarro 2015 está durando mucho más de lo habitual, merece consideración especial
1er día, la sospecha.
Sin saber especialmente por qué, el catarro un buen día se instala en mi ser. No sabría decir si  sudé algo más y dejé que mi temperatura se equilibrase evaporando lo sudado entre corrientes de aire; si una debilidad inmunológica produce el arraigo viral, éste siempre al ataque, quedando pues  más permeable e incapaz de la defensa, o sí simplemente es el invierno la estación más propicia para el desarrollo casi inevitable de este mal que, más que afligir, fastidia y de qué manera al género humano.
Ese buen día me noto algo, alguna rareza con la que normalmente no se convive, o sí, pero en este caso  más persistente, insistera, incómoda, anunciadora y me digo: ¡ya’s ta! ¡Uyuyuy! qué ya lo he pillao y…, dicho y hecho, me voy a la cama con la vana esperanza de amanecer renovado y, antes bien, mira por donde se confirma la evolución del proceso catarral y me encuentro metido de lleno en el tema de lo que será el principio del comienzo.
2º día, la confirmación
Es la confirmación de lo inevitable, ya no hay marcha atrás, ni remedios caseros, recetas de la abuela, ni hierbas, ni miel con leche, ni coñac, vahos, vick vaporub, tratamientos que en el mejor de los casos algo atenúan, pero nunca el desarrollo normal en el que pienso con resignación hay que atravesar, como es tres día de subida y tres de bajada sin saber muy bien cuáles son los peores, pues todos son un auténtico incordio.
Me levanto con carraspera producido por una sequedad picante en la garganta que me empeño en querer amortiguar con humedad salivar. Un hambre descomunal me arrastra al picoteo continuo como queriendo el cuerpo acopiarse de alimentos para atravesar los procelosos días de malestar que intuye se le vienen encima al probecito mío, cuando, comienza la batalla.
Un terrible picor de nariz, me produce un moqueo, estornudos por los que expulso el alma a ratos y una congestión que me aturde la visión como en una especie de bizquera. Es horrible, el achús, picor, mocos, tos, achus, picor, mirada estrabica, sudores frios, calor, congestion, pañuelos uno tras otro, la gota acuosa que se me cae por la nariz incontrolable, el escozor de nariz por la irritación de tanto frotar. Estos accesos se suelen repetir varias veces al día dependiendo de recibir sensaciones térmicas extrañas, pero afortunadamente se calman un tanto a pesar de seguir moqueando, sonando la nariz, gastando clínex y consumiendo el plantel de medicamentos de chichinabo que ni me curan ni me alivian, bueno algo sí, sobre todo el paracetamol, el que empiezo a ingerir cada poco se convierte en mi único aliado externo produciéndome algunos momentos de bienestar que me hagan olvidar la tormenta perfecta de desasosiego.
3er día, todo en marcha.
Con su noche, la que uno pasó rodando y rodando, soportando el desagrado de fríos, tiriteras y sudores. La lechecita calentita con miel, sí, estaba muy rica, me dio un montón de calorías, calóricas y térmicas, y junto con la pastillita me produjeron una sudoración a media noche, de esas que te hacen sospechar que el resfriado lo expulsé por los poros de la piel, y ¡de la cabeza!, viendo como estaba esta de empapada en determinados momentos nocturnos, no sé si febriles, pero muy ardorosos.
Me levanto agotado, pero aún constipado, y entre achus y más mocos se me ilumina la mente pensando que una pastilla de la alergia amortiguará esta rinitis moquera, como recuerdo me pasó otra vez y entusiasmado la engullo esperando respuestas. Alguien me dice que se ve el efecto a la hora pero este no llega ni a la hora, ni a las dos, ni las tres y desnudo al amanecer me encontró la luna, que diría sabina, pero de mejoría nada, así que a apechugar con el moquerío.
4º Dia,  esperando la mejoría.
Como llevo ya tres días conviviendo entre clínex y paracetamol bajo los efectos euforizantes de uno de ellos decido salir a pasear por mis cuestas camperas para ver si de paso, el sobresfuerzo arrastra con él algo de la carga viral que me inunda. Sorprendido lo consigo con cierta facilidad, lo que me hace presuponer que si soy capaz de tal logro físico será debido a una notable mejoría, por lo que creo me voy colocando en la senda de la recuperación. Confiado en ello, a la vuelta del trasiego, me propongo destartalar un palé de madera serrándolo. Me dispongo en el patio trasero que por otro lado en invierno es totalmente umbrío. Un rato breve en lo que se coge la leña y poco más es soportable e indemne para la salud pero algo más de tiempo, como  en lo que tardé en apañar el asunto del despiece con el consiguiente esfuerzo añadido, me dejó turulato bajo efectos de la descompensación térmica y su incapacidad temporal de ajustarla que es lo que tiene como principal síntoma el resfriado, por lo que en vez de la recuperación retomé la senda del sillón en frente de la lumbrecita sin moverme y con renovados bríos por el estornudo y sus efectos.
5º día No es para tanto
A base de pastilla va, pastilla viene, llego a creerme que con lo avanzado de los días en los que voy permaneciendo enfermo esto debe de tocar a su fín, por lo que insisto en el paseo campero, no obstante las mañanas son monótonamente soleadas y, aunque frescas, cuando va abriendo el día no se llega a tener sensación de frío. A pesar de todo hay zonas sombrías y frescas que la delatan las heladas que se recogen a sus pies, zonas por las que hay que pasar, yo me protejo la boca con una braga, pero el frío mira que es persistente y busca cualquier fisura por la que circular a sus anchas y se cuela por la braga, la boca y me ataca sin compasión a pesar de que yo me crea a cubierto.
6º dia, Vamos con ello
Al igual que el vecino filósofo -así me gusta jugar a catalogarle- con el que me cruzo y que acostumbra a decir eso de ¡Vamos, con ello!, ¡adios! le respondo yo educadamente, con este maldito catarro que se ha instalado como molesta mochila que tengo que animarme a sobrellevarla. Hombre, algo de ayuda hay con el paracetamol, pues los buenos ratos del día se los debo a su intermediación. Ya se han acabado las vacaciones y la vuelta parece normalizar la salud, produciéndose lo que acostumbra a sucederme tras un proceso catarral: la congestión tiende a bajar al pecho provocando más tos y espesando las mucosidades lo que me produce insuficiencia respiratoria superior, esto es…, por la nariz, una incomodidad añadida pero de muy fácil arreglo UTABON. No sé por qué todas las medicinas no son como esta, así de efectiva, un par de inhalaciones hacen desaparecer por completo y durante bastante tiempo la congestión pareciendo cada orificio nasal como el túnel de Guadarrama de grande, por los que circula el aire de manera poco menos que milagrosa, por instantánea y espectacular.
7º día no descansó
Puede que sea por desarrollar de manera poco menos que imposible una vida normal llevando conmigo tal estado de malestar, agotamiento, del que no acabo de desprenderme, lo que me produce más, si cabe, de lo mismo, pues a pesar de hacer, por obligación, en este estado, lo que acostumbro a hacer, por obligación igual, gozando de salud,  sigo manteniendo el incómodo dolor muscular y sensación de cansancio y pesadez que solo mejora la ayuda medicamentosa.
El caso es que al séptimo día, el refriado no descansó, sigue en sus trece
8º Dia el día de la marmota
Me sorprendo de las malas noches y la levísima sensación de estar mejor que a veces creo que es debida a la racionalización de pensar que no hay mal que dure cien años y que mientras hay vida hay esperanza, porque por lo demás al igual que se repite esta rutina de días sin una nube bajo el sol cual día de la marmota se repiten las mismas sensaciones con una insistencia desoladora, tos, clínex, mocos, malestar y algún achus que otro y sus pretendidos remedios, paracetamol, lechecita, miel, descanso, mantita.
9º El día de la marmota 2
Pues si ya no teníamos bastante, la vida sigue igual…, de mal, no observándome ni la más mínima sensación de recuperación, por lo que sigo sorprendiéndome de tal estabilidad. harto de no saber qué hacer y aburrido me voy pronto a la cama sabiendo que no duraré mucho en ella, una especie de desvelamiento me asalta al poco de coger el sueño, no obstante, cojo el libro electrónico, lo sujeto con el brazo extendido y mi mano derecha; “Diario del año de la peste” de Daniel Defoe me acurruca en los brazos del sueño, eso sí que eran aflicciones.
10º día. La mejoría empeora
Parecía que tras unos días de cierta estabilización, digamos que bajo mínimos, se podía sospechar que circulaba camino de la sanación, mucho más no podía tardar, pero mira por donde que de repente todo se volvió como al principio, era como un volver a empezar en su peor momento con mejores ímpetus en ello. Los mocos se licuaron y volvió el goteo constante, el achus, el picor, el escozor en la nariz, la desagradable sensación de no tener una regulación de temperatura en el cuerpo sino sudores, fríos y calores, que me obligaban a apenas moverme de donde caía rendido y desesperado.  Habíamos vuelto al pueblo y la chimenea me pedía leña para que consiguiera subir la temperatura de la casa que junto con la  estufa de pellet, ésta a su bola, eso sí a bastante potencia de funcionamiento iba consiguiendo, lo que permitía la temperatura de confort hogareño que al menos compensara mis desdichas. Qué otra cosa se puede hacer mejor que despanzurrarse en frente de la chimenea contemplando el chisporroteo mientras esperas que se pasen tus males invernales.
11º Dia, y dale perico al torno.
La pesadez del malestar en desaparecer es renuente y sorprendido de ello me obligo a la resignación y el analgésico como única vía de sobrellevar los males. Tengo hambre y a pesar de todo no renuncio  a la cervecita de al medio día. Pienso que puede que ésta amortigüe los efectos del segundo frasco de jarabe que  voy tomando y que tan solícitamente me dispensó el farmacéutico tan parecido a Frank de la jungla, además lo hizo con una impulsiva respuesta de ofrecimiento que variaba en cuanto modelaba mis síntomas a sus preguntas, llegando a mostrarme tres diferentes de acuerdo con mis respuestas. Llevé el que creía mejor se adecuaba a la cura de mis males despidiéndome con un: ¡que se mejore!, gracias, le respondí.
12º dia Domingo por la mañana
Una pesarosa noche, me hace levantarme incluso con febrícula. Desayuno y me vuelvo a acurrucar en el sofá cubierto con una manta. M. se levanta, me ve, y responde con lo que ella odia, pretendiendo que acudiéramos al médico, incluso de urgencias, la doy largas diciéndola como vamos a ir al médico para decirle que estoy malo con resfriado y tengo 37.3 de fiebre, es ridículo Sigo estornudando a rachas e intuyo otro repetitivo día más, eso sí, con la vuelta del fin de semana a Madrid. Paso la tarde entre el viaje y el agotamiento recostado en el sillón, resignado a mi suerte.
13º La mejoría mejora
Por fin pude dormir con algo de continuidad que junto con el paracetamol, me produjo una suerte de sudoración nocturna, que esta vez sí noté como mejoría real, lo que me hizo levantarme de manera distinta a estos últimos persistentes días, más disposición, menor malestar general, rozando el termino neutro, tan es así que aun a pesar del frío decidí arrancarme a un paseo mañanero que agradecí a posteriori que no en su desarrollo, pues fue este algo incómodo debido a las corrientes  de aire frescas que me atacaban por doquier, pero que soporté estoicamente sorprendido de la capacidad de termo regularme de nuevo. Conversaba con M. diciéndole cuando me pregunto cómo me encontraba que me habían sentado muy bien los aires que NO había tomado del campo…
14º Día lento aterrizaje
Llevo ya un día sin tomar el analgésico como lo tomaba cada ocho horas y la sensación corporal no es del todo mala, pero realmente no me encuentro bien, toso, se me congestiona las vías respiratorias y temo al frio al que parezco especialmente sensibilizado. Deben ser las secuelas de semejante proceso enfermizo y al que imagino debo de tener cuidado, ya se sabe aquello del resfriado mal curado y sus consecuencias. Decido tomar una sauna que estaba excesivamente caliente. Sudo en su interior como un auténtico descosido pero poco tiempo ya que no hay quien lo aguante, esta insoportable de fuerte. Al terminar parece que me ha sentado bien notando en cierto modo sus efectos depuradores. Veremos a ver como amanece el día…
15º Siento que ya llega la hora…
…y que dentro de un momento te alejaras al fin. Lo que sí parece claro que esto no es de golpe, al igual que durante este montón de días desagradables las fases del desarrollo del constipado se han ido produciendo con una desesperante lentitud obligándome a sufrirlas en toda su extensión, el camino de la recuperación definitiva igualmente lleva su tiempo, pasando de estar algo mejor, a algo un poquito mejor, sin estar bien del todo y, en esas estamos, pero considero ya que esta historia debe de llegar a su fín

Fin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me he visto totalmente retratada, y aún tengo coletazos, pero por fin creo ver el horizonte y el cielo un poco azul.