lunes, 12 de agosto de 2013

Orgullo de ser español

¿Quién soy yo para creer en que alguien pudiera estar equivocado o que ha caído en un error al respecto de sus sentimientos, si, de sus sentimientos nacionalistas?
Una persona de avanzada edad nos contaba algo, con esa urgente necesidad de compartir una vivencia, de manera que haciéndolo así, esta se revive, se reafirma, se magnifica, pues al hacerlo de todos, más se hace de uno mismo.  Nos contaba la experiencia en la que su fibra sensible le afectaba por  el orgullo íntimo de su nacionalismo  a raíz de un éxito deportivo internacional. Le temblaron las piernas y se le saltaron las lágrimas en el podio mientras sonaba el himno nacional. Con  su descripción de los hechos nos despertó la empatía ante alguien emocionado.
Se trataba de una persona muy mayor, pasando sobradamente los setenta, que se dedica como ocupación ociosa principal de jubilado al entrenamiento atlético y competencia internacional en los campeonatos varios que se organizan al respecto. No es esto sino  una manera de buscar la salud en la ancianidad mediante el deporte, que practican pocos, y que les sirven de razón de vida. Disfrutan, viajan, se divierten, se entretienen, se mantienen activos y en forma para en estos últimos años de vida vivirlos con más plenitud.
Ya digo que como es natural se nos despertaba la empatía al respecto, pero lo curioso del caso es que lejos de destacar un esfuerzo, una dedicación en la que, por qué no, reconociera su inquietud puramente ociosa, lo que me llamó la atención fue que lo que más resaltó fue su emoción como español mientras sonaba el himno, algo a lo que igualmente uno se puede mostrar comprensivo, pero que el resto de la valoración de su mérito lo teníamos que hacer los demás, pues no nos lo contaba,  tan solo la emoción de ser español. Aún hay algo peor, de entre los presentes, uno igualmente muy español, también se vio traspasado de emoción ante el relato de los hechos.
Ahora digo yo, qué fácil es reafirmarse en esas pasiones ficticias, que alguien o algo llamado tradición o educación ha insuflado en tantos que se han dejado convencer en base a una irracionalidad. Esos para mí son españoles de pacotilla, de boquilla y de beatería patriota que defienden cuatro símbolos con los que caen rendidos como si ellos fueran los  únicos que defienden a la patria y lo que es peor, de la única manera con la que creen que se puede defender sin importarles, excluyéndolos, otros pareceres más integradores y justos, solamente porque no responden a la tradición, su tradición. Esto que digo, lejos de ser una interpretación sesgada responde a un sentir general de los que hasta hoy han venido a desvelarnos su españolismo, ofreciendo respuestas similares cuando se trata de demostraciones que responden al tipo de español orgulloso.
El orgullo de ser español no estará sólo en la exaltación de unos símbolos o unos colores que ignoran a otros símbolos o colores, digo yo que estará en otro lugar, aunque cerca del corazón, y que generalmente no se asoman tanto como se muestran los rancios.
El orgullo de ser español (OES a partir de ahora) estará en saberse un país puntero en donaciones, en muestras de solidaridad, en aceptar al inmigrante e integrarlo, en querer tener un país que tenga una sanidad universal y de calidad igual que una educación pública y igualitaria, por lo que entonces será de todos y no de unos cuantos,. El OES, estará en el país al que se pertenece participa activamente en la igualdad de los pueblos y que todos pudieran tener cotas dignas de progreso y justicia y no en el que mira para otro lado. El OSE estará en saber que vives en un país que se preocupa del bienestar de los desprotegidos y débiles, ancianos y niños, parados y excluidos sociales y no del que desoye sus gritos, les retira las ayudas y los abandona a su suerte. El OSE estará allí donde se procure ofrecer un futuro a su población juvenil y no un muro con el que chocarse que tapa las salidas que no sean las fronteras para abandonarlo. Pero principalmente el OSE estará donde la creencia de solidaridad forme parte del imaginario colectivo de la mayoría de la población y que esta se ponga en práctica con el control de nuestros políticos a los que hemos delegado esta misión, que todos formamos país y tenemos un fin común, el bienestar, para ello hay que olvidarse de privilegios participando en el reparto.
Y lo otro, lo otro es otra cosa.

Rafael C.

2 comentarios:

Juan Antonio H. dijo...

Talmente de acuerdo contigo, esto del orgullo español referido al puto deporte y mas en concreto al balompié me tiene super- indignado.
Estos tipos/as que lloran porque se ha conseguido un titulo que no aporta nada mas que unos días en la gloria mundial hasta el próximo torneo…estos…no merecen ser llamados OSE, (ose) se escribe con minúsculas como muy bien nos cuentas en la segunda parte de tú reflexión.
Un análisis con mayúsculas…salud.

Rafael C. dijo...

Vale, bien.
Gracias y saludos, saludos cordiales.