lunes, 20 de febrero de 2017

MI BICICLETA ELÉCTRICA

Mi bicicleta eléctrica.
Desde que me hice ciclista urbano habitual, hace ya de esto unos años, me di cuenta de la particular relación que se tiene con la máquina, y no es que se quiera, se adore, se idolatre, se mime, se conserve, etc, etc..., porque al menos en mi caso todo esto se ha hecho medianamente, incluso hasta pecar de defecto, o lo indispensable, sin esos apasionamientos o frikadas, lycras y accesorios. Mi particular relación se refiere al entendimiento entre mis sensaciones en el uso de la bicicleta. Cansancios, agujetas, sofocos, alivios, disfrutes o sufrimientos que fundamentaban la base de la relación de manera que uno aprende a comprenderse al respecto cuando toca tenerla entre las piernas.
Desde tiempos inmemoriales, que todos no recordaremos llegado el momento de circular con una bici, se da uno cuenta que las cuestas abajo resultan muy agradables y las cuestas arriba no, aunque ese hecho es el fundamento del entrenamiento que todos damos por bueno, subir sufriendo para bajar gozando y mientras tanto ir adquiriendo el estado de forma que primero, esto lo permita y segundo, lo prolongue con la necesidad de perseverar en el ejercicio del pedaleo; pues bien, Quién no llegó a odiar las subidas a pesar de todo; a cuántos estos odiosos repechos tiraron para atrás de la afición ciclista; cuántos corazones salieron por la boca en el intento ladera arriba..., y, lo más importante, quién no soñó alguna vez que todo fuese una bajada eterna, sueño, que por otro lado convertiría a la bici en una especie de moto silenciosa, sin ruido y sin cansancio. La bicicleta eléctrica se planteó entonces como sueño, solución y alivio a todos estos problemas que convierten el uso de la bicicleta convencional en un suplicio...
continuará
RfCs

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