jueves, 27 de noviembre de 2014

Quien lo diría y hay que joderse

Quien lo diría y ¡hay qué joderse!
Total que voy al dentista, qué no p’a mi, que es p’al chicho, que andaba algo “fastidiao” últimamente y me engancha con el cuento, por lo que salgo de allí, con cita, tratamiento y presupuesto de 600 euros. ¡chúpate las mandarinas! como dice Joaquín Reyes. Yo que le digo:  ¡qué nooo!, que lo que más odio es la endodoncia y mira por donde me quieren hacer una. Me mentalizo, me preparo, me sugestiono, paso la noche insomne y me presento al día siguiente con el dinero en el bolsillo en el dentista. Mira que digo, que no puedo, que me angustio, que no lo soporto y allá que me veo tumbado en la súper tumbona hidráulica, horrorizado pero dispuesto a la tortura que comienza con un indoloro pero prolongado pinchazo anestésico. Las extrañas sensaciones comienzan a multiplicarse, encorchamiento, adormecimiento, sequedad en la boca, dificultad al respirar, necesito bocanadas de aire, incorporarme, enjuagarme la boca, pero se me permite una pausa mientras actúa la anestesia, que aprovechan para que firme no sé qué autorizaciones, que hago mecánicamente. Pero llegó la hora, ya no hay marcha atrás, me tumba aún más y me intenta colocar una goma contenedor que contiene una abertura por la que asoma la muela afectada pero que me tapa la boca por comleto,  lo que me produce el ultimo efecto de incomoda, insoportable angustia que no estoy dispuesto a soportar porque no la soporto, me revuelvo y me incorporo, “no puedo, no puedo” digo con lengua de trapo. Ahora que lo pienso intuyo que la doctora tampoco estaba dispuesta a soportar mi mala actitud de paciente y más sabiendo que este tratamiento dura al menos una hora. ¿Pero, quien es el guapo que lo puede soportar? me pregunto a mí mismo. La doctora consiente en el abandono poniendo en ello más de su parte que en el intentar calmarme o convencerme. La noto cabreada y rencorosa y en esa postura sin mírame a la cara lanza como una amenaza que la única opción es la extracción. Yo por mi parte lo que pretendo es huir de aquella cámara de los horrores cuanto antes, de la que salgo presto con mis seiscientos euros en el bolsillo, mi muela picada que me ha acompañado muchos años en la boca y una amenazante cita para mañana en vista de poder encontrar alguna otra solución.

¡madre mía!
RfCs

4 comentarios:

Juan Antonio H. dijo...

El dentista duele físicamente y económicamente.
Hace mucho que no me hago una ortodoncia, pero yo diría que la tuya es un poco cara…!vamos que por ese precio deberías ir cantando al potro de torturas¡

Anónimo dijo...

Un relajante media hora antes ayuda mucho.

Temujin dijo...

A mi me pasaba lo mismo, tengo dos y es una buena decision. Pero acojona y mucho...

Temujin dijo...

A mi me pasaba lo mismo, tengo dos y es una buena decision. Pero acojona y mucho...